Terapia de autoestima
Terapia de autoestima: entiende tu voz crítica y aprende a tratarte con más amabilidad y respeto. Sesiones presenciales u online. Escríbenos.

- ✓Psicólogas sanitarias colegiadas
- ✓Sesiones de 50 min · 65 €
- ✓Presencial u online
- ★★★★★5,0 en Google
¿Qué es la autoestima y por qué se resiente?
La autoestima es la forma en que te tratas cuando te miras por dentro, cuando fallas o cuando algo no sale como esperabas. No consiste en sentirse bien siempre, sino en poder estar en paz contigo. En nuestra terapia de autoestima trabajamos esa relación contigo.
Puedes saber que eres capaz o responsable y, aun así, sentir que no eres suficiente. Por eso la autoestima no mejora a base de pensar cosas positivas, sino aprendiendo a acompañarte con comprensión cuando no todo encaja. Eso es la autocompasión, que no es lástima ni indulgencia.
De dónde viene la voz crítica
La manera en que te hablas también se puede aprender de nuevo.
Si en algún momento aprendiste que equivocarte tenía consecuencias o que el afecto dependía de hacerlo bien, tu sistema interno encontró una forma de cuidarte: ser exigente, no pedir demasiado, no molestar.
Esa adaptación cumplió un papel. Con el tiempo, la voz que te protegía se vuelve rígida: minimiza los logros, recuerda lo que falta e impide descansar.
En terapia no se trata de cambiarla a base de frases positivas, sino de entender qué intenta evitar y de dónde aprendió a hablarte así.
Señales de baja autoestima
- 01Sientes que nada de lo que haces es suficiente.
- 02Te comparas constantemente y sales perdiendo.
- 03Necesitas aprobación externa para sentirte en calma.
- 04Te cuesta decir que no sin sentir culpa.
- 05Sientes vergüenza de ti, de tu cuerpo o de tus emociones.
- 06Te adaptas demasiado en tus relaciones para no perder al otro.
Cuándo pedir ayuda
- Tu forma de mirarte pesa más de lo que puedes sostener.
- La autoexigencia no te deja descansar ni disfrutar de tus logros.
- El miedo al error te frena en decisiones importantes.
- Disfrutar te genera culpa, como si no estuviera permitido.
- Repites relaciones en las que te pierdes o te dejas en segundo plano.
- Intuyes que algo pasó para que dejaras de quererte.
Terapia de autoestima: cómo trabajamos
Revisamos con curiosidad y sin juicio el vínculo que tienes contigo: cómo te hablas, qué esperas de ti y de dónde vienen esas exigencias. Comprender que esa dureza tuvo un sentido no es justificarla; es el punto de partida para que tu relación interna sea más amable, realista y libre.
Las sesiones duran 50 minutos y pueden ser presenciales en nuestro centro u online.
- Sesiones de 50 minutos
- Semanales al principio
- Presencial u online
- 65 € individual · 80 € pareja o familia
Claves del trabajo terapéutico
- 01
Reconocer aprendizajes antiguos
Identificamos las experiencias y los mensajes que todavía marcan la forma en que te tratas.
- 02
Escuchar las voces internas
Distinguimos las voces, propias o heredadas, que te juzgan o te exigen, y entendemos qué intentan proteger.
- 03
Diferenciar exigencia y cuidado
Aprendes a acompañarte cuando fallas en lugar de castigarte, y a poner límites con menos culpa.
- 04
Reconectar con tu valía
Recuperas el contacto con el cuerpo, el deseo y la sensación de valer más allá de los logros o la aprobación.
Terapia de autoestima
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¿Qué es la autoestima y por qué se resiente?
La autoestima es la forma en que te tratas cuando te miras por dentro, cuando fallas o cuando algo no sale como esperabas. No consiste en sentirse bien siempre, sino en poder estar en paz contigo. En nuestra terapia de autoestima trabajamos esa relación contigo.
Puedes saber que eres capaz o responsable y, aun así, sentir que no eres suficiente. Por eso la autoestima no mejora a base de pensar cosas positivas, sino aprendiendo a acompañarte con comprensión cuando no todo encaja. Eso es la autocompasión, que no es lástima ni indulgencia.
De dónde viene la voz crítica
La manera en que te hablas también se puede aprender de nuevo.
Si en algún momento aprendiste que equivocarte tenía consecuencias o que el afecto dependía de hacerlo bien, tu sistema interno encontró una forma de cuidarte: ser exigente, no pedir demasiado, no molestar.
Esa adaptación cumplió un papel. Con el tiempo, la voz que te protegía se vuelve rígida: minimiza los logros, recuerda lo que falta e impide descansar.
En terapia no se trata de cambiarla a base de frases positivas, sino de entender qué intenta evitar y de dónde aprendió a hablarte así.
Señales de baja autoestima
- 01Sientes que nada de lo que haces es suficiente.
- 02Te comparas constantemente y sales perdiendo.
- 03Necesitas aprobación externa para sentirte en calma.
- 04Te cuesta decir que no sin sentir culpa.
- 05Sientes vergüenza de ti, de tu cuerpo o de tus emociones.
- 06Te adaptas demasiado en tus relaciones para no perder al otro.
Cuándo pedir ayuda
- Tu forma de mirarte pesa más de lo que puedes sostener.
- La autoexigencia no te deja descansar ni disfrutar de tus logros.
- El miedo al error te frena en decisiones importantes.
- Disfrutar te genera culpa, como si no estuviera permitido.
- Repites relaciones en las que te pierdes o te dejas en segundo plano.
- Intuyes que algo pasó para que dejaras de quererte.
Terapia de autoestima: cómo trabajamos
Revisamos con curiosidad y sin juicio el vínculo que tienes contigo: cómo te hablas, qué esperas de ti y de dónde vienen esas exigencias. Comprender que esa dureza tuvo un sentido no es justificarla; es el punto de partida para que tu relación interna sea más amable, realista y libre.
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- 03
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Aprendes a acompañarte cuando fallas en lugar de castigarte, y a poner límites con menos culpa.
- 04
Reconectar con tu valía
Recuperas el contacto con el cuerpo, el deseo y la sensación de valer más allá de los logros o la aprobación.
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La autoestima es la forma en que te tratas cuando te miras por dentro, cuando fallas o cuando algo no sale como esperabas. No consiste en sentirse bien siempre, sino en poder estar en paz contigo. En nuestra terapia de autoestima trabajamos esa relación contigo.
Puedes saber que eres capaz o responsable y, aun así, sentir que no eres suficiente. Por eso la autoestima no mejora a base de pensar cosas positivas, sino aprendiendo a acompañarte con comprensión cuando no todo encaja. Eso es la autocompasión, que no es lástima ni indulgencia.
De dónde viene la voz crítica
La manera en que te hablas también se puede aprender de nuevo.
Si en algún momento aprendiste que equivocarte tenía consecuencias o que el afecto dependía de hacerlo bien, tu sistema interno encontró una forma de cuidarte: ser exigente, no pedir demasiado, no molestar.
Esa adaptación cumplió un papel. Con el tiempo, la voz que te protegía se vuelve rígida: minimiza los logros, recuerda lo que falta e impide descansar.
En terapia no se trata de cambiarla a base de frases positivas, sino de entender qué intenta evitar y de dónde aprendió a hablarte así.
Señales de baja autoestima
- 01Sientes que nada de lo que haces es suficiente.
- 02Te comparas constantemente y sales perdiendo.
- 03Necesitas aprobación externa para sentirte en calma.
- 04Te cuesta decir que no sin sentir culpa.
- 05Sientes vergüenza de ti, de tu cuerpo o de tus emociones.
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Cuándo pedir ayuda
- Tu forma de mirarte pesa más de lo que puedes sostener.
- La autoexigencia no te deja descansar ni disfrutar de tus logros.
- El miedo al error te frena en decisiones importantes.
- Disfrutar te genera culpa, como si no estuviera permitido.
- Repites relaciones en las que te pierdes o te dejas en segundo plano.
- Intuyes que algo pasó para que dejaras de quererte.
Terapia de autoestima: cómo trabajamos
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Psicólogas sanitarias colegiadas con experiencia en autoestima, autoexigencia, perfeccionismo y dificultades para poner límites.
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Leire BasañezPsicóloga SanitariaNº col. P-03018Atiende en C/ Colón de Larreategui, 26Pedir cita con Leire
Irati ArtetxePsicóloga SanitariaNº col. BI06250Atiende en C/ Colón de Larreategui, 26Pedir cita con Irati¿No sabes con quién encajas?
Cuéntanos qué te pasa y te orientamos hacia la psicóloga cuyo enfoque mejor encaje contigo. Si en algún momento no conectas, buscamos otra opción sin que tengas que justificarte.
Descubre con quién encajas →
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Descubre con quién encajas →Qué trabajamos en terapia de autoestima
Preguntas frecuentes sobre la autoestima
No siempre se nota enseguida. A veces se disfraza de perfeccionismo, indecisión, ansiedad o necesidad de aprobación. Puede notarse cuando nada parece suficiente, cuando cuesta disfrutar sin culpa o cuando sientes que no mereces el descanso o el cariño. También cuando te resulta difícil decir que no, poner límites o pedir lo que necesitas.
En parte, sí, y no es algo negativo. La autoestima se construye en relación: desde pequeños aprendemos quiénes somos a través de cómo nos miran y nos tratan, y esa mirada acaba siendo la nuestra. Pero no tiene por qué depender siempre de los otros. En terapia revisas esas miradas aprendidas para sostener una valoración más propia.
No se trata de «subir» la autoestima como si fuera una nota, sino de entender cómo se formó esa voz que juzga, exige o compara. Miramos tu historia con amabilidad, reconocemos qué parte de esa dureza fue protección y aprendes a relacionarte contigo desde un lugar más real y compasivo.
La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Las sesiones de pareja o de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00, y \1uedes escribirnos por WhatsApp.
Sí. La terapia online por videollamada sigue el mismo proceso que la presencial, con la misma duración y el mismo precio. A muchas personas les resulta cómodo hablar de cómo se ven desde su propio espacio. Lo importante es contar con un lugar tranquilo y privado donde puedas expresarte con libertad.
Depende de tu historia, de lo que quieras trabajar y de tu ritmo. No hay una duración fija: los objetivos se revisan contigo a lo largo del proceso. La autoestima no se arregla como un proyecto con fecha de entrega; se recupera poco a poco, a medida que cambia la forma en que te hablas.
A menudo sí. Cuidar de los demás es algo valioso, pero no es lo mismo que complacerlos por miedo a que se enfaden, a que te rechacen o a que surja un conflicto. Cuando dices que sí a todo para evitar tensiones, tus necesidades van quedando en segundo plano y la sensación de valer poco se refuerza. En terapia aprendemos a distinguir cuándo ayudas porque quieres y cuándo lo haces para protegerte, y practicamos poco a poco decir lo que piensas y poner límites.
La autocrítica feroz es muy frecuente en los problemas de autoestima. A veces cumple, sin que lo sepamos, una función: es más fácil culparse que enfadarse con alguien importante o ponerle un límite. También aparece cuando te exiges ser ya la versión ideal de ti y cualquier distancia con esa imagen se vive como un fracaso, algo muy ligado al síndrome del impostor. En terapia trabajamos para entender de dónde viene esa voz tan dura y para aprender a tratarte con más justicia.
Sí. El miedo a decepcionar a otros, y también a decepcionarte a ti, está en la base de muchas dificultades de autoestima: hace que evites riesgos, que te cueste decidir o que vivas pendiente de la opinión ajena. Suele nacer de una idea muy exigente de lo que «deberías» ser para merecer aprecio. En terapia exploramos de dónde viene esa exigencia, cómo se activa en tu día a día y qué ocurre cuando, poco a poco, te permites no estar a la altura de todo.
Es más habitual de lo que parece. Pedir ayuda y dejarse ayudar no son lo mismo: hay personas que buscan apoyo pero, cuando lo reciben, sienten que quedan por debajo, que deben algo o que demuestran debilidad, y acaban rechazándolo. Esto puede aparecer también en terapia, y está bien que así sea, porque permite hablarlo en un espacio seguro. Entender qué significa para ti recibir ayuda suele abrir la puerta a relaciones más equilibradas, en las que dar y recibir no asustan.
A menudo no. Si te dices «soy maravillosa» y por dentro no te lo crees, la frase choca con lo que piensas de verdad y el contraste puede hacerte sentir peor. La autoestima se construye más con hechos que con eslóganes: hacer cosas que te importan, cumplir pequeños compromisos contigo y, sobre todo, cambiar cómo te tratas cuando te equivocas. En terapia trabajamos esa voz interna y buscamos una forma de hablarte que sea creíble, no forzada.
No siempre. Una autoestima que depende de ser mejor que los demás, de tener éxito constante o de no fallar nunca es frágil: se viene abajo con cada crítica o cada error, y obliga a estar demostrando todo el tiempo. Lo que protege más no es valorarse muy alto, sino tratarse con respeto también cuando las cosas salen mal. Por eso en terapia trabajamos la autocompasión además de la autoestima: una base estable que no dependa de compararte.
La autocompasión es tratarte con la misma amabilidad con la que tratarías a una persona querida que lo está pasando mal o que se ha equivocado. No significa quitarte responsabilidad ni conformarte: puedes reconocer un error, reparar lo que haga falta y proponerte cambiar, pero sin machacarte. Justificarse es negar o minimizar lo ocurrido; la autocompasión, en cambio, lo mira de frente con un tono que te permite aprender. Curiosamente, castigarte suele paralizar más que ayudar a mejorar.
No. Quererte no es pensar solo en ti, sino actuar de forma coherente con lo que te importa y no abandonarte por el camino. A veces eso significa priorizarte y decir que no; otras, cuidar de alguien a quien quieres porque es importante para ti. La diferencia está en si lo eliges o lo haces por miedo, culpa u obligación. En terapia ayudamos a encontrar ese equilibrio, sin pasar de olvidarte por completo a desentenderte de los demás.
Puede influir, pero no siempre es la única razón. A veces una persona se queda porque irse duele mucho, porque tiene miedo a la soledad, porque hay dependencia económica o hijos en común, o porque sigue esperando que la relación cambie. Pensar que es solo cosa de tu autoestima puede añadir culpa. Además, la autoestima mejora al actuar en tu favor, no solo al sentirte mejor primero. Si en la relación hay control, miedo o agresiones, llama al 016 o, en peligro inmediato, al 112.
No. Que una persona no te elija, no te conteste o no quiera seguir contigo habla de sus gustos, su momento o sus circunstancias, no de tu valor como persona. El rechazo duele, y es humano tenerle miedo, porque necesitamos sentirnos parte de algo. El problema aparece cuando cada rechazo se convierte en una prueba de que hay algo malo en ti. En terapia trabajamos para que puedas sentir esa pena sin convertirla en un juicio sobre quién eres.
No. La introversión es una forma de ser: prefieres grupos pequeños, necesitas tiempo a solas para recargar y eso no tiene nada de malo. La timidez es cierta incomodidad ante personas nuevas o situaciones sociales, y también es muy común. Ninguna de las dos implica valorarte poco. Merece la pena trabajarlo cuando el miedo a lo que piensen te hace evitar cosas que de verdad quieres, como hablar en clase, conocer gente o pedir lo que necesitas.
Muchas veces lo difícil no es decir que no, sino lo que viene después: la culpa, el miedo a que la otra persona se enfade o se aleje, o la incomodidad de un silencio tenso. Si aprendiste que tu sitio dependía de estar disponible, ese malestar se vive como una amenaza. Por eso poner límites implica aprender a tolerar ese rato desagradable sin echarte atrás. En terapia practicamos con situaciones concretas, empezando por las más fáciles, y revisamos qué temes que pase.
Porque un elogio sincero toca justo aquello que nos cuesta mirar de nosotros mismos y choca con la imagen que tenemos. Si llevas tiempo viéndote con dureza, un cumplido puede sentirse como un error, una exageración o incluso una trampa, y la reacción automática es quitarle importancia o devolverlo enseguida. Recibirlo se puede practicar: decir solo «gracias», sin justificarte, y quedarte un momento con lo que te han dicho. En terapia se trabaja de dónde viene esa incomodidad y cómo ampliar la mirada que tienes sobre ti.
Muchas veces, sí. Las frases que escuchamos de pequeños, sobre todo de las personas que nos cuidaban, tienden a quedarse dentro y convertirse en nuestra forma de hablarnos. Por eso la autocrítica puede sonar a un tono o a unas palabras conocidas. Reconocerlo no es culpar a nadie: muchos padres repetían lo que también aprendieron. Una pregunta útil es «¿de quién es esta frase?». En terapia se trabaja cómo distanciarte de esa voz, cuestionar lo que dice y construir otra forma de tratarte, más justa y amable.
Porque los logros, por sí solos, no suelen llenar ese vacío. Si tu valor depende de lo que consigues, cada meta alcanzada da un alivio breve y enseguida aparece la siguiente exigencia, como beber agua salada para quitarte la sed. Muchas veces debajo hay una idea antigua de que solo vales si rindes o si los demás te aprueban. En terapia se trabaja cómo separar tu valor de tus resultados, cómo reconocer lo que haces sin quitarle importancia y cómo disfrutar de lo conseguido sin pasar directamente a lo siguiente.
Puede tener que ver. No suelen costar las palabras en sí, sino lo que implican: quedarte expuesta, reconocer que has fallado o que necesitas a alguien. Si de pequeña mostrar vulnerabilidad no era seguro, o si te sientes valiosa solo cuando no fallas, decirlas puede vivirse como un riesgo. Pedir perdón no te hace menos y decir «te quiero» no te deja indefensa, aunque así se sienta. En terapia se trabaja tolerar esa vulnerabilidad poco a poco y entender qué temes que pase si las dices.
No hace falta que te encante para estar bien. La presión por amar el propio cuerpo puede convertirse en otra exigencia más. Una meta más realista es la aceptación: que tu cuerpo interfiera lo menos posible en lo que te importa, aunque haya días en que no te guste. Eso significa ir a la playa, bailar, comer con amigos o vestirte como quieras sin que la imagen decida por ti. También ayuda tratar a tu cuerpo con respeto y fijarte en lo que te permite hacer. En terapia se trabaja esa relación poco a poco.
Puede hacerte más vulnerable. Imagina tu autoestima como una tarta con porciones: el trabajo, las relaciones, las aficiones, tus valores, el cuerpo. Si una sola porción ocupa casi toda la tarta, cualquier mal día en esa área lo tambalea todo, porque no hay otros apoyos. No se trata de dejar de valorar lo que te importa, sino de ampliar las otras partes: cuidar amistades, retomar aficiones o reconocer cualidades que no tienen que ver con el rendimiento ni con la imagen. En terapia se trabaja ese reparto.
No, y esa frase puede hacer mucho daño. A menudo ocurre al revés: cuesta quererse cuando no te han querido bien, y los vínculos sanos son precisamente una de las formas en que se construye la autoestima. Las personas con la autoestima baja también pueden ser queridas y tener buenas relaciones. Lo que sí ocurre es que, si te tratas con mucha dureza, puede costarte creer el cariño de los demás o aceptar relaciones que no te convienen. En terapia se trabaja la autoestima también a través de relaciones que te sostienen.
Sí. Es frecuente que la vergüenza corporal lleve a evitar desnudarse, apagar siempre la luz o esquivar los encuentros íntimos. Evitar alivia en el momento, pero con el tiempo aumenta el miedo y puede generar distancia o malentendidos en la pareja, que a veces lo interpreta como falta de deseo. En terapia se trabaja la relación con tu cuerpo, el miedo a ser mirada y cómo hablarlo con tu pareja. Si afecta a la sexualidad, también puede abordarse en sexología, a tu ritmo y sin forzar nada.
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Qué trabajamos en terapia de autoestima
Preguntas frecuentes sobre la autoestima
No siempre se nota enseguida. A veces se disfraza de perfeccionismo, indecisión, ansiedad o necesidad de aprobación. Puede notarse cuando nada parece suficiente, cuando cuesta disfrutar sin culpa o cuando sientes que no mereces el descanso o el cariño. También cuando te resulta difícil decir que no, poner límites o pedir lo que necesitas.
En parte, sí, y no es algo negativo. La autoestima se construye en relación: desde pequeños aprendemos quiénes somos a través de cómo nos miran y nos tratan, y esa mirada acaba siendo la nuestra. Pero no tiene por qué depender siempre de los otros. En terapia revisas esas miradas aprendidas para sostener una valoración más propia.
No se trata de «subir» la autoestima como si fuera una nota, sino de entender cómo se formó esa voz que juzga, exige o compara. Miramos tu historia con amabilidad, reconocemos qué parte de esa dureza fue protección y aprendes a relacionarte contigo desde un lugar más real y compasivo.
La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Las sesiones de pareja o de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00, y \1uedes escribirnos por WhatsApp.
Sí. La terapia online por videollamada sigue el mismo proceso que la presencial, con la misma duración y el mismo precio. A muchas personas les resulta cómodo hablar de cómo se ven desde su propio espacio. Lo importante es contar con un lugar tranquilo y privado donde puedas expresarte con libertad.
Depende de tu historia, de lo que quieras trabajar y de tu ritmo. No hay una duración fija: los objetivos se revisan contigo a lo largo del proceso. La autoestima no se arregla como un proyecto con fecha de entrega; se recupera poco a poco, a medida que cambia la forma en que te hablas.
A menudo sí. Cuidar de los demás es algo valioso, pero no es lo mismo que complacerlos por miedo a que se enfaden, a que te rechacen o a que surja un conflicto. Cuando dices que sí a todo para evitar tensiones, tus necesidades van quedando en segundo plano y la sensación de valer poco se refuerza. En terapia aprendemos a distinguir cuándo ayudas porque quieres y cuándo lo haces para protegerte, y practicamos poco a poco decir lo que piensas y poner límites.
La autocrítica feroz es muy frecuente en los problemas de autoestima. A veces cumple, sin que lo sepamos, una función: es más fácil culparse que enfadarse con alguien importante o ponerle un límite. También aparece cuando te exiges ser ya la versión ideal de ti y cualquier distancia con esa imagen se vive como un fracaso, algo muy ligado al síndrome del impostor. En terapia trabajamos para entender de dónde viene esa voz tan dura y para aprender a tratarte con más justicia.
Sí. El miedo a decepcionar a otros, y también a decepcionarte a ti, está en la base de muchas dificultades de autoestima: hace que evites riesgos, que te cueste decidir o que vivas pendiente de la opinión ajena. Suele nacer de una idea muy exigente de lo que «deberías» ser para merecer aprecio. En terapia exploramos de dónde viene esa exigencia, cómo se activa en tu día a día y qué ocurre cuando, poco a poco, te permites no estar a la altura de todo.
Es más habitual de lo que parece. Pedir ayuda y dejarse ayudar no son lo mismo: hay personas que buscan apoyo pero, cuando lo reciben, sienten que quedan por debajo, que deben algo o que demuestran debilidad, y acaban rechazándolo. Esto puede aparecer también en terapia, y está bien que así sea, porque permite hablarlo en un espacio seguro. Entender qué significa para ti recibir ayuda suele abrir la puerta a relaciones más equilibradas, en las que dar y recibir no asustan.
A menudo no. Si te dices «soy maravillosa» y por dentro no te lo crees, la frase choca con lo que piensas de verdad y el contraste puede hacerte sentir peor. La autoestima se construye más con hechos que con eslóganes: hacer cosas que te importan, cumplir pequeños compromisos contigo y, sobre todo, cambiar cómo te tratas cuando te equivocas. En terapia trabajamos esa voz interna y buscamos una forma de hablarte que sea creíble, no forzada.
No siempre. Una autoestima que depende de ser mejor que los demás, de tener éxito constante o de no fallar nunca es frágil: se viene abajo con cada crítica o cada error, y obliga a estar demostrando todo el tiempo. Lo que protege más no es valorarse muy alto, sino tratarse con respeto también cuando las cosas salen mal. Por eso en terapia trabajamos la autocompasión además de la autoestima: una base estable que no dependa de compararte.
La autocompasión es tratarte con la misma amabilidad con la que tratarías a una persona querida que lo está pasando mal o que se ha equivocado. No significa quitarte responsabilidad ni conformarte: puedes reconocer un error, reparar lo que haga falta y proponerte cambiar, pero sin machacarte. Justificarse es negar o minimizar lo ocurrido; la autocompasión, en cambio, lo mira de frente con un tono que te permite aprender. Curiosamente, castigarte suele paralizar más que ayudar a mejorar.
No. Quererte no es pensar solo en ti, sino actuar de forma coherente con lo que te importa y no abandonarte por el camino. A veces eso significa priorizarte y decir que no; otras, cuidar de alguien a quien quieres porque es importante para ti. La diferencia está en si lo eliges o lo haces por miedo, culpa u obligación. En terapia ayudamos a encontrar ese equilibrio, sin pasar de olvidarte por completo a desentenderte de los demás.
Puede influir, pero no siempre es la única razón. A veces una persona se queda porque irse duele mucho, porque tiene miedo a la soledad, porque hay dependencia económica o hijos en común, o porque sigue esperando que la relación cambie. Pensar que es solo cosa de tu autoestima puede añadir culpa. Además, la autoestima mejora al actuar en tu favor, no solo al sentirte mejor primero. Si en la relación hay control, miedo o agresiones, llama al 016 o, en peligro inmediato, al 112.
No. Que una persona no te elija, no te conteste o no quiera seguir contigo habla de sus gustos, su momento o sus circunstancias, no de tu valor como persona. El rechazo duele, y es humano tenerle miedo, porque necesitamos sentirnos parte de algo. El problema aparece cuando cada rechazo se convierte en una prueba de que hay algo malo en ti. En terapia trabajamos para que puedas sentir esa pena sin convertirla en un juicio sobre quién eres.
No. La introversión es una forma de ser: prefieres grupos pequeños, necesitas tiempo a solas para recargar y eso no tiene nada de malo. La timidez es cierta incomodidad ante personas nuevas o situaciones sociales, y también es muy común. Ninguna de las dos implica valorarte poco. Merece la pena trabajarlo cuando el miedo a lo que piensen te hace evitar cosas que de verdad quieres, como hablar en clase, conocer gente o pedir lo que necesitas.
Muchas veces lo difícil no es decir que no, sino lo que viene después: la culpa, el miedo a que la otra persona se enfade o se aleje, o la incomodidad de un silencio tenso. Si aprendiste que tu sitio dependía de estar disponible, ese malestar se vive como una amenaza. Por eso poner límites implica aprender a tolerar ese rato desagradable sin echarte atrás. En terapia practicamos con situaciones concretas, empezando por las más fáciles, y revisamos qué temes que pase.
Porque un elogio sincero toca justo aquello que nos cuesta mirar de nosotros mismos y choca con la imagen que tenemos. Si llevas tiempo viéndote con dureza, un cumplido puede sentirse como un error, una exageración o incluso una trampa, y la reacción automática es quitarle importancia o devolverlo enseguida. Recibirlo se puede practicar: decir solo «gracias», sin justificarte, y quedarte un momento con lo que te han dicho. En terapia se trabaja de dónde viene esa incomodidad y cómo ampliar la mirada que tienes sobre ti.
Muchas veces, sí. Las frases que escuchamos de pequeños, sobre todo de las personas que nos cuidaban, tienden a quedarse dentro y convertirse en nuestra forma de hablarnos. Por eso la autocrítica puede sonar a un tono o a unas palabras conocidas. Reconocerlo no es culpar a nadie: muchos padres repetían lo que también aprendieron. Una pregunta útil es «¿de quién es esta frase?». En terapia se trabaja cómo distanciarte de esa voz, cuestionar lo que dice y construir otra forma de tratarte, más justa y amable.
Porque los logros, por sí solos, no suelen llenar ese vacío. Si tu valor depende de lo que consigues, cada meta alcanzada da un alivio breve y enseguida aparece la siguiente exigencia, como beber agua salada para quitarte la sed. Muchas veces debajo hay una idea antigua de que solo vales si rindes o si los demás te aprueban. En terapia se trabaja cómo separar tu valor de tus resultados, cómo reconocer lo que haces sin quitarle importancia y cómo disfrutar de lo conseguido sin pasar directamente a lo siguiente.
Puede tener que ver. No suelen costar las palabras en sí, sino lo que implican: quedarte expuesta, reconocer que has fallado o que necesitas a alguien. Si de pequeña mostrar vulnerabilidad no era seguro, o si te sientes valiosa solo cuando no fallas, decirlas puede vivirse como un riesgo. Pedir perdón no te hace menos y decir «te quiero» no te deja indefensa, aunque así se sienta. En terapia se trabaja tolerar esa vulnerabilidad poco a poco y entender qué temes que pase si las dices.
No hace falta que te encante para estar bien. La presión por amar el propio cuerpo puede convertirse en otra exigencia más. Una meta más realista es la aceptación: que tu cuerpo interfiera lo menos posible en lo que te importa, aunque haya días en que no te guste. Eso significa ir a la playa, bailar, comer con amigos o vestirte como quieras sin que la imagen decida por ti. También ayuda tratar a tu cuerpo con respeto y fijarte en lo que te permite hacer. En terapia se trabaja esa relación poco a poco.
Puede hacerte más vulnerable. Imagina tu autoestima como una tarta con porciones: el trabajo, las relaciones, las aficiones, tus valores, el cuerpo. Si una sola porción ocupa casi toda la tarta, cualquier mal día en esa área lo tambalea todo, porque no hay otros apoyos. No se trata de dejar de valorar lo que te importa, sino de ampliar las otras partes: cuidar amistades, retomar aficiones o reconocer cualidades que no tienen que ver con el rendimiento ni con la imagen. En terapia se trabaja ese reparto.
No, y esa frase puede hacer mucho daño. A menudo ocurre al revés: cuesta quererse cuando no te han querido bien, y los vínculos sanos son precisamente una de las formas en que se construye la autoestima. Las personas con la autoestima baja también pueden ser queridas y tener buenas relaciones. Lo que sí ocurre es que, si te tratas con mucha dureza, puede costarte creer el cariño de los demás o aceptar relaciones que no te convienen. En terapia se trabaja la autoestima también a través de relaciones que te sostienen.
Sí. Es frecuente que la vergüenza corporal lleve a evitar desnudarse, apagar siempre la luz o esquivar los encuentros íntimos. Evitar alivia en el momento, pero con el tiempo aumenta el miedo y puede generar distancia o malentendidos en la pareja, que a veces lo interpreta como falta de deseo. En terapia se trabaja la relación con tu cuerpo, el miedo a ser mirada y cómo hablarlo con tu pareja. Si afecta a la sexualidad, también puede abordarse en sexología, a tu ritmo y sin forzar nada.
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Preguntas frecuentes sobre la autoestima
No siempre se nota enseguida. A veces se disfraza de perfeccionismo, indecisión, ansiedad o necesidad de aprobación. Puede notarse cuando nada parece suficiente, cuando cuesta disfrutar sin culpa o cuando sientes que no mereces el descanso o el cariño. También cuando te resulta difícil decir que no, poner límites o pedir lo que necesitas.
En parte, sí, y no es algo negativo. La autoestima se construye en relación: desde pequeños aprendemos quiénes somos a través de cómo nos miran y nos tratan, y esa mirada acaba siendo la nuestra. Pero no tiene por qué depender siempre de los otros. En terapia revisas esas miradas aprendidas para sostener una valoración más propia.
No se trata de «subir» la autoestima como si fuera una nota, sino de entender cómo se formó esa voz que juzga, exige o compara. Miramos tu historia con amabilidad, reconocemos qué parte de esa dureza fue protección y aprendes a relacionarte contigo desde un lugar más real y compasivo.
La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Las sesiones de pareja o de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00, y \1uedes escribirnos por WhatsApp.
Sí. La terapia online por videollamada sigue el mismo proceso que la presencial, con la misma duración y el mismo precio. A muchas personas les resulta cómodo hablar de cómo se ven desde su propio espacio. Lo importante es contar con un lugar tranquilo y privado donde puedas expresarte con libertad.
Depende de tu historia, de lo que quieras trabajar y de tu ritmo. No hay una duración fija: los objetivos se revisan contigo a lo largo del proceso. La autoestima no se arregla como un proyecto con fecha de entrega; se recupera poco a poco, a medida que cambia la forma en que te hablas.
A menudo sí. Cuidar de los demás es algo valioso, pero no es lo mismo que complacerlos por miedo a que se enfaden, a que te rechacen o a que surja un conflicto. Cuando dices que sí a todo para evitar tensiones, tus necesidades van quedando en segundo plano y la sensación de valer poco se refuerza. En terapia aprendemos a distinguir cuándo ayudas porque quieres y cuándo lo haces para protegerte, y practicamos poco a poco decir lo que piensas y poner límites.
La autocrítica feroz es muy frecuente en los problemas de autoestima. A veces cumple, sin que lo sepamos, una función: es más fácil culparse que enfadarse con alguien importante o ponerle un límite. También aparece cuando te exiges ser ya la versión ideal de ti y cualquier distancia con esa imagen se vive como un fracaso, algo muy ligado al síndrome del impostor. En terapia trabajamos para entender de dónde viene esa voz tan dura y para aprender a tratarte con más justicia.
Sí. El miedo a decepcionar a otros, y también a decepcionarte a ti, está en la base de muchas dificultades de autoestima: hace que evites riesgos, que te cueste decidir o que vivas pendiente de la opinión ajena. Suele nacer de una idea muy exigente de lo que «deberías» ser para merecer aprecio. En terapia exploramos de dónde viene esa exigencia, cómo se activa en tu día a día y qué ocurre cuando, poco a poco, te permites no estar a la altura de todo.
Es más habitual de lo que parece. Pedir ayuda y dejarse ayudar no son lo mismo: hay personas que buscan apoyo pero, cuando lo reciben, sienten que quedan por debajo, que deben algo o que demuestran debilidad, y acaban rechazándolo. Esto puede aparecer también en terapia, y está bien que así sea, porque permite hablarlo en un espacio seguro. Entender qué significa para ti recibir ayuda suele abrir la puerta a relaciones más equilibradas, en las que dar y recibir no asustan.
A menudo no. Si te dices «soy maravillosa» y por dentro no te lo crees, la frase choca con lo que piensas de verdad y el contraste puede hacerte sentir peor. La autoestima se construye más con hechos que con eslóganes: hacer cosas que te importan, cumplir pequeños compromisos contigo y, sobre todo, cambiar cómo te tratas cuando te equivocas. En terapia trabajamos esa voz interna y buscamos una forma de hablarte que sea creíble, no forzada.
No siempre. Una autoestima que depende de ser mejor que los demás, de tener éxito constante o de no fallar nunca es frágil: se viene abajo con cada crítica o cada error, y obliga a estar demostrando todo el tiempo. Lo que protege más no es valorarse muy alto, sino tratarse con respeto también cuando las cosas salen mal. Por eso en terapia trabajamos la autocompasión además de la autoestima: una base estable que no dependa de compararte.
La autocompasión es tratarte con la misma amabilidad con la que tratarías a una persona querida que lo está pasando mal o que se ha equivocado. No significa quitarte responsabilidad ni conformarte: puedes reconocer un error, reparar lo que haga falta y proponerte cambiar, pero sin machacarte. Justificarse es negar o minimizar lo ocurrido; la autocompasión, en cambio, lo mira de frente con un tono que te permite aprender. Curiosamente, castigarte suele paralizar más que ayudar a mejorar.
No. Quererte no es pensar solo en ti, sino actuar de forma coherente con lo que te importa y no abandonarte por el camino. A veces eso significa priorizarte y decir que no; otras, cuidar de alguien a quien quieres porque es importante para ti. La diferencia está en si lo eliges o lo haces por miedo, culpa u obligación. En terapia ayudamos a encontrar ese equilibrio, sin pasar de olvidarte por completo a desentenderte de los demás.
Puede influir, pero no siempre es la única razón. A veces una persona se queda porque irse duele mucho, porque tiene miedo a la soledad, porque hay dependencia económica o hijos en común, o porque sigue esperando que la relación cambie. Pensar que es solo cosa de tu autoestima puede añadir culpa. Además, la autoestima mejora al actuar en tu favor, no solo al sentirte mejor primero. Si en la relación hay control, miedo o agresiones, llama al 016 o, en peligro inmediato, al 112.
No. Que una persona no te elija, no te conteste o no quiera seguir contigo habla de sus gustos, su momento o sus circunstancias, no de tu valor como persona. El rechazo duele, y es humano tenerle miedo, porque necesitamos sentirnos parte de algo. El problema aparece cuando cada rechazo se convierte en una prueba de que hay algo malo en ti. En terapia trabajamos para que puedas sentir esa pena sin convertirla en un juicio sobre quién eres.
No. La introversión es una forma de ser: prefieres grupos pequeños, necesitas tiempo a solas para recargar y eso no tiene nada de malo. La timidez es cierta incomodidad ante personas nuevas o situaciones sociales, y también es muy común. Ninguna de las dos implica valorarte poco. Merece la pena trabajarlo cuando el miedo a lo que piensen te hace evitar cosas que de verdad quieres, como hablar en clase, conocer gente o pedir lo que necesitas.
Muchas veces lo difícil no es decir que no, sino lo que viene después: la culpa, el miedo a que la otra persona se enfade o se aleje, o la incomodidad de un silencio tenso. Si aprendiste que tu sitio dependía de estar disponible, ese malestar se vive como una amenaza. Por eso poner límites implica aprender a tolerar ese rato desagradable sin echarte atrás. En terapia practicamos con situaciones concretas, empezando por las más fáciles, y revisamos qué temes que pase.
Porque un elogio sincero toca justo aquello que nos cuesta mirar de nosotros mismos y choca con la imagen que tenemos. Si llevas tiempo viéndote con dureza, un cumplido puede sentirse como un error, una exageración o incluso una trampa, y la reacción automática es quitarle importancia o devolverlo enseguida. Recibirlo se puede practicar: decir solo «gracias», sin justificarte, y quedarte un momento con lo que te han dicho. En terapia se trabaja de dónde viene esa incomodidad y cómo ampliar la mirada que tienes sobre ti.
Muchas veces, sí. Las frases que escuchamos de pequeños, sobre todo de las personas que nos cuidaban, tienden a quedarse dentro y convertirse en nuestra forma de hablarnos. Por eso la autocrítica puede sonar a un tono o a unas palabras conocidas. Reconocerlo no es culpar a nadie: muchos padres repetían lo que también aprendieron. Una pregunta útil es «¿de quién es esta frase?». En terapia se trabaja cómo distanciarte de esa voz, cuestionar lo que dice y construir otra forma de tratarte, más justa y amable.
Porque los logros, por sí solos, no suelen llenar ese vacío. Si tu valor depende de lo que consigues, cada meta alcanzada da un alivio breve y enseguida aparece la siguiente exigencia, como beber agua salada para quitarte la sed. Muchas veces debajo hay una idea antigua de que solo vales si rindes o si los demás te aprueban. En terapia se trabaja cómo separar tu valor de tus resultados, cómo reconocer lo que haces sin quitarle importancia y cómo disfrutar de lo conseguido sin pasar directamente a lo siguiente.
Puede tener que ver. No suelen costar las palabras en sí, sino lo que implican: quedarte expuesta, reconocer que has fallado o que necesitas a alguien. Si de pequeña mostrar vulnerabilidad no era seguro, o si te sientes valiosa solo cuando no fallas, decirlas puede vivirse como un riesgo. Pedir perdón no te hace menos y decir «te quiero» no te deja indefensa, aunque así se sienta. En terapia se trabaja tolerar esa vulnerabilidad poco a poco y entender qué temes que pase si las dices.
No hace falta que te encante para estar bien. La presión por amar el propio cuerpo puede convertirse en otra exigencia más. Una meta más realista es la aceptación: que tu cuerpo interfiera lo menos posible en lo que te importa, aunque haya días en que no te guste. Eso significa ir a la playa, bailar, comer con amigos o vestirte como quieras sin que la imagen decida por ti. También ayuda tratar a tu cuerpo con respeto y fijarte en lo que te permite hacer. En terapia se trabaja esa relación poco a poco.
Puede hacerte más vulnerable. Imagina tu autoestima como una tarta con porciones: el trabajo, las relaciones, las aficiones, tus valores, el cuerpo. Si una sola porción ocupa casi toda la tarta, cualquier mal día en esa área lo tambalea todo, porque no hay otros apoyos. No se trata de dejar de valorar lo que te importa, sino de ampliar las otras partes: cuidar amistades, retomar aficiones o reconocer cualidades que no tienen que ver con el rendimiento ni con la imagen. En terapia se trabaja ese reparto.
No, y esa frase puede hacer mucho daño. A menudo ocurre al revés: cuesta quererse cuando no te han querido bien, y los vínculos sanos son precisamente una de las formas en que se construye la autoestima. Las personas con la autoestima baja también pueden ser queridas y tener buenas relaciones. Lo que sí ocurre es que, si te tratas con mucha dureza, puede costarte creer el cariño de los demás o aceptar relaciones que no te convienen. En terapia se trabaja la autoestima también a través de relaciones que te sostienen.
Sí. Es frecuente que la vergüenza corporal lleve a evitar desnudarse, apagar siempre la luz o esquivar los encuentros íntimos. Evitar alivia en el momento, pero con el tiempo aumenta el miedo y puede generar distancia o malentendidos en la pareja, que a veces lo interpreta como falta de deseo. En terapia se trabaja la relación con tu cuerpo, el miedo a ser mirada y cómo hablarlo con tu pareja. Si afecta a la sexualidad, también puede abordarse en sexología, a tu ritmo y sin forzar nada.
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Tratarte con cariño
es un buen comienzo.
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