Terapia individual para adultos

Terapia individual para adultos con psicólogas sanitarias: ordena lo que sientes, alivia la carga y decide con más claridad. Presencial u online.

Terapia individual para adultos: terapia psicológica presencial y online
  • Psicólogas sanitarias colegiadas
  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
  • 5,0 en Google

¿Cuándo ir al psicólogo siendo adulto?

La terapia para adultos es un espacio confidencial para hablar de lo que te pesa con una psicóloga sanitaria. Puede ser ansiedad, cansancio, una decisión difícil o un malestar difuso que cuesta explicar. Si te está afectando, es un buen momento para consultarlo.

Con los años se acumulan responsabilidades, expectativas y experiencias que no siempre sabemos manejar. Trabajo, familia, relaciones… y poco espacio para parar y preguntarte qué necesitas.

Pedir ayuda no es rendirse. Es darte un lugar para ordenar lo que pasa dentro y fuera, con alguien que escucha sin juzgar.

Cómo es la terapia en la vida adulta

No hace falta tocar fondo para empezar a cuidarte.

Cada persona llega desde un punto distinto. Al principio es normal tener dudas o no saber por dónde empezar; con las sesiones, el espacio se vuelve más tuyo y puedes pensar en voz alta.

Algunas personas se centran en algo muy concreto. Otras descubren, poco a poco, temas más profundos que llevaban tiempo esperando. No hay un ritmo fijo: el proceso se adapta a ti.

Tampoco hay soluciones mágicas. La terapia pide tiempo y compromiso, y a cambio abre la puerta a cambios que se sostienen.

Motivos frecuentes de consulta en adultos

  1. 01Ansiedad, estrés o la sensación de ir siempre en automático
  2. 02Tristeza, apatía o la sensación de que nada te llena
  3. 03Patrones que se repiten en tus relaciones
  4. 04Dudas ante decisiones importantes
  5. 05Duelos, pérdidas o experiencias difíciles del pasado
  6. 06Autoestima baja o mucha autoexigencia

Cuándo pedir ayuda a una psicóloga

  • Si el malestar dura semanas y no mejora por sí solo.
  • Si afecta a tu día a día: trabajo, sueño o relaciones.
  • Si sientes que tienes que poder con todo y ya no te queda energía.
  • Si quieres entenderte mejor, aunque no haya una crisis.
  • Si das vueltas a una decisión y no consigues salir del bucle.
Pide cita →

Terapia psicológica para adultos, presencial y online

Trabajamos desde un enfoque integrador, que combina herramientas cognitivo-conductuales con la comprensión de tu historia y tus relaciones. El objetivo es que entiendas lo que te pasa, alivies la carga emocional y desarrolles recursos propios para lo que venga.

Las sesiones duran 50 minutos y puedes hacerlas en consulta presencial o por videollamada, con el mismo cuidado y confidencialidad.

  • Sesiones de 50 minutos
  • Semanales al principio
  • Presencial u online
  • 65 € individual · 80 € pareja o familia

Cómo empezar

  1. 01

    Escríbenos

    Escríbenos por WhatsApp y dinos con qué psicóloga te gustaría empezar. Te responderemos para resolver dudas y buscar un hueco.

  2. 02

    Primera sesión

    Nos cuentas qué te trae y qué te gustaría cambiar. Es una conversación tranquila para conocernos y entender tu situación.

  3. 03

    Un plan a tu medida

    Definimos contigo los objetivos y la frecuencia de las sesiones, presenciales u online.

  4. 04

    Revisamos el camino

    Cada cierto tiempo miramos cómo vas y ajustamos el proceso a lo que necesites en cada momento.

Terapia individual para adultos

Terapia individual para adultos con psicólogas sanitarias: ordena lo que sientes, alivia la carga y decide con más claridad. Presencial u online.

Terapia individual para adultos: terapia psicológica presencial y online
  • Psicólogas sanitarias colegiadas
  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
  • 5,0 en Google

¿Cuándo ir al psicólogo siendo adulto?

La terapia para adultos es un espacio confidencial para hablar de lo que te pesa con una psicóloga sanitaria. Puede ser ansiedad, cansancio, una decisión difícil o un malestar difuso que cuesta explicar. Si te está afectando, es un buen momento para consultarlo.

Con los años se acumulan responsabilidades, expectativas y experiencias que no siempre sabemos manejar. Trabajo, familia, relaciones… y poco espacio para parar y preguntarte qué necesitas.

Pedir ayuda no es rendirse. Es darte un lugar para ordenar lo que pasa dentro y fuera, con alguien que escucha sin juzgar.

Cómo es la terapia en la vida adulta

No hace falta tocar fondo para empezar a cuidarte.

Cada persona llega desde un punto distinto. Al principio es normal tener dudas o no saber por dónde empezar; con las sesiones, el espacio se vuelve más tuyo y puedes pensar en voz alta.

Algunas personas se centran en algo muy concreto. Otras descubren, poco a poco, temas más profundos que llevaban tiempo esperando. No hay un ritmo fijo: el proceso se adapta a ti.

Tampoco hay soluciones mágicas. La terapia pide tiempo y compromiso, y a cambio abre la puerta a cambios que se sostienen.

Motivos frecuentes de consulta en adultos

  1. 01Ansiedad, estrés o la sensación de ir siempre en automático
  2. 02Tristeza, apatía o la sensación de que nada te llena
  3. 03Patrones que se repiten en tus relaciones
  4. 04Dudas ante decisiones importantes
  5. 05Duelos, pérdidas o experiencias difíciles del pasado
  6. 06Autoestima baja o mucha autoexigencia

Cuándo pedir ayuda a una psicóloga

  • Si el malestar dura semanas y no mejora por sí solo.
  • Si afecta a tu día a día: trabajo, sueño o relaciones.
  • Si sientes que tienes que poder con todo y ya no te queda energía.
  • Si quieres entenderte mejor, aunque no haya una crisis.
  • Si das vueltas a una decisión y no consigues salir del bucle.
Pide cita →

Terapia psicológica para adultos, presencial y online

Trabajamos desde un enfoque integrador, que combina herramientas cognitivo-conductuales con la comprensión de tu historia y tus relaciones. El objetivo es que entiendas lo que te pasa, alivies la carga emocional y desarrolles recursos propios para lo que venga.

Las sesiones duran 50 minutos y puedes hacerlas en consulta presencial o por videollamada, con el mismo cuidado y confidencialidad.

  • Sesiones de 50 minutos
  • Semanales al principio
  • Presencial u online
  • 65 € individual · 80 € pareja o familia

Cómo empezar

  1. 01

    Escríbenos

    Escríbenos por WhatsApp y dinos con qué psicóloga te gustaría empezar. Te responderemos para resolver dudas y buscar un hueco.

  2. 02

    Primera sesión

    Nos cuentas qué te trae y qué te gustaría cambiar. Es una conversación tranquila para conocernos y entender tu situación.

  3. 03

    Un plan a tu medida

    Definimos contigo los objetivos y la frecuencia de las sesiones, presenciales u online.

  4. 04

    Revisamos el camino

    Cada cierto tiempo miramos cómo vas y ajustamos el proceso a lo que necesites en cada momento.

Terapia individual para adultos

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Terapia individual para adultos: terapia psicológica presencial y online
  • Psicólogas sanitarias colegiadas
  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
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¿Cuándo ir al psicólogo siendo adulto?

La terapia para adultos es un espacio confidencial para hablar de lo que te pesa con una psicóloga sanitaria. Puede ser ansiedad, cansancio, una decisión difícil o un malestar difuso que cuesta explicar. Si te está afectando, es un buen momento para consultarlo.

Con los años se acumulan responsabilidades, expectativas y experiencias que no siempre sabemos manejar. Trabajo, familia, relaciones… y poco espacio para parar y preguntarte qué necesitas.

Pedir ayuda no es rendirse. Es darte un lugar para ordenar lo que pasa dentro y fuera, con alguien que escucha sin juzgar.

Cómo es la terapia en la vida adulta

No hace falta tocar fondo para empezar a cuidarte.

Cada persona llega desde un punto distinto. Al principio es normal tener dudas o no saber por dónde empezar; con las sesiones, el espacio se vuelve más tuyo y puedes pensar en voz alta.

Algunas personas se centran en algo muy concreto. Otras descubren, poco a poco, temas más profundos que llevaban tiempo esperando. No hay un ritmo fijo: el proceso se adapta a ti.

Tampoco hay soluciones mágicas. La terapia pide tiempo y compromiso, y a cambio abre la puerta a cambios que se sostienen.

Motivos frecuentes de consulta en adultos

  1. 01Ansiedad, estrés o la sensación de ir siempre en automático
  2. 02Tristeza, apatía o la sensación de que nada te llena
  3. 03Patrones que se repiten en tus relaciones
  4. 04Dudas ante decisiones importantes
  5. 05Duelos, pérdidas o experiencias difíciles del pasado
  6. 06Autoestima baja o mucha autoexigencia

Cuándo pedir ayuda a una psicóloga

  • Si el malestar dura semanas y no mejora por sí solo.
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  • Si sientes que tienes que poder con todo y ya no te queda energía.
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  • Si das vueltas a una decisión y no consigues salir del bucle.
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Terapia psicológica para adultos, presencial y online

Trabajamos desde un enfoque integrador, que combina herramientas cognitivo-conductuales con la comprensión de tu historia y tus relaciones. El objetivo es que entiendas lo que te pasa, alivies la carga emocional y desarrolles recursos propios para lo que venga.

Las sesiones duran 50 minutos y puedes hacerlas en consulta presencial o por videollamada, con el mismo cuidado y confidencialidad.

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  1. 01

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  3. 03

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Quién te va a acompañar

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Psicólogas sanitarias colegiadas con experiencia en terapia para adultos: ansiedad, estado de ánimo, autoestima, duelo y momentos de cambio.

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¿No sabes con quién encajas?

Cuéntanos qué te pasa y te orientamos hacia la psicóloga cuyo enfoque mejor encaje contigo. Si en algún momento no conectas, buscamos otra opción sin que tengas que justificarte.

Descubre con quién encajas →

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Preguntas frecuentes sobre la terapia para adultos

¿Tienes otra duda?Escríbenos por WhatsApp y te respondemos enseguida, sin compromiso.Ver psicólogas ↑

En Leizea, la sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Las sesiones de pareja o de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial. Puedes escribir por WhatsApp a tu psicóloga para resolver cualquier duda antes de empezar.

No hace falta estar en plena crisis. Si un malestar se alarga, afecta a tu sueño, tu trabajo o tus relaciones, o simplemente quieres entender mejor lo que te pasa, la terapia puede ayudarte. En la primera sesión valoramos contigo tu situación y si la terapia es lo que necesitas ahora.

Sí. Hacemos sesiones por videollamada con la misma duración, precio y confidencialidad que en consulta presencial. Es una buena opción si vives fuera, viajas por trabajo o te resulta más cómodo conectarte desde casa. Solo necesitas un lugar tranquilo y una conexión estable.

Depende de cada persona, de lo que te trae y de tus objetivos. Hay procesos centrados en algo concreto y otros que abordan temas más profundos. No fijamos una duración cerrada de antemano: la revisamos contigo cada cierto tiempo para ver cómo avanzas y qué necesitas.

Es una conversación para conocernos. Nos cuentas qué te ha llevado a pedir ayuda, cómo te sientes y qué te gustaría cambiar. La psicóloga te hará algunas preguntas para entender tu situación y te explicará cómo podría ser el proceso. Puedes preguntar todo lo que quieras.

Sí. Todo lo que hablas en sesión está protegido por el secreto profesional. Leizea es un centro sanitario autorizado y nuestras psicólogas están colegiadas, por lo que trabajan conforme al código deontológico de la profesión y a la normativa de protección de datos.

No exactamente. La terapia no funciona como una lista de consejos que alguien te da desde fuera. Lo que buscamos es que puedas ver con más claridad algo que hasta ahora se te escapaba: por qué reaccionas de cierta manera, qué se repite en tus relaciones o qué te frena. A partir de ahí, las decisiones son tuyas. Tu psicóloga te ayudará a pensar opciones, te dirá con honestidad lo que observa y te acompañará mientras pruebas cambios, respetando siempre que se trata de tu vida.

Es una sensación muy habitual, sobre todo al principio. Un buen punto de partida suele ser algo concreto que haya pasado hace poco: una discusión, un momento en que te sentiste mal, una situación que te dejó dándole vueltas. Contar qué ocurrió, quién estaba, qué dijiste y qué sentiste aporta mucha más información que las reflexiones generales sobre cómo eres. No hace falta llevarlo preparado ni ordenado: tu psicóloga te hará preguntas para ir tirando del hilo.

Sí, y no es mala señal. Una terapia útil combina apoyo y escucha con momentos en los que miramos las cosas desde otro ángulo, y eso a veces remueve. También puede ocurrir que en la relación con tu psicóloga aparezcan reacciones parecidas a las que tienes con tu pareja, en el trabajo o en tu familia: sentir que te juzgan, querer agradar o enfadarte. Lejos de ser un fallo, hablarlo en sesión es una de las maneras más directas de entender esos patrones y empezar a cambiarlos.

Sí. Al principio dedicamos tiempo a concretar qué te gustaría que fuera distinto en tu vida, más allá de un genérico «estar mejor»: en el trabajo, en tus relaciones, en tus hábitos o en la forma en que te tratas. Esos objetivos los defines tú, y nosotras te ayudamos a que sean claros y realistas. De vez en cuando los revisamos juntas para ver qué ha cambiado, qué sigue pendiente y si conviene ajustar el rumbo o la frecuencia de las sesiones.

No. La mayoría de las personas que vienen a consulta no tienen un trastorno grave: les preocupa algo que se repite, atraviesan un momento difícil o quieren entender por qué reaccionan como lo hacen. Ir al psicólogo es una forma de cuidar tu salud, igual que ir al médico o al fisioterapeuta, y no te pone ninguna etiqueta. En la primera sesión nos cuentas qué te trae y valoramos juntas si la terapia es lo que necesitas y cómo podemos ayudarte.

Decírselo. Sentirte a gusto y en confianza con tu psicóloga es una de las cosas que más influyen en que la terapia funcione, y comentar que algo no te encaja es parte del proceso, no una ofensa. Puede ser algo que se ajusta, como el ritmo, el enfoque o la forma de hablar de ciertos temas. Y si aun así no encajáis, también es legítimo cambiar de profesional. En Leizea somos un equipo y podemos valorar contigo quién puede encajar mejor.

Porque el cambio no ocurre solo en la consulta, sino en tu vida diaria. Una sesión a la semana dura 50 minutos; el resto del tiempo es donde se ponen a prueba las cosas que trabajamos. Las tareas pueden ser apuntar situaciones, probar una conducta nueva o practicar algo que hemos ensayado. Empiezan pequeñas, se ajustan a lo que puedes asumir y no se trata de aprobar ni de suspender: si no salen, también nos dan información útil.

Sí. El proceso terapéutico no es una línea recta hacia arriba, se parece más a una subida con curvas: hay semanas de avance y otras en las que parece que vuelves atrás. A veces ocurre porque estás mirando cosas que antes evitabas, y eso duele antes de aliviar; otras, porque la vida aprieta. Lo importante es la tendencia general, no cada semana por separado. Si te preocupa, coméntalo en sesión para revisarlo juntas.

Porque muchas de las formas en que reaccionas hoy se aprendieron antes. Saber cómo era tu familia, qué se esperaba de ti o qué viviste ayuda a entender por qué ciertas situaciones te afectan tanto y qué mantiene el problema en el presente. No se trata de quedarse en el pasado ni de buscar culpables, sino de usarlo para comprender y cambiar lo de ahora. Y siempre puedes decir si hay algo de lo que todavía no quieres hablar.

Para tener un punto de partida. Algunos cuestionarios ayudan a conocer mejor qué te pasa, con qué intensidad y en qué áreas de tu vida, y a pensar qué tipo de ayuda te puede venir mejor. Volver a pasarlos más adelante permite ver de forma más objetiva qué ha cambiado. No son exámenes ni sirven para ponerte una etiqueta: son una herramienta más que se combina con lo que nos cuentas y con lo que vamos viendo en sesión.

Porque entender algo no basta para cambiarlo. Puedes saber perfectamente que tu exigencia viene de tu infancia o que evitas los conflictos por miedo, y aun así seguir haciendo lo mismo, porque esas respuestas están muy aprendidas. Es como saber la teoría de conducir sin haberte sentado al volante. En terapia, además de comprender, se practica hacer las cosas de otra manera, con apoyo, y se revisa qué pasa cuando lo intentas.

Sí. Muchas personas llegan con dudas, sin saber si lo suyo es para tanto o porque alguien de su entorno se lo ha pedido, y es un buen punto de partida. En las primeras sesiones podemos hablar de eso mismo: qué te preocupa a ti, qué preocupa a los demás y si hay algo que te gustaría cambiar. La terapia funciona mejor cuando tiene un para qué propio, y a veces encontrarlo es justo el primer paso.

No necesariamente, aunque es una buena base. Sentirte a gusto ayuda a contar cosas difíciles y a confiar en el proceso, pero el buen ambiente no es la prueba del cambio. Lo que indica que la terapia funciona es que, poco a poco, notes diferencias en tu vida: cómo te relacionas, cómo manejas lo que te preocupa o qué cosas te atreves a hacer. A veces las sesiones que más mueven no son las más cómodas. Si te preguntas si estás avanzando, plantéalo en sesión y revisad juntas los objetivos.

La terapia ayuda mucho, pero lo que se habla en sesión necesita un lugar donde aterrizar. Tener alguna estructura fuera de la consulta, como un trabajo, unos estudios, una rutina, un horario de sueño o actividades que te importen, hace que las ideas se conviertan en cambios reales. Es como poner un tren en la vía: hablar prepara el camino, pero hace falta que haya raíles. No se trata de llenar la agenda ni de hacerlo todo a la vez, sino de ir dando pasos pequeños, acordados con tu psicóloga, entre una sesión y otra.

Si puedes esperar, suele ser mejor no decidir en plena tormenta. Con estrés, ansiedad o poco sueño, la mente tiende a ver todo más negro y a convertir un mal momento en la prueba de que toda tu vida va mal: el trabajo, la pareja o la ciudad. Muchas decisiones tomadas así se lamentan después. Ayuda darse un plazo, cuidar lo básico y volver a mirarlo cuando la marea baje un poco, también en terapia. La excepción son las situaciones de riesgo, como violencia o peligro para tu salud: ahí protegerte no puede esperar.

Sí, es muy frecuente, y no significa que estés haciendo algo malo. La vergüenza suele tener más que ver con el miedo al qué dirán o con viejas ideas sobre la terapia que con la realidad: pedir ayuda es una forma de cuidarte, igual que ir al médico o al fisio. Tú decides a quién contarlo, cuándo y cuánto; no tienes por qué dar explicaciones. Lo que hablas en sesión, e incluso el hecho de que vienes, es confidencial. Si esa vergüenza pesa, también puede ser un buen tema para trabajar en consulta.

Porque lo que ocurre en la relación terapéutica suele parecerse a lo que te pasa con otras personas, y ahí se puede mirar en directo. Si te cuesta llevar la contraria, si temes molestar o si te sientes juzgada con facilidad, es probable que también aparezca en consulta. Hablarlo con calma permite entender esas reacciones mientras suceden, en un espacio seguro, y practicar otras formas de responder. No es un reproche ni una forma de desviar el tema: es una herramienta más de la terapia. Y si algo de tu psicóloga te incomoda, también puedes decírselo.

Entenderse ayuda, pero vigilarse sin descanso suele tener el efecto contrario. Cuando conviertes cada emoción en un enigma que descifrar, se presta tanta atención a lo que falla que los problemas parecen más grandes, y queda poca energía para vivir lo que tienes delante. Leer puede abrirte preguntas útiles; el riesgo está en convertirlo en un examen permanente. En terapia se busca un equilibrio: comprender lo necesario para cambiar y, a la vez, recuperar la capacidad de estar presente sin estar todo el tiempo pendiente de ti.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →

Preguntas frecuentes sobre la terapia para adultos

En Leizea, la sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Las sesiones de pareja o de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial. Puedes escribir por WhatsApp a tu psicóloga para resolver cualquier duda antes de empezar.

No hace falta estar en plena crisis. Si un malestar se alarga, afecta a tu sueño, tu trabajo o tus relaciones, o simplemente quieres entender mejor lo que te pasa, la terapia puede ayudarte. En la primera sesión valoramos contigo tu situación y si la terapia es lo que necesitas ahora.

Sí. Hacemos sesiones por videollamada con la misma duración, precio y confidencialidad que en consulta presencial. Es una buena opción si vives fuera, viajas por trabajo o te resulta más cómodo conectarte desde casa. Solo necesitas un lugar tranquilo y una conexión estable.

Depende de cada persona, de lo que te trae y de tus objetivos. Hay procesos centrados en algo concreto y otros que abordan temas más profundos. No fijamos una duración cerrada de antemano: la revisamos contigo cada cierto tiempo para ver cómo avanzas y qué necesitas.

Es una conversación para conocernos. Nos cuentas qué te ha llevado a pedir ayuda, cómo te sientes y qué te gustaría cambiar. La psicóloga te hará algunas preguntas para entender tu situación y te explicará cómo podría ser el proceso. Puedes preguntar todo lo que quieras.

Sí. Todo lo que hablas en sesión está protegido por el secreto profesional. Leizea es un centro sanitario autorizado y nuestras psicólogas están colegiadas, por lo que trabajan conforme al código deontológico de la profesión y a la normativa de protección de datos.

No exactamente. La terapia no funciona como una lista de consejos que alguien te da desde fuera. Lo que buscamos es que puedas ver con más claridad algo que hasta ahora se te escapaba: por qué reaccionas de cierta manera, qué se repite en tus relaciones o qué te frena. A partir de ahí, las decisiones son tuyas. Tu psicóloga te ayudará a pensar opciones, te dirá con honestidad lo que observa y te acompañará mientras pruebas cambios, respetando siempre que se trata de tu vida.

Es una sensación muy habitual, sobre todo al principio. Un buen punto de partida suele ser algo concreto que haya pasado hace poco: una discusión, un momento en que te sentiste mal, una situación que te dejó dándole vueltas. Contar qué ocurrió, quién estaba, qué dijiste y qué sentiste aporta mucha más información que las reflexiones generales sobre cómo eres. No hace falta llevarlo preparado ni ordenado: tu psicóloga te hará preguntas para ir tirando del hilo.

Sí, y no es mala señal. Una terapia útil combina apoyo y escucha con momentos en los que miramos las cosas desde otro ángulo, y eso a veces remueve. También puede ocurrir que en la relación con tu psicóloga aparezcan reacciones parecidas a las que tienes con tu pareja, en el trabajo o en tu familia: sentir que te juzgan, querer agradar o enfadarte. Lejos de ser un fallo, hablarlo en sesión es una de las maneras más directas de entender esos patrones y empezar a cambiarlos.

Sí. Al principio dedicamos tiempo a concretar qué te gustaría que fuera distinto en tu vida, más allá de un genérico «estar mejor»: en el trabajo, en tus relaciones, en tus hábitos o en la forma en que te tratas. Esos objetivos los defines tú, y nosotras te ayudamos a que sean claros y realistas. De vez en cuando los revisamos juntas para ver qué ha cambiado, qué sigue pendiente y si conviene ajustar el rumbo o la frecuencia de las sesiones.

No. La mayoría de las personas que vienen a consulta no tienen un trastorno grave: les preocupa algo que se repite, atraviesan un momento difícil o quieren entender por qué reaccionan como lo hacen. Ir al psicólogo es una forma de cuidar tu salud, igual que ir al médico o al fisioterapeuta, y no te pone ninguna etiqueta. En la primera sesión nos cuentas qué te trae y valoramos juntas si la terapia es lo que necesitas y cómo podemos ayudarte.

Decírselo. Sentirte a gusto y en confianza con tu psicóloga es una de las cosas que más influyen en que la terapia funcione, y comentar que algo no te encaja es parte del proceso, no una ofensa. Puede ser algo que se ajusta, como el ritmo, el enfoque o la forma de hablar de ciertos temas. Y si aun así no encajáis, también es legítimo cambiar de profesional. En Leizea somos un equipo y podemos valorar contigo quién puede encajar mejor.

Porque el cambio no ocurre solo en la consulta, sino en tu vida diaria. Una sesión a la semana dura 50 minutos; el resto del tiempo es donde se ponen a prueba las cosas que trabajamos. Las tareas pueden ser apuntar situaciones, probar una conducta nueva o practicar algo que hemos ensayado. Empiezan pequeñas, se ajustan a lo que puedes asumir y no se trata de aprobar ni de suspender: si no salen, también nos dan información útil.

Sí. El proceso terapéutico no es una línea recta hacia arriba, se parece más a una subida con curvas: hay semanas de avance y otras en las que parece que vuelves atrás. A veces ocurre porque estás mirando cosas que antes evitabas, y eso duele antes de aliviar; otras, porque la vida aprieta. Lo importante es la tendencia general, no cada semana por separado. Si te preocupa, coméntalo en sesión para revisarlo juntas.

Porque muchas de las formas en que reaccionas hoy se aprendieron antes. Saber cómo era tu familia, qué se esperaba de ti o qué viviste ayuda a entender por qué ciertas situaciones te afectan tanto y qué mantiene el problema en el presente. No se trata de quedarse en el pasado ni de buscar culpables, sino de usarlo para comprender y cambiar lo de ahora. Y siempre puedes decir si hay algo de lo que todavía no quieres hablar.

Para tener un punto de partida. Algunos cuestionarios ayudan a conocer mejor qué te pasa, con qué intensidad y en qué áreas de tu vida, y a pensar qué tipo de ayuda te puede venir mejor. Volver a pasarlos más adelante permite ver de forma más objetiva qué ha cambiado. No son exámenes ni sirven para ponerte una etiqueta: son una herramienta más que se combina con lo que nos cuentas y con lo que vamos viendo en sesión.

Porque entender algo no basta para cambiarlo. Puedes saber perfectamente que tu exigencia viene de tu infancia o que evitas los conflictos por miedo, y aun así seguir haciendo lo mismo, porque esas respuestas están muy aprendidas. Es como saber la teoría de conducir sin haberte sentado al volante. En terapia, además de comprender, se practica hacer las cosas de otra manera, con apoyo, y se revisa qué pasa cuando lo intentas.

Sí. Muchas personas llegan con dudas, sin saber si lo suyo es para tanto o porque alguien de su entorno se lo ha pedido, y es un buen punto de partida. En las primeras sesiones podemos hablar de eso mismo: qué te preocupa a ti, qué preocupa a los demás y si hay algo que te gustaría cambiar. La terapia funciona mejor cuando tiene un para qué propio, y a veces encontrarlo es justo el primer paso.

No necesariamente, aunque es una buena base. Sentirte a gusto ayuda a contar cosas difíciles y a confiar en el proceso, pero el buen ambiente no es la prueba del cambio. Lo que indica que la terapia funciona es que, poco a poco, notes diferencias en tu vida: cómo te relacionas, cómo manejas lo que te preocupa o qué cosas te atreves a hacer. A veces las sesiones que más mueven no son las más cómodas. Si te preguntas si estás avanzando, plantéalo en sesión y revisad juntas los objetivos.

La terapia ayuda mucho, pero lo que se habla en sesión necesita un lugar donde aterrizar. Tener alguna estructura fuera de la consulta, como un trabajo, unos estudios, una rutina, un horario de sueño o actividades que te importen, hace que las ideas se conviertan en cambios reales. Es como poner un tren en la vía: hablar prepara el camino, pero hace falta que haya raíles. No se trata de llenar la agenda ni de hacerlo todo a la vez, sino de ir dando pasos pequeños, acordados con tu psicóloga, entre una sesión y otra.

Si puedes esperar, suele ser mejor no decidir en plena tormenta. Con estrés, ansiedad o poco sueño, la mente tiende a ver todo más negro y a convertir un mal momento en la prueba de que toda tu vida va mal: el trabajo, la pareja o la ciudad. Muchas decisiones tomadas así se lamentan después. Ayuda darse un plazo, cuidar lo básico y volver a mirarlo cuando la marea baje un poco, también en terapia. La excepción son las situaciones de riesgo, como violencia o peligro para tu salud: ahí protegerte no puede esperar.

Sí, es muy frecuente, y no significa que estés haciendo algo malo. La vergüenza suele tener más que ver con el miedo al qué dirán o con viejas ideas sobre la terapia que con la realidad: pedir ayuda es una forma de cuidarte, igual que ir al médico o al fisio. Tú decides a quién contarlo, cuándo y cuánto; no tienes por qué dar explicaciones. Lo que hablas en sesión, e incluso el hecho de que vienes, es confidencial. Si esa vergüenza pesa, también puede ser un buen tema para trabajar en consulta.

Porque lo que ocurre en la relación terapéutica suele parecerse a lo que te pasa con otras personas, y ahí se puede mirar en directo. Si te cuesta llevar la contraria, si temes molestar o si te sientes juzgada con facilidad, es probable que también aparezca en consulta. Hablarlo con calma permite entender esas reacciones mientras suceden, en un espacio seguro, y practicar otras formas de responder. No es un reproche ni una forma de desviar el tema: es una herramienta más de la terapia. Y si algo de tu psicóloga te incomoda, también puedes decírselo.

Entenderse ayuda, pero vigilarse sin descanso suele tener el efecto contrario. Cuando conviertes cada emoción en un enigma que descifrar, se presta tanta atención a lo que falla que los problemas parecen más grandes, y queda poca energía para vivir lo que tienes delante. Leer puede abrirte preguntas útiles; el riesgo está en convertirlo en un examen permanente. En terapia se busca un equilibrio: comprender lo necesario para cambiar y, a la vez, recuperar la capacidad de estar presente sin estar todo el tiempo pendiente de ti.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →

Preguntas frecuentes sobre la terapia para adultos

En Leizea, la sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Las sesiones de pareja o de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial. Puedes escribir por WhatsApp a tu psicóloga para resolver cualquier duda antes de empezar.

No hace falta estar en plena crisis. Si un malestar se alarga, afecta a tu sueño, tu trabajo o tus relaciones, o simplemente quieres entender mejor lo que te pasa, la terapia puede ayudarte. En la primera sesión valoramos contigo tu situación y si la terapia es lo que necesitas ahora.

Sí. Hacemos sesiones por videollamada con la misma duración, precio y confidencialidad que en consulta presencial. Es una buena opción si vives fuera, viajas por trabajo o te resulta más cómodo conectarte desde casa. Solo necesitas un lugar tranquilo y una conexión estable.

Depende de cada persona, de lo que te trae y de tus objetivos. Hay procesos centrados en algo concreto y otros que abordan temas más profundos. No fijamos una duración cerrada de antemano: la revisamos contigo cada cierto tiempo para ver cómo avanzas y qué necesitas.

Es una conversación para conocernos. Nos cuentas qué te ha llevado a pedir ayuda, cómo te sientes y qué te gustaría cambiar. La psicóloga te hará algunas preguntas para entender tu situación y te explicará cómo podría ser el proceso. Puedes preguntar todo lo que quieras.

Sí. Todo lo que hablas en sesión está protegido por el secreto profesional. Leizea es un centro sanitario autorizado y nuestras psicólogas están colegiadas, por lo que trabajan conforme al código deontológico de la profesión y a la normativa de protección de datos.

No exactamente. La terapia no funciona como una lista de consejos que alguien te da desde fuera. Lo que buscamos es que puedas ver con más claridad algo que hasta ahora se te escapaba: por qué reaccionas de cierta manera, qué se repite en tus relaciones o qué te frena. A partir de ahí, las decisiones son tuyas. Tu psicóloga te ayudará a pensar opciones, te dirá con honestidad lo que observa y te acompañará mientras pruebas cambios, respetando siempre que se trata de tu vida.

Es una sensación muy habitual, sobre todo al principio. Un buen punto de partida suele ser algo concreto que haya pasado hace poco: una discusión, un momento en que te sentiste mal, una situación que te dejó dándole vueltas. Contar qué ocurrió, quién estaba, qué dijiste y qué sentiste aporta mucha más información que las reflexiones generales sobre cómo eres. No hace falta llevarlo preparado ni ordenado: tu psicóloga te hará preguntas para ir tirando del hilo.

Sí, y no es mala señal. Una terapia útil combina apoyo y escucha con momentos en los que miramos las cosas desde otro ángulo, y eso a veces remueve. También puede ocurrir que en la relación con tu psicóloga aparezcan reacciones parecidas a las que tienes con tu pareja, en el trabajo o en tu familia: sentir que te juzgan, querer agradar o enfadarte. Lejos de ser un fallo, hablarlo en sesión es una de las maneras más directas de entender esos patrones y empezar a cambiarlos.

Sí. Al principio dedicamos tiempo a concretar qué te gustaría que fuera distinto en tu vida, más allá de un genérico «estar mejor»: en el trabajo, en tus relaciones, en tus hábitos o en la forma en que te tratas. Esos objetivos los defines tú, y nosotras te ayudamos a que sean claros y realistas. De vez en cuando los revisamos juntas para ver qué ha cambiado, qué sigue pendiente y si conviene ajustar el rumbo o la frecuencia de las sesiones.

No. La mayoría de las personas que vienen a consulta no tienen un trastorno grave: les preocupa algo que se repite, atraviesan un momento difícil o quieren entender por qué reaccionan como lo hacen. Ir al psicólogo es una forma de cuidar tu salud, igual que ir al médico o al fisioterapeuta, y no te pone ninguna etiqueta. En la primera sesión nos cuentas qué te trae y valoramos juntas si la terapia es lo que necesitas y cómo podemos ayudarte.

Decírselo. Sentirte a gusto y en confianza con tu psicóloga es una de las cosas que más influyen en que la terapia funcione, y comentar que algo no te encaja es parte del proceso, no una ofensa. Puede ser algo que se ajusta, como el ritmo, el enfoque o la forma de hablar de ciertos temas. Y si aun así no encajáis, también es legítimo cambiar de profesional. En Leizea somos un equipo y podemos valorar contigo quién puede encajar mejor.

Porque el cambio no ocurre solo en la consulta, sino en tu vida diaria. Una sesión a la semana dura 50 minutos; el resto del tiempo es donde se ponen a prueba las cosas que trabajamos. Las tareas pueden ser apuntar situaciones, probar una conducta nueva o practicar algo que hemos ensayado. Empiezan pequeñas, se ajustan a lo que puedes asumir y no se trata de aprobar ni de suspender: si no salen, también nos dan información útil.

Sí. El proceso terapéutico no es una línea recta hacia arriba, se parece más a una subida con curvas: hay semanas de avance y otras en las que parece que vuelves atrás. A veces ocurre porque estás mirando cosas que antes evitabas, y eso duele antes de aliviar; otras, porque la vida aprieta. Lo importante es la tendencia general, no cada semana por separado. Si te preocupa, coméntalo en sesión para revisarlo juntas.

Porque muchas de las formas en que reaccionas hoy se aprendieron antes. Saber cómo era tu familia, qué se esperaba de ti o qué viviste ayuda a entender por qué ciertas situaciones te afectan tanto y qué mantiene el problema en el presente. No se trata de quedarse en el pasado ni de buscar culpables, sino de usarlo para comprender y cambiar lo de ahora. Y siempre puedes decir si hay algo de lo que todavía no quieres hablar.

Para tener un punto de partida. Algunos cuestionarios ayudan a conocer mejor qué te pasa, con qué intensidad y en qué áreas de tu vida, y a pensar qué tipo de ayuda te puede venir mejor. Volver a pasarlos más adelante permite ver de forma más objetiva qué ha cambiado. No son exámenes ni sirven para ponerte una etiqueta: son una herramienta más que se combina con lo que nos cuentas y con lo que vamos viendo en sesión.

Porque entender algo no basta para cambiarlo. Puedes saber perfectamente que tu exigencia viene de tu infancia o que evitas los conflictos por miedo, y aun así seguir haciendo lo mismo, porque esas respuestas están muy aprendidas. Es como saber la teoría de conducir sin haberte sentado al volante. En terapia, además de comprender, se practica hacer las cosas de otra manera, con apoyo, y se revisa qué pasa cuando lo intentas.

Sí. Muchas personas llegan con dudas, sin saber si lo suyo es para tanto o porque alguien de su entorno se lo ha pedido, y es un buen punto de partida. En las primeras sesiones podemos hablar de eso mismo: qué te preocupa a ti, qué preocupa a los demás y si hay algo que te gustaría cambiar. La terapia funciona mejor cuando tiene un para qué propio, y a veces encontrarlo es justo el primer paso.

No necesariamente, aunque es una buena base. Sentirte a gusto ayuda a contar cosas difíciles y a confiar en el proceso, pero el buen ambiente no es la prueba del cambio. Lo que indica que la terapia funciona es que, poco a poco, notes diferencias en tu vida: cómo te relacionas, cómo manejas lo que te preocupa o qué cosas te atreves a hacer. A veces las sesiones que más mueven no son las más cómodas. Si te preguntas si estás avanzando, plantéalo en sesión y revisad juntas los objetivos.

La terapia ayuda mucho, pero lo que se habla en sesión necesita un lugar donde aterrizar. Tener alguna estructura fuera de la consulta, como un trabajo, unos estudios, una rutina, un horario de sueño o actividades que te importen, hace que las ideas se conviertan en cambios reales. Es como poner un tren en la vía: hablar prepara el camino, pero hace falta que haya raíles. No se trata de llenar la agenda ni de hacerlo todo a la vez, sino de ir dando pasos pequeños, acordados con tu psicóloga, entre una sesión y otra.

Si puedes esperar, suele ser mejor no decidir en plena tormenta. Con estrés, ansiedad o poco sueño, la mente tiende a ver todo más negro y a convertir un mal momento en la prueba de que toda tu vida va mal: el trabajo, la pareja o la ciudad. Muchas decisiones tomadas así se lamentan después. Ayuda darse un plazo, cuidar lo básico y volver a mirarlo cuando la marea baje un poco, también en terapia. La excepción son las situaciones de riesgo, como violencia o peligro para tu salud: ahí protegerte no puede esperar.

Sí, es muy frecuente, y no significa que estés haciendo algo malo. La vergüenza suele tener más que ver con el miedo al qué dirán o con viejas ideas sobre la terapia que con la realidad: pedir ayuda es una forma de cuidarte, igual que ir al médico o al fisio. Tú decides a quién contarlo, cuándo y cuánto; no tienes por qué dar explicaciones. Lo que hablas en sesión, e incluso el hecho de que vienes, es confidencial. Si esa vergüenza pesa, también puede ser un buen tema para trabajar en consulta.

Porque lo que ocurre en la relación terapéutica suele parecerse a lo que te pasa con otras personas, y ahí se puede mirar en directo. Si te cuesta llevar la contraria, si temes molestar o si te sientes juzgada con facilidad, es probable que también aparezca en consulta. Hablarlo con calma permite entender esas reacciones mientras suceden, en un espacio seguro, y practicar otras formas de responder. No es un reproche ni una forma de desviar el tema: es una herramienta más de la terapia. Y si algo de tu psicóloga te incomoda, también puedes decírselo.

Entenderse ayuda, pero vigilarse sin descanso suele tener el efecto contrario. Cuando conviertes cada emoción en un enigma que descifrar, se presta tanta atención a lo que falla que los problemas parecen más grandes, y queda poca energía para vivir lo que tienes delante. Leer puede abrirte preguntas útiles; el riesgo está en convertirlo en un examen permanente. En terapia se busca un equilibrio: comprender lo necesario para cambiar y, a la vez, recuperar la capacidad de estar presente sin estar todo el tiempo pendiente de ti.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →
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