Trauma y terapia EMDR

Terapia de trauma y EMDR para integrar experiencias que siguen pesando: estrés postraumático, recuerdos intrusivos y alerta constante. Presencial u online.

Trauma y terapia EMDR: terapia psicológica presencial y online
  • Psicólogas sanitarias colegiadas
  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
  • 5,0 en Google

¿Qué es el trauma psicológico?

El trauma psicológico es la huella que deja una experiencia emocionalmente abrumadora que no se pudo procesar en su momento. No depende solo de lo que pasó, sino de cómo lo viviste y de los recursos que tenías entonces. En nuestra terapia de trauma te ayudamos a integrar esa experiencia, con enfoques como la terapia EMDR cuando está indicada.

Cuando algo nos desborda, el cuerpo y la mente reaccionan para protegernos: se desconectan, bloquean emociones o se quedan en alerta. Esa reacción es útil en su momento, pero si persiste, la experiencia queda «atascada» y sigue actuando en el presente.

Por eso el trauma a menudo se nota de forma indirecta: reacciones intensas, patrones que se repiten o sensaciones corporales difíciles de explicar.

Cómo y cuándo aparece el trauma

Lo vivido no desaparece, pero puede dejar de dirigir tu vida.

El trauma puede surgir de forma repentina, ante un hecho inesperado como un accidente o una agresión. También puede construirse poco a poco, cuando durante mucho tiempo vives situaciones de malestar, miedo o falta de cuidado.

En ambos casos, lo vivido no se integra con flexibilidad: se graba de forma rígida, como una reacción automática que se activa sin que lo decidas.

Muchas de esas respuestas fueron formas de adaptación cuando no había otras opciones. No son un fallo: son una memoria viva que todavía intenta protegerte.

Señales frecuentes del trauma

  1. 01Recuerdos intrusivos o sensación de revivir lo ocurrido.
  2. 02Estado de alerta o sobresalto constante.
  3. 03Reacciones intensas ante situaciones pequeñas.
  4. 04Desconexión emocional o sensación de irrealidad.
  5. 05Evitar lugares, personas o temas relacionados.
  6. 06Desconfianza o patrones que se repiten en tus relaciones.

Cuándo pedir ayuda

  • Sientes que el pasado te desborda cuando aparecen ciertos recuerdos.
  • Reaccionas con intensidad y no entiendes por qué.
  • Tu cuerpo no consigue relajarse, dormir o concentrarse.
  • Evitas lo que te recuerda a lo ocurrido.
  • Te pesan la culpa, la vergüenza o el vacío.
  • Haces esfuerzos por estar bien, pero algo no termina de calmarse.
Pide cita →

Terapia EMDR

La terapia EMDR (siglas en inglés de desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares) es un enfoque psicológico pensado para trabajar recuerdos traumáticos que siguen activándose en el presente con la misma intensidad que cuando ocurrieron.

Parte de una idea sencilla: algunas experiencias difíciles quedan almacenadas en la memoria «sin procesar», con sus imágenes, emociones y sensaciones corporales intactas. Por eso un olor, un sonido o una situación parecida pueden disparar la misma alarma años después.

¿Para qué se usa? Sobre todo en el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y en recuerdos de accidentes, agresiones, pérdidas o situaciones de miedo intenso. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la recomienda, junto con la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, para el tratamiento del estrés postraumático.

¿Cómo es una sesión, a grandes rasgos?

  • Primero se prepara el terreno: historia, recursos de calma y estabilidad.
  • Después se elige un recuerdo concreto y, mientras la persona lo evoca, se aplica estimulación bilateral (movimientos oculares, sonidos o toques alternos).
  • Con las sesiones, el recuerdo suele perder carga emocional y puede mirarse con más distancia.

No es una técnica para todo ni para cualquier momento. Cuando está indicada, se valora en la evaluación, siempre después de asegurar que tienes recursos suficientes para sostener el proceso.

Terapia de trauma: cómo trabajamos

Primero buscamos recuperar una sensación básica de seguridad, física y emocional. Después, poco a poco, damos sentido a la experiencia: ponerle palabras permite ver la relación entre tus reacciones actuales y lo vivido, y que pierdan su fuerza automática. No se trata de olvidar, sino de que deje de doler como si estuviera ocurriendo todavía.

Sesiones de 50 minutos, presenciales en nuestro centro u online.

  • Sesiones de 50 minutos
  • Semanales al principio
  • Presencial u online
  • 65 € individual · 80 € pareja o familia

Fases del trabajo con el trauma

  1. 01

    Crear seguridad

    Construimos una relación de confianza y recursos para calmar el cuerpo antes de acercarnos a lo ocurrido.

  2. 02

    Entender tus reacciones

    Identificamos qué situaciones te activan y cómo se relacionan con lo vivido, para que tus respuestas tengan sentido.

  3. 03

    Dar forma a la experiencia

    A tu ritmo y de forma acompañada, ponemos palabras a lo que estaba disperso o silenciado para poder ordenarlo.

  4. 04

    Volver al presente

    La experiencia encuentra su lugar en tu historia y recuperas elección, calma y confianza en tu día a día.

Trauma y terapia EMDR

Terapia de trauma y EMDR para integrar experiencias que siguen pesando: estrés postraumático, recuerdos intrusivos y alerta constante. Presencial u online.

Trauma y terapia EMDR: terapia psicológica presencial y online
  • Psicólogas sanitarias colegiadas
  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
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¿Qué es el trauma psicológico?

El trauma psicológico es la huella que deja una experiencia emocionalmente abrumadora que no se pudo procesar en su momento. No depende solo de lo que pasó, sino de cómo lo viviste y de los recursos que tenías entonces. En nuestra terapia de trauma te ayudamos a integrar esa experiencia, con enfoques como la terapia EMDR cuando está indicada.

Cuando algo nos desborda, el cuerpo y la mente reaccionan para protegernos: se desconectan, bloquean emociones o se quedan en alerta. Esa reacción es útil en su momento, pero si persiste, la experiencia queda «atascada» y sigue actuando en el presente.

Por eso el trauma a menudo se nota de forma indirecta: reacciones intensas, patrones que se repiten o sensaciones corporales difíciles de explicar.

Cómo y cuándo aparece el trauma

Lo vivido no desaparece, pero puede dejar de dirigir tu vida.

El trauma puede surgir de forma repentina, ante un hecho inesperado como un accidente o una agresión. También puede construirse poco a poco, cuando durante mucho tiempo vives situaciones de malestar, miedo o falta de cuidado.

En ambos casos, lo vivido no se integra con flexibilidad: se graba de forma rígida, como una reacción automática que se activa sin que lo decidas.

Muchas de esas respuestas fueron formas de adaptación cuando no había otras opciones. No son un fallo: son una memoria viva que todavía intenta protegerte.

Señales frecuentes del trauma

  1. 01Recuerdos intrusivos o sensación de revivir lo ocurrido.
  2. 02Estado de alerta o sobresalto constante.
  3. 03Reacciones intensas ante situaciones pequeñas.
  4. 04Desconexión emocional o sensación de irrealidad.
  5. 05Evitar lugares, personas o temas relacionados.
  6. 06Desconfianza o patrones que se repiten en tus relaciones.

Cuándo pedir ayuda

  • Sientes que el pasado te desborda cuando aparecen ciertos recuerdos.
  • Reaccionas con intensidad y no entiendes por qué.
  • Tu cuerpo no consigue relajarse, dormir o concentrarse.
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Terapia EMDR

La terapia EMDR (siglas en inglés de desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares) es un enfoque psicológico pensado para trabajar recuerdos traumáticos que siguen activándose en el presente con la misma intensidad que cuando ocurrieron.

Parte de una idea sencilla: algunas experiencias difíciles quedan almacenadas en la memoria «sin procesar», con sus imágenes, emociones y sensaciones corporales intactas. Por eso un olor, un sonido o una situación parecida pueden disparar la misma alarma años después.

¿Para qué se usa? Sobre todo en el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y en recuerdos de accidentes, agresiones, pérdidas o situaciones de miedo intenso. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la recomienda, junto con la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, para el tratamiento del estrés postraumático.

¿Cómo es una sesión, a grandes rasgos?

  • Primero se prepara el terreno: historia, recursos de calma y estabilidad.
  • Después se elige un recuerdo concreto y, mientras la persona lo evoca, se aplica estimulación bilateral (movimientos oculares, sonidos o toques alternos).
  • Con las sesiones, el recuerdo suele perder carga emocional y puede mirarse con más distancia.

No es una técnica para todo ni para cualquier momento. Cuando está indicada, se valora en la evaluación, siempre después de asegurar que tienes recursos suficientes para sostener el proceso.

Terapia de trauma: cómo trabajamos

Primero buscamos recuperar una sensación básica de seguridad, física y emocional. Después, poco a poco, damos sentido a la experiencia: ponerle palabras permite ver la relación entre tus reacciones actuales y lo vivido, y que pierdan su fuerza automática. No se trata de olvidar, sino de que deje de doler como si estuviera ocurriendo todavía.

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Fases del trabajo con el trauma

  1. 01

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  2. 02

    Entender tus reacciones

    Identificamos qué situaciones te activan y cómo se relacionan con lo vivido, para que tus respuestas tengan sentido.

  3. 03

    Dar forma a la experiencia

    A tu ritmo y de forma acompañada, ponemos palabras a lo que estaba disperso o silenciado para poder ordenarlo.

  4. 04

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    La experiencia encuentra su lugar en tu historia y recuperas elección, calma y confianza en tu día a día.

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¿Qué es el trauma psicológico?

El trauma psicológico es la huella que deja una experiencia emocionalmente abrumadora que no se pudo procesar en su momento. No depende solo de lo que pasó, sino de cómo lo viviste y de los recursos que tenías entonces. En nuestra terapia de trauma te ayudamos a integrar esa experiencia, con enfoques como la terapia EMDR cuando está indicada.

Cuando algo nos desborda, el cuerpo y la mente reaccionan para protegernos: se desconectan, bloquean emociones o se quedan en alerta. Esa reacción es útil en su momento, pero si persiste, la experiencia queda «atascada» y sigue actuando en el presente.

Por eso el trauma a menudo se nota de forma indirecta: reacciones intensas, patrones que se repiten o sensaciones corporales difíciles de explicar.

Cómo y cuándo aparece el trauma

Lo vivido no desaparece, pero puede dejar de dirigir tu vida.

El trauma puede surgir de forma repentina, ante un hecho inesperado como un accidente o una agresión. También puede construirse poco a poco, cuando durante mucho tiempo vives situaciones de malestar, miedo o falta de cuidado.

En ambos casos, lo vivido no se integra con flexibilidad: se graba de forma rígida, como una reacción automática que se activa sin que lo decidas.

Muchas de esas respuestas fueron formas de adaptación cuando no había otras opciones. No son un fallo: son una memoria viva que todavía intenta protegerte.

Señales frecuentes del trauma

  1. 01Recuerdos intrusivos o sensación de revivir lo ocurrido.
  2. 02Estado de alerta o sobresalto constante.
  3. 03Reacciones intensas ante situaciones pequeñas.
  4. 04Desconexión emocional o sensación de irrealidad.
  5. 05Evitar lugares, personas o temas relacionados.
  6. 06Desconfianza o patrones que se repiten en tus relaciones.

Cuándo pedir ayuda

  • Sientes que el pasado te desborda cuando aparecen ciertos recuerdos.
  • Reaccionas con intensidad y no entiendes por qué.
  • Tu cuerpo no consigue relajarse, dormir o concentrarse.
  • Evitas lo que te recuerda a lo ocurrido.
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Terapia EMDR

La terapia EMDR (siglas en inglés de desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares) es un enfoque psicológico pensado para trabajar recuerdos traumáticos que siguen activándose en el presente con la misma intensidad que cuando ocurrieron.

Parte de una idea sencilla: algunas experiencias difíciles quedan almacenadas en la memoria «sin procesar», con sus imágenes, emociones y sensaciones corporales intactas. Por eso un olor, un sonido o una situación parecida pueden disparar la misma alarma años después.

¿Para qué se usa? Sobre todo en el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y en recuerdos de accidentes, agresiones, pérdidas o situaciones de miedo intenso. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la recomienda, junto con la terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma, para el tratamiento del estrés postraumático.

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  • Primero se prepara el terreno: historia, recursos de calma y estabilidad.
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  • Con las sesiones, el recuerdo suele perder carga emocional y puede mirarse con más distancia.

No es una técnica para todo ni para cualquier momento. Cuando está indicada, se valora en la evaluación, siempre después de asegurar que tienes recursos suficientes para sostener el proceso.

Terapia de trauma: cómo trabajamos

Primero buscamos recuperar una sensación básica de seguridad, física y emocional. Después, poco a poco, damos sentido a la experiencia: ponerle palabras permite ver la relación entre tus reacciones actuales y lo vivido, y que pierdan su fuerza automática. No se trata de olvidar, sino de que deje de doler como si estuviera ocurriendo todavía.

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Qué tratamos en la terapia de trauma

Estrés postraumático (TEPT)Abuso físico, sexual o emocionalNegligencia o abandono infantilAccidentes y riesgo vitalTrauma complejo o repetidoFlashbacks y disociaciónHipervigilanciaRevictimizaciónTrauma agudo y crónicoTrauma del desarrolloY más…

Preguntas frecuentes sobre el trauma psicológico

¿Tienes otra duda?Escríbenos por WhatsApp y te respondemos enseguida, sin compromiso.Ver psicólogas ↑

Sí. El trauma no depende de lo «grave» que parezca algo desde fuera, sino de cómo lo viviste. Cualquier experiencia que te desbordó emocionalmente puede dejar una huella que influya en cómo te sientes, reaccionas o te relacionas después, aunque no la recuerdes como algo especialmente traumático.

Depende de cómo y con quién se haga. Hablar de lo ocurrido sin contención puede resultar abrumador. En terapia se hace a tu ritmo, en un espacio seguro y con recursos para regularte, de modo que puedas dar forma a lo que estaba disperso o silenciado. No se trata de revivirlo, sino de ordenarlo y darle sentido.

Más que superarlo, se trata de integrarlo: darle un lugar en tu historia para que deje de doler como si estuviera ocurriendo todavía. Con el acompañamiento adecuado es posible recuperar calma, elección y coherencia interna, y sentir que el pasado ya no gobierna tu presente.

EMDR significa desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares. Es un enfoque que ayuda a procesar recuerdos traumáticos que siguen activando malestar, mediante estimulación bilateral (movimientos oculares, sonidos o toques alternos) mientras se trabaja el recuerdo de forma guiada. La Organización Mundial de la Salud lo recomienda para el estrés postraumático. No es para todo el mundo ni para todos los momentos: en la evaluación valoramos contigo si está indicado y cuándo.

No. En EMDR no hace falta contar el recuerdo con todo detalle ni revivirlo. Antes de trabajar con él se preparan recursos para que te sientas segura o seguro, y el ritmo lo marcas tú. El objetivo es que el recuerdo pierda carga emocional y puedas recordarlo sin que te desborde.

La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Las sesiones de pareja o de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. \1uedes escribirnos por WhatsApp para contarle qué necesitas y pedir una primera cita.

Sí. La terapia online por videollamada mantiene la misma duración, precio y forma de trabajo. Algunas personas se sienten más seguras empezando desde su propio espacio. Al inicio valoramos contigo qué formato te resulta más adecuado y cuidamos especialmente los recursos de regulación para usar entre sesiones.

Depende del tipo de experiencia, de si fue algo puntual o repetido, del tiempo que ha pasado y de tus recursos actuales. No hay una duración estándar: los objetivos y el ritmo se revisan contigo a lo largo del proceso, priorizando siempre tu sensación de seguridad.

Porque las experiencias dolorosas dejan huella en la forma en que interpretamos a la gente. Si en el pasado alguien te hizo daño, es lógico que tu mente se mantenga alerta y lea amenazas en gestos, silencios o desacuerdos que hoy quizá no lo son. Esa alarma te protegió en su momento, y lo que viviste fue real. En terapia, además de trabajar los recuerdos, te ayudamos a reconocer cuándo se activa esa lectura en el presente, para que puedas relacionarte con más calma y elegir en quién confiar.

En absoluto. El daño que sufriste fue real y no tienes ninguna responsabilidad en él. Mirar cómo te afecta hoy, por ejemplo cómo reaccionas ante ciertas personas o situaciones, no resta importancia a lo que viviste ni supone culparte: es una forma de recuperar bienestar y libertad en tu vida actual. Trabajamos a tu ritmo, sin forzarte a contar más de lo que quieras, y combinamos el trabajo sobre lo ocurrido con herramientas para el día a día, en un espacio seguro y respetuoso.

Sí. Se suele pensar en el trauma como un golpe fuerte, pero también puede dejar huella lo que faltó: no recibir consuelo, que nadie se interesara por cómo estabas o crecer sintiendo que tenías que arreglártelas sola. A esto se le llama a veces trauma por omisión. Como no hay un hecho concreto que señalar, cuesta reconocerlo, y muchas personas piensan que no tienen derecho a sentirse así. Se puede trabajar en terapia, para entender cómo te afecta hoy y cuidar de esas necesidades.

Porque tu sistema nervioso aprendió a protegerte y sigue haciéndolo por si acaso. Después de vivir algo amenazante, el cuerpo puede quedarse en guardia: sobresaltos, dificultad para relajarte, mal sueño, vigilar las salidas o reaccionar con fuerza ante ruidos o tonos de voz. No es que exageres; es una alarma que se quedó encendida. En terapia, también con EMDR cuando está indicado, ayudamos a que el cuerpo aprenda que ese peligro ya no está aquí y pueda volver a la calma.

Es muy común y tiene una explicación. Pensar que podrías haberlo evitado da una cierta sensación de control: si fue culpa tuya, el mundo parece menos imprevisible. A veces, además, alguien te hizo creer que lo habías provocado. Pero entender ahora lo que no podías saber o hacer entonces no te convierte en responsable. Lo que pasó no fue culpa tuya. En terapia revisamos esa culpa con calma, sin forzarte, para que puedas mirarte con más justicia.

Puede ser una forma de protección. Cuando una experiencia fue demasiado intensa, la mente a veces se desconecta de las emociones para que puedas seguir funcionando: lo cuentas como si le hubiera pasado a otra persona, o te notas lejos de tu cuerpo. A esa desconexión se la llama disociación, y tuvo sentido en su momento. No significa que no te afectara ni que mientas. En terapia se trabaja con cuidado, sin forzar, para que puedas ir conectando a un ritmo seguro.

Ni una cosa ni la otra. Durante el EMDR estás despierta, consciente y con el control: puedes parar cuando quieras. Tampoco borra lo que pasó: el recuerdo sigue ahí, pero se procesa de forma que deja de doler igual y de activarte como si ocurriera ahora. Antes de trabajar con recuerdos difíciles se preparan recursos, como un lugar seguro imaginado al que volver si te agobias. En Leizea usamos EMDR con adultos y con niños, presencial y online, cuando está indicado.

No. Perdonar no es un requisito para sanar, y sentir que deberías hacerlo puede añadir presión y culpa. Hay personas que con el tiempo eligen perdonar y otras que no, y ambas pueden recuperarse. Además, perdonar no significa justificar lo que pasó ni reconciliarte con quien te hizo daño ni volver a tener relación. Lo que suele ayudar es que lo ocurrido deje de ocupar tanto espacio en tu vida. En terapia trabajamos lo que tú necesites, no lo que se espera.

No necesariamente. Muchas personas que viven un accidente, una agresión o una pérdida brusca tienen durante días o semanas pesadillas, sobresaltos o recuerdos intrusivos, y con el apoyo de su entorno se van recuperando. Esas reacciones son normales tras algo así. Conviene consultar si los síntomas duran más de un mes, si van a más o si te limitan: evitar lugares, no poder dormir o vivir en alerta. Pedir ayuda pronto también es una buena opción.

Porque lo que vives hoy puede activar lo que quedó sin procesar. Una ruptura, un despido o una enfermedad pueden despertar emociones, recuerdos y reacciones de otras épocas, y entonces sientes un malestar que parece desproporcionado para lo que está pasando. No es que estés retrocediendo: es que la situación nueva toca algo antiguo. Aunque duela, puede ser una oportunidad para trabajar esas heridas en terapia y que dejen de reaparecer con tanta fuerza.

Con presencia, rutinas y palabras sencillas. Tanto los niños como las personas mayores necesitan sentirse seguros, recuperar horarios y saber qué está pasando, sin exceso de detalles. Escúchales cuando quieran hablar, sin forzarles, y acepta que pregunten lo mismo varias veces. Limitar la exposición a imágenes en las noticias también ayuda. Es esperable que haya miedos, pesadillas, irritabilidad o retrocesos durante unas semanas. Conviene consultar si las reacciones no bajan con el tiempo o les impiden hacer su vida, y no olvides cuidarte tú, porque también lo has vivido.

Sí. Un robo en casa rompe la sensación de que tu hogar es un refugio, y es habitual sentir miedo, revisar puertas y ventanas una y otra vez, dormir mal o evitar quedarte sola. Esas reacciones tienen sentido tras algo así. Si con las semanas no disminuyen o empiezan a dirigir tu vida, la terapia puede ayudarte. Se trabaja cómo procesar lo vivido, reducir la alerta constante y recuperar poco a poco espacios y rutinas en casa, para que el miedo deje de decidir por ti.

Es frecuente, y tiene sentido como intento de aliviar un dolor muy grande. El alcohol u otras sustancias calman durante un rato, pero a la larga reducen tu capacidad para tolerar el malestar, empeoran el sueño y hacen que los recuerdos vuelvan con más fuerza. Además, con el tiempo se puede crear una dependencia. No se trata de tener más o menos voluntad. Lo más eficaz es tratar ambas cosas a la vez: el trauma y el consumo, con apoyo psicológico y, si hace falta, médico. Si en algún momento piensas en hacerte daño, llama al 024.

No. Lo que viviste en la infancia deja huella y puede hacer que temas el abandono, que elijas relaciones parecidas o que reacciones con mucha intensidad ante señales de distancia. Pero tener marcas no te condena a repetir. El problema no es la herida, sino que dirija tu presente sin que te des cuenta. Cuando reconoces esos patrones, puedes empezar a elegir de otra manera. En terapia se trabaja comprender de dónde vienen tus reacciones, cuidar esa parte herida y construir vínculos más seguros, también en la relación terapéutica.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →

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Preguntas frecuentes sobre el trauma psicológico

Sí. El trauma no depende de lo «grave» que parezca algo desde fuera, sino de cómo lo viviste. Cualquier experiencia que te desbordó emocionalmente puede dejar una huella que influya en cómo te sientes, reaccionas o te relacionas después, aunque no la recuerdes como algo especialmente traumático.

Depende de cómo y con quién se haga. Hablar de lo ocurrido sin contención puede resultar abrumador. En terapia se hace a tu ritmo, en un espacio seguro y con recursos para regularte, de modo que puedas dar forma a lo que estaba disperso o silenciado. No se trata de revivirlo, sino de ordenarlo y darle sentido.

Más que superarlo, se trata de integrarlo: darle un lugar en tu historia para que deje de doler como si estuviera ocurriendo todavía. Con el acompañamiento adecuado es posible recuperar calma, elección y coherencia interna, y sentir que el pasado ya no gobierna tu presente.

EMDR significa desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares. Es un enfoque que ayuda a procesar recuerdos traumáticos que siguen activando malestar, mediante estimulación bilateral (movimientos oculares, sonidos o toques alternos) mientras se trabaja el recuerdo de forma guiada. La Organización Mundial de la Salud lo recomienda para el estrés postraumático. No es para todo el mundo ni para todos los momentos: en la evaluación valoramos contigo si está indicado y cuándo.

No. En EMDR no hace falta contar el recuerdo con todo detalle ni revivirlo. Antes de trabajar con él se preparan recursos para que te sientas segura o seguro, y el ritmo lo marcas tú. El objetivo es que el recuerdo pierda carga emocional y puedas recordarlo sin que te desborde.

La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Las sesiones de pareja o de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. \1uedes escribirnos por WhatsApp para contarle qué necesitas y pedir una primera cita.

Sí. La terapia online por videollamada mantiene la misma duración, precio y forma de trabajo. Algunas personas se sienten más seguras empezando desde su propio espacio. Al inicio valoramos contigo qué formato te resulta más adecuado y cuidamos especialmente los recursos de regulación para usar entre sesiones.

Depende del tipo de experiencia, de si fue algo puntual o repetido, del tiempo que ha pasado y de tus recursos actuales. No hay una duración estándar: los objetivos y el ritmo se revisan contigo a lo largo del proceso, priorizando siempre tu sensación de seguridad.

Porque las experiencias dolorosas dejan huella en la forma en que interpretamos a la gente. Si en el pasado alguien te hizo daño, es lógico que tu mente se mantenga alerta y lea amenazas en gestos, silencios o desacuerdos que hoy quizá no lo son. Esa alarma te protegió en su momento, y lo que viviste fue real. En terapia, además de trabajar los recuerdos, te ayudamos a reconocer cuándo se activa esa lectura en el presente, para que puedas relacionarte con más calma y elegir en quién confiar.

En absoluto. El daño que sufriste fue real y no tienes ninguna responsabilidad en él. Mirar cómo te afecta hoy, por ejemplo cómo reaccionas ante ciertas personas o situaciones, no resta importancia a lo que viviste ni supone culparte: es una forma de recuperar bienestar y libertad en tu vida actual. Trabajamos a tu ritmo, sin forzarte a contar más de lo que quieras, y combinamos el trabajo sobre lo ocurrido con herramientas para el día a día, en un espacio seguro y respetuoso.

Sí. Se suele pensar en el trauma como un golpe fuerte, pero también puede dejar huella lo que faltó: no recibir consuelo, que nadie se interesara por cómo estabas o crecer sintiendo que tenías que arreglártelas sola. A esto se le llama a veces trauma por omisión. Como no hay un hecho concreto que señalar, cuesta reconocerlo, y muchas personas piensan que no tienen derecho a sentirse así. Se puede trabajar en terapia, para entender cómo te afecta hoy y cuidar de esas necesidades.

Porque tu sistema nervioso aprendió a protegerte y sigue haciéndolo por si acaso. Después de vivir algo amenazante, el cuerpo puede quedarse en guardia: sobresaltos, dificultad para relajarte, mal sueño, vigilar las salidas o reaccionar con fuerza ante ruidos o tonos de voz. No es que exageres; es una alarma que se quedó encendida. En terapia, también con EMDR cuando está indicado, ayudamos a que el cuerpo aprenda que ese peligro ya no está aquí y pueda volver a la calma.

Es muy común y tiene una explicación. Pensar que podrías haberlo evitado da una cierta sensación de control: si fue culpa tuya, el mundo parece menos imprevisible. A veces, además, alguien te hizo creer que lo habías provocado. Pero entender ahora lo que no podías saber o hacer entonces no te convierte en responsable. Lo que pasó no fue culpa tuya. En terapia revisamos esa culpa con calma, sin forzarte, para que puedas mirarte con más justicia.

Puede ser una forma de protección. Cuando una experiencia fue demasiado intensa, la mente a veces se desconecta de las emociones para que puedas seguir funcionando: lo cuentas como si le hubiera pasado a otra persona, o te notas lejos de tu cuerpo. A esa desconexión se la llama disociación, y tuvo sentido en su momento. No significa que no te afectara ni que mientas. En terapia se trabaja con cuidado, sin forzar, para que puedas ir conectando a un ritmo seguro.

Ni una cosa ni la otra. Durante el EMDR estás despierta, consciente y con el control: puedes parar cuando quieras. Tampoco borra lo que pasó: el recuerdo sigue ahí, pero se procesa de forma que deja de doler igual y de activarte como si ocurriera ahora. Antes de trabajar con recuerdos difíciles se preparan recursos, como un lugar seguro imaginado al que volver si te agobias. En Leizea usamos EMDR con adultos y con niños, presencial y online, cuando está indicado.

No. Perdonar no es un requisito para sanar, y sentir que deberías hacerlo puede añadir presión y culpa. Hay personas que con el tiempo eligen perdonar y otras que no, y ambas pueden recuperarse. Además, perdonar no significa justificar lo que pasó ni reconciliarte con quien te hizo daño ni volver a tener relación. Lo que suele ayudar es que lo ocurrido deje de ocupar tanto espacio en tu vida. En terapia trabajamos lo que tú necesites, no lo que se espera.

No necesariamente. Muchas personas que viven un accidente, una agresión o una pérdida brusca tienen durante días o semanas pesadillas, sobresaltos o recuerdos intrusivos, y con el apoyo de su entorno se van recuperando. Esas reacciones son normales tras algo así. Conviene consultar si los síntomas duran más de un mes, si van a más o si te limitan: evitar lugares, no poder dormir o vivir en alerta. Pedir ayuda pronto también es una buena opción.

Porque lo que vives hoy puede activar lo que quedó sin procesar. Una ruptura, un despido o una enfermedad pueden despertar emociones, recuerdos y reacciones de otras épocas, y entonces sientes un malestar que parece desproporcionado para lo que está pasando. No es que estés retrocediendo: es que la situación nueva toca algo antiguo. Aunque duela, puede ser una oportunidad para trabajar esas heridas en terapia y que dejen de reaparecer con tanta fuerza.

Con presencia, rutinas y palabras sencillas. Tanto los niños como las personas mayores necesitan sentirse seguros, recuperar horarios y saber qué está pasando, sin exceso de detalles. Escúchales cuando quieran hablar, sin forzarles, y acepta que pregunten lo mismo varias veces. Limitar la exposición a imágenes en las noticias también ayuda. Es esperable que haya miedos, pesadillas, irritabilidad o retrocesos durante unas semanas. Conviene consultar si las reacciones no bajan con el tiempo o les impiden hacer su vida, y no olvides cuidarte tú, porque también lo has vivido.

Sí. Un robo en casa rompe la sensación de que tu hogar es un refugio, y es habitual sentir miedo, revisar puertas y ventanas una y otra vez, dormir mal o evitar quedarte sola. Esas reacciones tienen sentido tras algo así. Si con las semanas no disminuyen o empiezan a dirigir tu vida, la terapia puede ayudarte. Se trabaja cómo procesar lo vivido, reducir la alerta constante y recuperar poco a poco espacios y rutinas en casa, para que el miedo deje de decidir por ti.

Es frecuente, y tiene sentido como intento de aliviar un dolor muy grande. El alcohol u otras sustancias calman durante un rato, pero a la larga reducen tu capacidad para tolerar el malestar, empeoran el sueño y hacen que los recuerdos vuelvan con más fuerza. Además, con el tiempo se puede crear una dependencia. No se trata de tener más o menos voluntad. Lo más eficaz es tratar ambas cosas a la vez: el trauma y el consumo, con apoyo psicológico y, si hace falta, médico. Si en algún momento piensas en hacerte daño, llama al 024.

No. Lo que viviste en la infancia deja huella y puede hacer que temas el abandono, que elijas relaciones parecidas o que reacciones con mucha intensidad ante señales de distancia. Pero tener marcas no te condena a repetir. El problema no es la herida, sino que dirija tu presente sin que te des cuenta. Cuando reconoces esos patrones, puedes empezar a elegir de otra manera. En terapia se trabaja comprender de dónde vienen tus reacciones, cuidar esa parte herida y construir vínculos más seguros, también en la relación terapéutica.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →

Qué tratamos en la terapia de trauma

Estrés postraumático (TEPT)Abuso físico, sexual o emocionalNegligencia o abandono infantilAccidentes y riesgo vitalTrauma complejo o repetidoFlashbacks y disociaciónHipervigilanciaRevictimizaciónTrauma agudo y crónicoTrauma del desarrolloY más…

Preguntas frecuentes sobre el trauma psicológico

Sí. El trauma no depende de lo «grave» que parezca algo desde fuera, sino de cómo lo viviste. Cualquier experiencia que te desbordó emocionalmente puede dejar una huella que influya en cómo te sientes, reaccionas o te relacionas después, aunque no la recuerdes como algo especialmente traumático.

Depende de cómo y con quién se haga. Hablar de lo ocurrido sin contención puede resultar abrumador. En terapia se hace a tu ritmo, en un espacio seguro y con recursos para regularte, de modo que puedas dar forma a lo que estaba disperso o silenciado. No se trata de revivirlo, sino de ordenarlo y darle sentido.

Más que superarlo, se trata de integrarlo: darle un lugar en tu historia para que deje de doler como si estuviera ocurriendo todavía. Con el acompañamiento adecuado es posible recuperar calma, elección y coherencia interna, y sentir que el pasado ya no gobierna tu presente.

EMDR significa desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares. Es un enfoque que ayuda a procesar recuerdos traumáticos que siguen activando malestar, mediante estimulación bilateral (movimientos oculares, sonidos o toques alternos) mientras se trabaja el recuerdo de forma guiada. La Organización Mundial de la Salud lo recomienda para el estrés postraumático. No es para todo el mundo ni para todos los momentos: en la evaluación valoramos contigo si está indicado y cuándo.

No. En EMDR no hace falta contar el recuerdo con todo detalle ni revivirlo. Antes de trabajar con él se preparan recursos para que te sientas segura o seguro, y el ritmo lo marcas tú. El objetivo es que el recuerdo pierda carga emocional y puedas recordarlo sin que te desborde.

La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Las sesiones de pareja o de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. \1uedes escribirnos por WhatsApp para contarle qué necesitas y pedir una primera cita.

Sí. La terapia online por videollamada mantiene la misma duración, precio y forma de trabajo. Algunas personas se sienten más seguras empezando desde su propio espacio. Al inicio valoramos contigo qué formato te resulta más adecuado y cuidamos especialmente los recursos de regulación para usar entre sesiones.

Depende del tipo de experiencia, de si fue algo puntual o repetido, del tiempo que ha pasado y de tus recursos actuales. No hay una duración estándar: los objetivos y el ritmo se revisan contigo a lo largo del proceso, priorizando siempre tu sensación de seguridad.

Porque las experiencias dolorosas dejan huella en la forma en que interpretamos a la gente. Si en el pasado alguien te hizo daño, es lógico que tu mente se mantenga alerta y lea amenazas en gestos, silencios o desacuerdos que hoy quizá no lo son. Esa alarma te protegió en su momento, y lo que viviste fue real. En terapia, además de trabajar los recuerdos, te ayudamos a reconocer cuándo se activa esa lectura en el presente, para que puedas relacionarte con más calma y elegir en quién confiar.

En absoluto. El daño que sufriste fue real y no tienes ninguna responsabilidad en él. Mirar cómo te afecta hoy, por ejemplo cómo reaccionas ante ciertas personas o situaciones, no resta importancia a lo que viviste ni supone culparte: es una forma de recuperar bienestar y libertad en tu vida actual. Trabajamos a tu ritmo, sin forzarte a contar más de lo que quieras, y combinamos el trabajo sobre lo ocurrido con herramientas para el día a día, en un espacio seguro y respetuoso.

Sí. Se suele pensar en el trauma como un golpe fuerte, pero también puede dejar huella lo que faltó: no recibir consuelo, que nadie se interesara por cómo estabas o crecer sintiendo que tenías que arreglártelas sola. A esto se le llama a veces trauma por omisión. Como no hay un hecho concreto que señalar, cuesta reconocerlo, y muchas personas piensan que no tienen derecho a sentirse así. Se puede trabajar en terapia, para entender cómo te afecta hoy y cuidar de esas necesidades.

Porque tu sistema nervioso aprendió a protegerte y sigue haciéndolo por si acaso. Después de vivir algo amenazante, el cuerpo puede quedarse en guardia: sobresaltos, dificultad para relajarte, mal sueño, vigilar las salidas o reaccionar con fuerza ante ruidos o tonos de voz. No es que exageres; es una alarma que se quedó encendida. En terapia, también con EMDR cuando está indicado, ayudamos a que el cuerpo aprenda que ese peligro ya no está aquí y pueda volver a la calma.

Es muy común y tiene una explicación. Pensar que podrías haberlo evitado da una cierta sensación de control: si fue culpa tuya, el mundo parece menos imprevisible. A veces, además, alguien te hizo creer que lo habías provocado. Pero entender ahora lo que no podías saber o hacer entonces no te convierte en responsable. Lo que pasó no fue culpa tuya. En terapia revisamos esa culpa con calma, sin forzarte, para que puedas mirarte con más justicia.

Puede ser una forma de protección. Cuando una experiencia fue demasiado intensa, la mente a veces se desconecta de las emociones para que puedas seguir funcionando: lo cuentas como si le hubiera pasado a otra persona, o te notas lejos de tu cuerpo. A esa desconexión se la llama disociación, y tuvo sentido en su momento. No significa que no te afectara ni que mientas. En terapia se trabaja con cuidado, sin forzar, para que puedas ir conectando a un ritmo seguro.

Ni una cosa ni la otra. Durante el EMDR estás despierta, consciente y con el control: puedes parar cuando quieras. Tampoco borra lo que pasó: el recuerdo sigue ahí, pero se procesa de forma que deja de doler igual y de activarte como si ocurriera ahora. Antes de trabajar con recuerdos difíciles se preparan recursos, como un lugar seguro imaginado al que volver si te agobias. En Leizea usamos EMDR con adultos y con niños, presencial y online, cuando está indicado.

No. Perdonar no es un requisito para sanar, y sentir que deberías hacerlo puede añadir presión y culpa. Hay personas que con el tiempo eligen perdonar y otras que no, y ambas pueden recuperarse. Además, perdonar no significa justificar lo que pasó ni reconciliarte con quien te hizo daño ni volver a tener relación. Lo que suele ayudar es que lo ocurrido deje de ocupar tanto espacio en tu vida. En terapia trabajamos lo que tú necesites, no lo que se espera.

No necesariamente. Muchas personas que viven un accidente, una agresión o una pérdida brusca tienen durante días o semanas pesadillas, sobresaltos o recuerdos intrusivos, y con el apoyo de su entorno se van recuperando. Esas reacciones son normales tras algo así. Conviene consultar si los síntomas duran más de un mes, si van a más o si te limitan: evitar lugares, no poder dormir o vivir en alerta. Pedir ayuda pronto también es una buena opción.

Porque lo que vives hoy puede activar lo que quedó sin procesar. Una ruptura, un despido o una enfermedad pueden despertar emociones, recuerdos y reacciones de otras épocas, y entonces sientes un malestar que parece desproporcionado para lo que está pasando. No es que estés retrocediendo: es que la situación nueva toca algo antiguo. Aunque duela, puede ser una oportunidad para trabajar esas heridas en terapia y que dejen de reaparecer con tanta fuerza.

Con presencia, rutinas y palabras sencillas. Tanto los niños como las personas mayores necesitan sentirse seguros, recuperar horarios y saber qué está pasando, sin exceso de detalles. Escúchales cuando quieran hablar, sin forzarles, y acepta que pregunten lo mismo varias veces. Limitar la exposición a imágenes en las noticias también ayuda. Es esperable que haya miedos, pesadillas, irritabilidad o retrocesos durante unas semanas. Conviene consultar si las reacciones no bajan con el tiempo o les impiden hacer su vida, y no olvides cuidarte tú, porque también lo has vivido.

Sí. Un robo en casa rompe la sensación de que tu hogar es un refugio, y es habitual sentir miedo, revisar puertas y ventanas una y otra vez, dormir mal o evitar quedarte sola. Esas reacciones tienen sentido tras algo así. Si con las semanas no disminuyen o empiezan a dirigir tu vida, la terapia puede ayudarte. Se trabaja cómo procesar lo vivido, reducir la alerta constante y recuperar poco a poco espacios y rutinas en casa, para que el miedo deje de decidir por ti.

Es frecuente, y tiene sentido como intento de aliviar un dolor muy grande. El alcohol u otras sustancias calman durante un rato, pero a la larga reducen tu capacidad para tolerar el malestar, empeoran el sueño y hacen que los recuerdos vuelvan con más fuerza. Además, con el tiempo se puede crear una dependencia. No se trata de tener más o menos voluntad. Lo más eficaz es tratar ambas cosas a la vez: el trauma y el consumo, con apoyo psicológico y, si hace falta, médico. Si en algún momento piensas en hacerte daño, llama al 024.

No. Lo que viviste en la infancia deja huella y puede hacer que temas el abandono, que elijas relaciones parecidas o que reacciones con mucha intensidad ante señales de distancia. Pero tener marcas no te condena a repetir. El problema no es la herida, sino que dirija tu presente sin que te des cuenta. Cuando reconoces esos patrones, puedes empezar a elegir de otra manera. En terapia se trabaja comprender de dónde vienen tus reacciones, cuidar esa parte herida y construir vínculos más seguros, también en la relación terapéutica.

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