Sexólogo y terapia sexual

Sexólogo y terapia sexual para dificultades de deseo, erección, orgasmo, dolor o vaginismo, con psicólogas sanitarias. Confidencial, presencial u online.

Sexólogo y terapia sexual: terapia psicológica presencial y online
  • Psicólogas sanitarias colegiadas
  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
  • 5,0 en Google

¿Qué es la terapia sexual y en qué te puede ayudar?

La terapia sexual es un espacio para entender cómo vives tu sexualidad: tu cuerpo, tu deseo, el placer y la relación con otras personas. Ayuda con dificultades de deseo, erección, orgasmo o dolor, y con bloqueos que no siempre tienen nombre.

Desde la sexología no buscamos definir qué es «normal», sino comprender el sentido de lo que vives: cómo se ha configurado y qué lugar ocupa en tu historia.

Las dificultades sexuales no son fallos que haya que arreglar: suelen ser una señal de que algo necesita cuidado.

Cuándo y por qué aparecen los problemas sexuales

La sexualidad también es salud, y se puede hablar de ella sin vergüenza.

Los problemas sexuales suelen aparecer cuando algo cambia: en ti, en la relación o en cómo te sientes con tu cuerpo. A veces llegan tras una etapa de estrés, cansancio o rutina; otras, después de una ruptura, una mala experiencia o un cambio vital importante.

Pueden notarse en el cuerpo, cuando el deseo desaparece o el cuerpo «no responde», o en lo emocional: ansiedad o culpa en la intimidad, miedo al contacto, vergüenza o la sensación de que la sexualidad se ha vuelto algo lejano.

Factores que influyen en la sexualidad

  1. 01Estrés, preocupaciones y cansancio acumulado.
  2. 02Ansiedad por el rendimiento o miedo al juicio.
  3. 03Experiencias pasadas difíciles o traumáticas.
  4. 04Problemas de comunicación en la pareja.
  5. 05Cambios hormonales o nuevas etapas vitales.
  6. 06Culpa, tabúes o mensajes aprendidos sobre el sexo.

Cuándo pedir ayuda

  • Tu deseo ha disminuido o se siente forzado.
  • Hay dificultades de erección o de control eyaculatorio.
  • Sientes dolor o tensión en las relaciones o en la penetración.
  • Te cuesta llegar al orgasmo o disfrutar del placer.
  • Notas vergüenza o bloqueo en los momentos íntimos.
  • Sientes desconexión con tu cuerpo o con tu deseo.
Pide cita →

Terapia sexual: cómo trabajamos

Partimos de que tu sexualidad tiene sentido: no «funciona mal», sino que expresa una forma de adaptarte, protegerte o buscar conexión. Exploramos de dónde vienen las dificultades y trabajamos para recuperar la capacidad de disfrutar, vincularte y elegir con libertad.

Puedes venir de forma individual o en pareja. Las sesiones duran 50 minutos y pueden ser presenciales en nuestro centro u online.

  • Sesiones de 50 minutos
  • Semanales al principio
  • Presencial u online
  • 65 € individual · 80 € pareja o familia

Cómo es el proceso

  1. 01

    Primer contacto

    Nos escribes por WhatsApp, con total confidencialidad, y acordamos la primera sesión.

  2. 02

    Entender tu vivencia

    Hablamos de lo que te ocurre, a tu ritmo y sin juicios, para comprender su sentido.

  3. 03

    Cuerpo, deseo y vínculo

    Trabajamos la ansiedad, los bloqueos y la comunicación, en individual o con tu pareja.

  4. 04

    Vivirla con libertad

    Integras lo aprendido y recuperas una forma más tranquila y propia de vivir tu sexualidad.

Sexólogo y terapia sexual

Sexólogo y terapia sexual para dificultades de deseo, erección, orgasmo, dolor o vaginismo, con psicólogas sanitarias. Confidencial, presencial u online.

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  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
  • 5,0 en Google

¿Qué es la terapia sexual y en qué te puede ayudar?

La terapia sexual es un espacio para entender cómo vives tu sexualidad: tu cuerpo, tu deseo, el placer y la relación con otras personas. Ayuda con dificultades de deseo, erección, orgasmo o dolor, y con bloqueos que no siempre tienen nombre.

Desde la sexología no buscamos definir qué es «normal», sino comprender el sentido de lo que vives: cómo se ha configurado y qué lugar ocupa en tu historia.

Las dificultades sexuales no son fallos que haya que arreglar: suelen ser una señal de que algo necesita cuidado.

Cuándo y por qué aparecen los problemas sexuales

La sexualidad también es salud, y se puede hablar de ella sin vergüenza.

Los problemas sexuales suelen aparecer cuando algo cambia: en ti, en la relación o en cómo te sientes con tu cuerpo. A veces llegan tras una etapa de estrés, cansancio o rutina; otras, después de una ruptura, una mala experiencia o un cambio vital importante.

Pueden notarse en el cuerpo, cuando el deseo desaparece o el cuerpo «no responde», o en lo emocional: ansiedad o culpa en la intimidad, miedo al contacto, vergüenza o la sensación de que la sexualidad se ha vuelto algo lejano.

Factores que influyen en la sexualidad

  1. 01Estrés, preocupaciones y cansancio acumulado.
  2. 02Ansiedad por el rendimiento o miedo al juicio.
  3. 03Experiencias pasadas difíciles o traumáticas.
  4. 04Problemas de comunicación en la pareja.
  5. 05Cambios hormonales o nuevas etapas vitales.
  6. 06Culpa, tabúes o mensajes aprendidos sobre el sexo.

Cuándo pedir ayuda

  • Tu deseo ha disminuido o se siente forzado.
  • Hay dificultades de erección o de control eyaculatorio.
  • Sientes dolor o tensión en las relaciones o en la penetración.
  • Te cuesta llegar al orgasmo o disfrutar del placer.
  • Notas vergüenza o bloqueo en los momentos íntimos.
  • Sientes desconexión con tu cuerpo o con tu deseo.
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Terapia sexual: cómo trabajamos

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Puedes venir de forma individual o en pareja. Las sesiones duran 50 minutos y pueden ser presenciales en nuestro centro u online.

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  2. 02

    Entender tu vivencia

    Hablamos de lo que te ocurre, a tu ritmo y sin juicios, para comprender su sentido.

  3. 03

    Cuerpo, deseo y vínculo

    Trabajamos la ansiedad, los bloqueos y la comunicación, en individual o con tu pareja.

  4. 04

    Vivirla con libertad

    Integras lo aprendido y recuperas una forma más tranquila y propia de vivir tu sexualidad.

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¿Qué es la terapia sexual y en qué te puede ayudar?

La terapia sexual es un espacio para entender cómo vives tu sexualidad: tu cuerpo, tu deseo, el placer y la relación con otras personas. Ayuda con dificultades de deseo, erección, orgasmo o dolor, y con bloqueos que no siempre tienen nombre.

Desde la sexología no buscamos definir qué es «normal», sino comprender el sentido de lo que vives: cómo se ha configurado y qué lugar ocupa en tu historia.

Las dificultades sexuales no son fallos que haya que arreglar: suelen ser una señal de que algo necesita cuidado.

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La sexualidad también es salud, y se puede hablar de ella sin vergüenza.

Los problemas sexuales suelen aparecer cuando algo cambia: en ti, en la relación o en cómo te sientes con tu cuerpo. A veces llegan tras una etapa de estrés, cansancio o rutina; otras, después de una ruptura, una mala experiencia o un cambio vital importante.

Pueden notarse en el cuerpo, cuando el deseo desaparece o el cuerpo «no responde», o en lo emocional: ansiedad o culpa en la intimidad, miedo al contacto, vergüenza o la sensación de que la sexualidad se ha vuelto algo lejano.

Factores que influyen en la sexualidad

  1. 01Estrés, preocupaciones y cansancio acumulado.
  2. 02Ansiedad por el rendimiento o miedo al juicio.
  3. 03Experiencias pasadas difíciles o traumáticas.
  4. 04Problemas de comunicación en la pareja.
  5. 05Cambios hormonales o nuevas etapas vitales.
  6. 06Culpa, tabúes o mensajes aprendidos sobre el sexo.

Cuándo pedir ayuda

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  • Sientes dolor o tensión en las relaciones o en la penetración.
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Quién te va a acompañar

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Psicólogas sanitarias colegiadas con formación en sexología y terapia sexual, para personas y parejas.

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¿No sabes con quién encajas?

Cuéntanos qué te pasa y te orientamos hacia la psicóloga cuyo enfoque mejor encaje contigo. Si en algún momento no conectas, buscamos otra opción sin que tengas que justificarte.

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Qué tratamos en terapia sexual

Disfunción eréctilControl eyaculatorioAnorgasmiaBajo deseo sexualVaginismo y dispareuniaEducación y orientación sexualDiversidad sexual y de géneroSexualidad en la parejaFantasías, tabúes y culpaY más…

Preguntas frecuentes sobre terapia sexual

¿Tienes otra duda?Escríbenos por WhatsApp y te respondemos enseguida, sin compromiso.Ver psicólogas ↑

La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos; las sesiones de pareja o familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. Puedes escribir antes a tu psicóloga, con total confidencialidad.

Sí. La sexualidad cambia a lo largo de la vida y depende de muchos factores: el estrés, las preocupaciones, la pareja, el cansancio, los cambios hormonales o la confianza. Pasar una etapa con menos deseo, con dificultad para disfrutar o con cierta desconexión no significa que algo vaya mal, sino que quizá sea momento de mirar con más atención qué está ocurriendo.

No necesariamente. Muchas veces el cuerpo responde a algo emocional o relacional: miedo al juicio, ansiedad por el rendimiento, experiencias pasadas o la comunicación con la pareja. Lo físico y lo psicológico a menudo se entrelazan. Por eso la terapia sexual busca comprender la experiencia completa, no solo el síntoma, y puede complementar la valoración médica cuando hace falta.

No. La sexualidad es una experiencia personal, estés o no en pareja. Muchas personas vienen a terapia individual para entender su deseo, reconciliarse con su cuerpo o trabajar la ansiedad asociada al sexo. Si tienes pareja y os apetece, podéis venir juntos; a veces se combina con terapia de pareja, que trabaja la relación en su conjunto.

Sí. La terapia sexual se basa en la conversación y en ejercicios que se trabajan en tu propio espacio, así que funciona bien por videollamada. A muchas personas hablar desde casa les ayuda a sentirse más cómodas con temas íntimos. Tiene el mismo precio que la presencial, y puedes venir a nuestro centro cuando prefieras.

Depende de cada persona, de la dificultad que te trae y de si vienes de forma individual o en pareja. No hay un número de sesiones fijo: el proceso se adapta a tu ritmo y a lo que vaya apareciendo. Revisamos contigo los avances de forma periódica para decidir cómo continuar.

Sí, es muy común. Hay personas en las que el deseo aparece de forma espontánea, sin buscarlo, y otras en las que surge sobre todo cuando ya han empezado un acercamiento, una caricia o un momento de intimidad: es lo que se llama deseo responsivo. Ninguno es mejor que el otro. Esperar a tener ganas antes de permitirte nada puede hacer que el deseo nunca llegue. Darte espacio, curiosidad, imaginación y pequeños acercamientos sin presión suele ayudar más que forzarte.

Porque cuando vives en modo automático, pendiente de obligaciones y sin descanso, al cuerpo le cuesta pasar de «funcionar» a «disfrutar». No hay un interruptor que cambie de golpe al llegar a la cama. El deseo depende de muchas cosas, como el cansancio, las hormonas, la medicación, el estado de ánimo o la relación, pero el estrés y la exigencia constante pesan mucho. A veces ayuda empezar por recuperar pequeños placeres del día a día y volver a notar lo que te apetece. Si persiste, conviene consultarlo.

Sí, y por sí solo no indica que la pareja vaya mal. Con el tiempo, el deseo intenso del principio, muy ligado a la novedad, suele dar paso a otro más tranquilo y que necesita más cuidado. La rutina, los hijos, el trabajo o el cansancio influyen, y además el deseo no es el único termómetro de una relación: también cuentan la confianza, el cariño, el respeto o los proyectos compartidos. Hablar de lo que os apetece, buscar tiempo para la intimidad y salir del piloto automático ayuda a mantenerlo vivo.

Lo primero es poder hablarlo sin juicios ni reproches, desde lo que a cada uno le gusta y necesita. Es frecuente que una persona revise su sexualidad, descubra lo que le gusta y empiece a poner límites, mientras la otra sigue esperando que todo funcione como siempre. Eso genera distancia y malestar. Ayuda preguntaros qué os apetece de verdad, qué hacéis solo porque «debería» gustaros y qué os da curiosidad. La terapia sexual, individual o en pareja, ofrece un espacio seguro para buscar acuerdos.

Porque la excitación, la erección o el orgasmo son respuestas espontáneas que no se pueden forzar a voluntad. Cuando te pones a vigilar si está funcionando, tu atención pasa del placer al examen, aparece la ansiedad por el rendimiento y el cuerpo responde peor, lo que a su vez aumenta la preocupación. Es como intentar dormirte a la fuerza. En terapia sexual se trabaja para salir de ese círculo: reducir la presión, volver a centrarse en las sensaciones y entender que no todo encuentro tiene que acabar de una manera concreta.

No por sí mismo. A diferencia de comer o beber, el sexo no es una necesidad que el cuerpo tenga que cubrir para mantener su equilibrio: no «revientas» ni enfermas por pasar una temporada sin relaciones. Lo que importa es cómo lo vives. Si es una elección o una etapa que no te pesa, no hay ningún problema. Si te genera malestar, frustración, conflicto con tu pareja o te preocupa la falta de deseo, entonces merece la pena prestarle atención y, si lo necesitas, consultarlo.

No. La intimidad incluye el sexo, pero también muchas otras formas de cercanía: contarle a la otra persona tus miedos o tu historia, sentirte escuchado, compartir silencios, hacer bromas, consolar, cuidarse o disfrutar de ratos juntos. Esa intimidad emocional fortalece el vínculo y, a menudo, también alimenta el deseo. Cuando en una pareja todo gira en torno a si hay o no relaciones sexuales, a veces se descuida esa otra parte. En terapia ayudamos a recuperarla y a ampliar la idea de lo que es estar cerca.

Es muy frecuente, especialmente en mujeres que han aprendido a vivir su cuerpo y su sexualidad a través de la mirada de los demás. Sentirse deseada puede ser agradable, pero si el placer depende solo de eso, es fácil desconectarse de lo que a una misma le gusta y vivir los encuentros pendiente de cómo te ven. No es culpa tuya: tiene mucho que ver con cómo se nos ha educado. En terapia puedes recuperar la pregunta de qué disfrutas tú y explorar tu sexualidad sin presión.

Sí, aunque el primer paso siempre es una valoración médica, en ginecología, urología o con tu médico de familia, para descartar o tratar causas físicas. Cuando el dolor se repite, suele aparecer el miedo a que vuelva a pasar, la tensión y la tendencia a evitar los encuentros, y eso hace que duela más. En terapia sexual trabajamos ese círculo, lo que el dolor ha cambiado en tu forma de vivir la sexualidad y la manera de recuperar el placer sin presión.

El vaginismo es una tensión involuntaria de los músculos que envuelven la abertura vaginal, que vuelve la penetración muy difícil, dolorosa o imposible, también con un tampón o en una revisión ginecológica. No es falta de deseo ni algo que se controle con fuerza de voluntad: es una respuesta de protección aprendida. Suele responder bien a un tratamiento gradual que combina valoración ginecológica, fisioterapia de suelo pélvico y trabajo sexológico, siempre a tu ritmo.

Es una conversación tranquila de 50 minutos para conocerte y entender qué te trae: desde cuándo ocurre, cómo lo vives, qué has probado y qué te gustaría cambiar. Tú decides qué contar y cuándo; no hace falta entrar en detalles que todavía no te sientas preparada o preparado para compartir. Al final te explicamos cómo podríamos trabajar y, si hace falta, qué otras valoraciones convendría hacer, por ejemplo médicas o de fisioterapia.

No necesariamente. Puedes empezar tú sola o solo y decidir más adelante si te apetece que tu pareja participe. A veces se combinan sesiones individuales, para trabajar lo más personal, con sesiones conjuntas, para hablar de lo que os afecta a ambos y repartir el peso de la dificultad. Lo hablamos contigo según lo que necesites. Las sesiones de pareja duran también 50 minutos.

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La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos; las sesiones de pareja o familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. Puedes escribir antes a tu psicóloga, con total confidencialidad.

Sí. La sexualidad cambia a lo largo de la vida y depende de muchos factores: el estrés, las preocupaciones, la pareja, el cansancio, los cambios hormonales o la confianza. Pasar una etapa con menos deseo, con dificultad para disfrutar o con cierta desconexión no significa que algo vaya mal, sino que quizá sea momento de mirar con más atención qué está ocurriendo.

No necesariamente. Muchas veces el cuerpo responde a algo emocional o relacional: miedo al juicio, ansiedad por el rendimiento, experiencias pasadas o la comunicación con la pareja. Lo físico y lo psicológico a menudo se entrelazan. Por eso la terapia sexual busca comprender la experiencia completa, no solo el síntoma, y puede complementar la valoración médica cuando hace falta.

No. La sexualidad es una experiencia personal, estés o no en pareja. Muchas personas vienen a terapia individual para entender su deseo, reconciliarse con su cuerpo o trabajar la ansiedad asociada al sexo. Si tienes pareja y os apetece, podéis venir juntos; a veces se combina con terapia de pareja, que trabaja la relación en su conjunto.

Sí. La terapia sexual se basa en la conversación y en ejercicios que se trabajan en tu propio espacio, así que funciona bien por videollamada. A muchas personas hablar desde casa les ayuda a sentirse más cómodas con temas íntimos. Tiene el mismo precio que la presencial, y puedes venir a nuestro centro cuando prefieras.

Depende de cada persona, de la dificultad que te trae y de si vienes de forma individual o en pareja. No hay un número de sesiones fijo: el proceso se adapta a tu ritmo y a lo que vaya apareciendo. Revisamos contigo los avances de forma periódica para decidir cómo continuar.

Sí, es muy común. Hay personas en las que el deseo aparece de forma espontánea, sin buscarlo, y otras en las que surge sobre todo cuando ya han empezado un acercamiento, una caricia o un momento de intimidad: es lo que se llama deseo responsivo. Ninguno es mejor que el otro. Esperar a tener ganas antes de permitirte nada puede hacer que el deseo nunca llegue. Darte espacio, curiosidad, imaginación y pequeños acercamientos sin presión suele ayudar más que forzarte.

Porque cuando vives en modo automático, pendiente de obligaciones y sin descanso, al cuerpo le cuesta pasar de «funcionar» a «disfrutar». No hay un interruptor que cambie de golpe al llegar a la cama. El deseo depende de muchas cosas, como el cansancio, las hormonas, la medicación, el estado de ánimo o la relación, pero el estrés y la exigencia constante pesan mucho. A veces ayuda empezar por recuperar pequeños placeres del día a día y volver a notar lo que te apetece. Si persiste, conviene consultarlo.

Sí, y por sí solo no indica que la pareja vaya mal. Con el tiempo, el deseo intenso del principio, muy ligado a la novedad, suele dar paso a otro más tranquilo y que necesita más cuidado. La rutina, los hijos, el trabajo o el cansancio influyen, y además el deseo no es el único termómetro de una relación: también cuentan la confianza, el cariño, el respeto o los proyectos compartidos. Hablar de lo que os apetece, buscar tiempo para la intimidad y salir del piloto automático ayuda a mantenerlo vivo.

Lo primero es poder hablarlo sin juicios ni reproches, desde lo que a cada uno le gusta y necesita. Es frecuente que una persona revise su sexualidad, descubra lo que le gusta y empiece a poner límites, mientras la otra sigue esperando que todo funcione como siempre. Eso genera distancia y malestar. Ayuda preguntaros qué os apetece de verdad, qué hacéis solo porque «debería» gustaros y qué os da curiosidad. La terapia sexual, individual o en pareja, ofrece un espacio seguro para buscar acuerdos.

Porque la excitación, la erección o el orgasmo son respuestas espontáneas que no se pueden forzar a voluntad. Cuando te pones a vigilar si está funcionando, tu atención pasa del placer al examen, aparece la ansiedad por el rendimiento y el cuerpo responde peor, lo que a su vez aumenta la preocupación. Es como intentar dormirte a la fuerza. En terapia sexual se trabaja para salir de ese círculo: reducir la presión, volver a centrarse en las sensaciones y entender que no todo encuentro tiene que acabar de una manera concreta.

No por sí mismo. A diferencia de comer o beber, el sexo no es una necesidad que el cuerpo tenga que cubrir para mantener su equilibrio: no «revientas» ni enfermas por pasar una temporada sin relaciones. Lo que importa es cómo lo vives. Si es una elección o una etapa que no te pesa, no hay ningún problema. Si te genera malestar, frustración, conflicto con tu pareja o te preocupa la falta de deseo, entonces merece la pena prestarle atención y, si lo necesitas, consultarlo.

No. La intimidad incluye el sexo, pero también muchas otras formas de cercanía: contarle a la otra persona tus miedos o tu historia, sentirte escuchado, compartir silencios, hacer bromas, consolar, cuidarse o disfrutar de ratos juntos. Esa intimidad emocional fortalece el vínculo y, a menudo, también alimenta el deseo. Cuando en una pareja todo gira en torno a si hay o no relaciones sexuales, a veces se descuida esa otra parte. En terapia ayudamos a recuperarla y a ampliar la idea de lo que es estar cerca.

Es muy frecuente, especialmente en mujeres que han aprendido a vivir su cuerpo y su sexualidad a través de la mirada de los demás. Sentirse deseada puede ser agradable, pero si el placer depende solo de eso, es fácil desconectarse de lo que a una misma le gusta y vivir los encuentros pendiente de cómo te ven. No es culpa tuya: tiene mucho que ver con cómo se nos ha educado. En terapia puedes recuperar la pregunta de qué disfrutas tú y explorar tu sexualidad sin presión.

Sí, aunque el primer paso siempre es una valoración médica, en ginecología, urología o con tu médico de familia, para descartar o tratar causas físicas. Cuando el dolor se repite, suele aparecer el miedo a que vuelva a pasar, la tensión y la tendencia a evitar los encuentros, y eso hace que duela más. En terapia sexual trabajamos ese círculo, lo que el dolor ha cambiado en tu forma de vivir la sexualidad y la manera de recuperar el placer sin presión.

El vaginismo es una tensión involuntaria de los músculos que envuelven la abertura vaginal, que vuelve la penetración muy difícil, dolorosa o imposible, también con un tampón o en una revisión ginecológica. No es falta de deseo ni algo que se controle con fuerza de voluntad: es una respuesta de protección aprendida. Suele responder bien a un tratamiento gradual que combina valoración ginecológica, fisioterapia de suelo pélvico y trabajo sexológico, siempre a tu ritmo.

Es una conversación tranquila de 50 minutos para conocerte y entender qué te trae: desde cuándo ocurre, cómo lo vives, qué has probado y qué te gustaría cambiar. Tú decides qué contar y cuándo; no hace falta entrar en detalles que todavía no te sientas preparada o preparado para compartir. Al final te explicamos cómo podríamos trabajar y, si hace falta, qué otras valoraciones convendría hacer, por ejemplo médicas o de fisioterapia.

No necesariamente. Puedes empezar tú sola o solo y decidir más adelante si te apetece que tu pareja participe. A veces se combinan sesiones individuales, para trabajar lo más personal, con sesiones conjuntas, para hablar de lo que os afecta a ambos y repartir el peso de la dificultad. Lo hablamos contigo según lo que necesites. Las sesiones de pareja duran también 50 minutos.

Qué tratamos en terapia sexual

Disfunción eréctilControl eyaculatorioAnorgasmiaBajo deseo sexualVaginismo y dispareuniaEducación y orientación sexualDiversidad sexual y de géneroSexualidad en la parejaFantasías, tabúes y culpaY más…

Preguntas frecuentes sobre terapia sexual

La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos; las sesiones de pareja o familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. Puedes escribir antes a tu psicóloga, con total confidencialidad.

Sí. La sexualidad cambia a lo largo de la vida y depende de muchos factores: el estrés, las preocupaciones, la pareja, el cansancio, los cambios hormonales o la confianza. Pasar una etapa con menos deseo, con dificultad para disfrutar o con cierta desconexión no significa que algo vaya mal, sino que quizá sea momento de mirar con más atención qué está ocurriendo.

No necesariamente. Muchas veces el cuerpo responde a algo emocional o relacional: miedo al juicio, ansiedad por el rendimiento, experiencias pasadas o la comunicación con la pareja. Lo físico y lo psicológico a menudo se entrelazan. Por eso la terapia sexual busca comprender la experiencia completa, no solo el síntoma, y puede complementar la valoración médica cuando hace falta.

No. La sexualidad es una experiencia personal, estés o no en pareja. Muchas personas vienen a terapia individual para entender su deseo, reconciliarse con su cuerpo o trabajar la ansiedad asociada al sexo. Si tienes pareja y os apetece, podéis venir juntos; a veces se combina con terapia de pareja, que trabaja la relación en su conjunto.

Sí. La terapia sexual se basa en la conversación y en ejercicios que se trabajan en tu propio espacio, así que funciona bien por videollamada. A muchas personas hablar desde casa les ayuda a sentirse más cómodas con temas íntimos. Tiene el mismo precio que la presencial, y puedes venir a nuestro centro cuando prefieras.

Depende de cada persona, de la dificultad que te trae y de si vienes de forma individual o en pareja. No hay un número de sesiones fijo: el proceso se adapta a tu ritmo y a lo que vaya apareciendo. Revisamos contigo los avances de forma periódica para decidir cómo continuar.

Sí, es muy común. Hay personas en las que el deseo aparece de forma espontánea, sin buscarlo, y otras en las que surge sobre todo cuando ya han empezado un acercamiento, una caricia o un momento de intimidad: es lo que se llama deseo responsivo. Ninguno es mejor que el otro. Esperar a tener ganas antes de permitirte nada puede hacer que el deseo nunca llegue. Darte espacio, curiosidad, imaginación y pequeños acercamientos sin presión suele ayudar más que forzarte.

Porque cuando vives en modo automático, pendiente de obligaciones y sin descanso, al cuerpo le cuesta pasar de «funcionar» a «disfrutar». No hay un interruptor que cambie de golpe al llegar a la cama. El deseo depende de muchas cosas, como el cansancio, las hormonas, la medicación, el estado de ánimo o la relación, pero el estrés y la exigencia constante pesan mucho. A veces ayuda empezar por recuperar pequeños placeres del día a día y volver a notar lo que te apetece. Si persiste, conviene consultarlo.

Sí, y por sí solo no indica que la pareja vaya mal. Con el tiempo, el deseo intenso del principio, muy ligado a la novedad, suele dar paso a otro más tranquilo y que necesita más cuidado. La rutina, los hijos, el trabajo o el cansancio influyen, y además el deseo no es el único termómetro de una relación: también cuentan la confianza, el cariño, el respeto o los proyectos compartidos. Hablar de lo que os apetece, buscar tiempo para la intimidad y salir del piloto automático ayuda a mantenerlo vivo.

Lo primero es poder hablarlo sin juicios ni reproches, desde lo que a cada uno le gusta y necesita. Es frecuente que una persona revise su sexualidad, descubra lo que le gusta y empiece a poner límites, mientras la otra sigue esperando que todo funcione como siempre. Eso genera distancia y malestar. Ayuda preguntaros qué os apetece de verdad, qué hacéis solo porque «debería» gustaros y qué os da curiosidad. La terapia sexual, individual o en pareja, ofrece un espacio seguro para buscar acuerdos.

Porque la excitación, la erección o el orgasmo son respuestas espontáneas que no se pueden forzar a voluntad. Cuando te pones a vigilar si está funcionando, tu atención pasa del placer al examen, aparece la ansiedad por el rendimiento y el cuerpo responde peor, lo que a su vez aumenta la preocupación. Es como intentar dormirte a la fuerza. En terapia sexual se trabaja para salir de ese círculo: reducir la presión, volver a centrarse en las sensaciones y entender que no todo encuentro tiene que acabar de una manera concreta.

No por sí mismo. A diferencia de comer o beber, el sexo no es una necesidad que el cuerpo tenga que cubrir para mantener su equilibrio: no «revientas» ni enfermas por pasar una temporada sin relaciones. Lo que importa es cómo lo vives. Si es una elección o una etapa que no te pesa, no hay ningún problema. Si te genera malestar, frustración, conflicto con tu pareja o te preocupa la falta de deseo, entonces merece la pena prestarle atención y, si lo necesitas, consultarlo.

No. La intimidad incluye el sexo, pero también muchas otras formas de cercanía: contarle a la otra persona tus miedos o tu historia, sentirte escuchado, compartir silencios, hacer bromas, consolar, cuidarse o disfrutar de ratos juntos. Esa intimidad emocional fortalece el vínculo y, a menudo, también alimenta el deseo. Cuando en una pareja todo gira en torno a si hay o no relaciones sexuales, a veces se descuida esa otra parte. En terapia ayudamos a recuperarla y a ampliar la idea de lo que es estar cerca.

Es muy frecuente, especialmente en mujeres que han aprendido a vivir su cuerpo y su sexualidad a través de la mirada de los demás. Sentirse deseada puede ser agradable, pero si el placer depende solo de eso, es fácil desconectarse de lo que a una misma le gusta y vivir los encuentros pendiente de cómo te ven. No es culpa tuya: tiene mucho que ver con cómo se nos ha educado. En terapia puedes recuperar la pregunta de qué disfrutas tú y explorar tu sexualidad sin presión.

Sí, aunque el primer paso siempre es una valoración médica, en ginecología, urología o con tu médico de familia, para descartar o tratar causas físicas. Cuando el dolor se repite, suele aparecer el miedo a que vuelva a pasar, la tensión y la tendencia a evitar los encuentros, y eso hace que duela más. En terapia sexual trabajamos ese círculo, lo que el dolor ha cambiado en tu forma de vivir la sexualidad y la manera de recuperar el placer sin presión.

El vaginismo es una tensión involuntaria de los músculos que envuelven la abertura vaginal, que vuelve la penetración muy difícil, dolorosa o imposible, también con un tampón o en una revisión ginecológica. No es falta de deseo ni algo que se controle con fuerza de voluntad: es una respuesta de protección aprendida. Suele responder bien a un tratamiento gradual que combina valoración ginecológica, fisioterapia de suelo pélvico y trabajo sexológico, siempre a tu ritmo.

Es una conversación tranquila de 50 minutos para conocerte y entender qué te trae: desde cuándo ocurre, cómo lo vives, qué has probado y qué te gustaría cambiar. Tú decides qué contar y cuándo; no hace falta entrar en detalles que todavía no te sientas preparada o preparado para compartir. Al final te explicamos cómo podríamos trabajar y, si hace falta, qué otras valoraciones convendría hacer, por ejemplo médicas o de fisioterapia.

No necesariamente. Puedes empezar tú sola o solo y decidir más adelante si te apetece que tu pareja participe. A veces se combinan sesiones individuales, para trabajar lo más personal, con sesiones conjuntas, para hablar de lo que os afecta a ambos y repartir el peso de la dificultad. Lo hablamos contigo según lo que necesites. Las sesiones de pareja duran también 50 minutos.

Sexología

Tu sexualidad
merece calma y cuidado.

Escríbenos\1 total confidencialidad, de forma presencial o por videollamada.

Lunes a viernes, 9:00–14:00 y 16:00–20:00 · Moyua, Bilbao · y online
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