Terapia de duelo

Terapia de duelo: te acompañamos en pérdidas y cambios vitales para poner palabras al dolor y seguir a tu ritmo. Presencial u online. Escríbenos.

Terapia de duelo: terapia psicológica presencial y online
  • Psicólogas sanitarias colegiadas
  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
  • 5,0 en Google

¿Qué es el duelo y cómo se vive?

El duelo es el proceso natural de adaptación que vivimos cuando algo esencial cambia o desaparece: una persona, una relación, una etapa o una forma de entendernos. No es una enfermedad ni un obstáculo que superar. En nuestra terapia de duelo acompañamos ese proceso a tu ritmo.

Tras una pérdida, el mundo conocido se desordena. Muchas personas sienten que una parte de sí mismas se ha ido con lo perdido. Por eso el duelo puede expresarse con tristeza, cansancio o vacío, pero también con confusión o necesidad de aislarse.

No se trata de olvidar, sino de encontrar una nueva manera de estar en el mundo.

Pérdidas que también son duelo

El duelo no se supera: se integra, a tu ritmo.

Algunos duelos son evidentes: la muerte de una persona querida, una separación o una enfermedad. Otros son más silenciosos y cuesta reconocerlos:

  • El final de una etapa vital o profesional.
  • Una mudanza o un proceso migratorio.
  • Una renuncia o un proyecto que no salió.
  • Un cambio de rol, como la jubilación o la maternidad.

En todos hay algo en común: una parte de la vida ya no está como antes y otra todavía no sabe cómo continuar.

Cómo se puede manifestar el duelo

  1. 01Tristeza, vacío o sensación de irrealidad.
  2. 02Culpa, enfado o confusión.
  3. 03Cansancio, insomnio o tensión en el cuerpo.
  4. 04Pensamientos que vuelven una y otra vez a lo ocurrido.
  5. 05Necesidad de aislarte o de evitar recuerdos.
  6. 06Una calma que desconcierta o ausencia de llanto.

Cuándo pedir ayuda

  • El malestar no se alivia con el paso del tiempo.
  • Te cuesta retomar tu vida: concentrarte, descansar o disfrutar.
  • Sientes que has perdido una parte de ti y nada tiene sentido.
  • Las emociones están bloqueadas o no puedes hablar de lo ocurrido.
  • Evitas lugares o recuerdos, pero no consigues soltarlos.
  • Sientes que vives en un bucle, reviviendo lo que pasó.
Pide cita →

Terapia de duelo: cómo te acompañamos

No buscamos que el dolor desaparezca rápido ni forzar el «pasar página». Acompañamos el proceso natural del duelo para que puedas entender lo que ocurre dentro de ti, ponerle palabras y vivirlo con más conciencia y menos soledad. El objetivo es que lo perdido siga teniendo un lugar, sin ocuparlo todo.

Las sesiones duran 50 minutos, presenciales en el centro u online.

  • Sesiones de 50 minutos
  • Semanales al principio
  • Presencial u online
  • 65 € individual · 80 € pareja o familia

Cómo es el acompañamiento

  1. 01

    Contar lo ocurrido

    Empezamos por lo que ha pasado y cómo te está afectando, con la calma que necesites y respetando lo que todavía no puedes nombrar.

  2. 02

    Dar espacio a las emociones

    Tristeza, culpa, enfado o alivio pueden convivir. Las escuchamos sin juzgarlas y entendemos qué función cumplen.

  3. 03

    Reorganizar el día a día

    Observamos cómo la pérdida ha cambiado tus rutinas, tus vínculos y tu forma de verte, y buscamos apoyos.

  4. 04

    Integrar lo perdido

    Encuentras tu forma de seguir en contacto con lo que amas, aunque ya no esté presente de la misma manera.

Terapia de duelo

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  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
  • 5,0 en Google

¿Qué es el duelo y cómo se vive?

El duelo es el proceso natural de adaptación que vivimos cuando algo esencial cambia o desaparece: una persona, una relación, una etapa o una forma de entendernos. No es una enfermedad ni un obstáculo que superar. En nuestra terapia de duelo acompañamos ese proceso a tu ritmo.

Tras una pérdida, el mundo conocido se desordena. Muchas personas sienten que una parte de sí mismas se ha ido con lo perdido. Por eso el duelo puede expresarse con tristeza, cansancio o vacío, pero también con confusión o necesidad de aislarse.

No se trata de olvidar, sino de encontrar una nueva manera de estar en el mundo.

Pérdidas que también son duelo

El duelo no se supera: se integra, a tu ritmo.

Algunos duelos son evidentes: la muerte de una persona querida, una separación o una enfermedad. Otros son más silenciosos y cuesta reconocerlos:

  • El final de una etapa vital o profesional.
  • Una mudanza o un proceso migratorio.
  • Una renuncia o un proyecto que no salió.
  • Un cambio de rol, como la jubilación o la maternidad.

En todos hay algo en común: una parte de la vida ya no está como antes y otra todavía no sabe cómo continuar.

Cómo se puede manifestar el duelo

  1. 01Tristeza, vacío o sensación de irrealidad.
  2. 02Culpa, enfado o confusión.
  3. 03Cansancio, insomnio o tensión en el cuerpo.
  4. 04Pensamientos que vuelven una y otra vez a lo ocurrido.
  5. 05Necesidad de aislarte o de evitar recuerdos.
  6. 06Una calma que desconcierta o ausencia de llanto.

Cuándo pedir ayuda

  • El malestar no se alivia con el paso del tiempo.
  • Te cuesta retomar tu vida: concentrarte, descansar o disfrutar.
  • Sientes que has perdido una parte de ti y nada tiene sentido.
  • Las emociones están bloqueadas o no puedes hablar de lo ocurrido.
  • Evitas lugares o recuerdos, pero no consigues soltarlos.
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Terapia de duelo: cómo te acompañamos

No buscamos que el dolor desaparezca rápido ni forzar el «pasar página». Acompañamos el proceso natural del duelo para que puedas entender lo que ocurre dentro de ti, ponerle palabras y vivirlo con más conciencia y menos soledad. El objetivo es que lo perdido siga teniendo un lugar, sin ocuparlo todo.

Las sesiones duran 50 minutos, presenciales en el centro u online.

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  1. 01

    Contar lo ocurrido

    Empezamos por lo que ha pasado y cómo te está afectando, con la calma que necesites y respetando lo que todavía no puedes nombrar.

  2. 02

    Dar espacio a las emociones

    Tristeza, culpa, enfado o alivio pueden convivir. Las escuchamos sin juzgarlas y entendemos qué función cumplen.

  3. 03

    Reorganizar el día a día

    Observamos cómo la pérdida ha cambiado tus rutinas, tus vínculos y tu forma de verte, y buscamos apoyos.

  4. 04

    Integrar lo perdido

    Encuentras tu forma de seguir en contacto con lo que amas, aunque ya no esté presente de la misma manera.

Terapia de duelo

Terapia de duelo: te acompañamos en pérdidas y cambios vitales para poner palabras al dolor y seguir a tu ritmo. Presencial u online. Escríbenos.

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  • Sesiones de 50 min · 65 €
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  • 5,0 en Google

¿Qué es el duelo y cómo se vive?

El duelo es el proceso natural de adaptación que vivimos cuando algo esencial cambia o desaparece: una persona, una relación, una etapa o una forma de entendernos. No es una enfermedad ni un obstáculo que superar. En nuestra terapia de duelo acompañamos ese proceso a tu ritmo.

Tras una pérdida, el mundo conocido se desordena. Muchas personas sienten que una parte de sí mismas se ha ido con lo perdido. Por eso el duelo puede expresarse con tristeza, cansancio o vacío, pero también con confusión o necesidad de aislarse.

No se trata de olvidar, sino de encontrar una nueva manera de estar en el mundo.

Pérdidas que también son duelo

El duelo no se supera: se integra, a tu ritmo.

Algunos duelos son evidentes: la muerte de una persona querida, una separación o una enfermedad. Otros son más silenciosos y cuesta reconocerlos:

  • El final de una etapa vital o profesional.
  • Una mudanza o un proceso migratorio.
  • Una renuncia o un proyecto que no salió.
  • Un cambio de rol, como la jubilación o la maternidad.

En todos hay algo en común: una parte de la vida ya no está como antes y otra todavía no sabe cómo continuar.

Cómo se puede manifestar el duelo

  1. 01Tristeza, vacío o sensación de irrealidad.
  2. 02Culpa, enfado o confusión.
  3. 03Cansancio, insomnio o tensión en el cuerpo.
  4. 04Pensamientos que vuelven una y otra vez a lo ocurrido.
  5. 05Necesidad de aislarte o de evitar recuerdos.
  6. 06Una calma que desconcierta o ausencia de llanto.

Cuándo pedir ayuda

  • El malestar no se alivia con el paso del tiempo.
  • Te cuesta retomar tu vida: concentrarte, descansar o disfrutar.
  • Sientes que has perdido una parte de ti y nada tiene sentido.
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Cómo es el acompañamiento

  1. 01

    Contar lo ocurrido

    Empezamos por lo que ha pasado y cómo te está afectando, con la calma que necesites y respetando lo que todavía no puedes nombrar.

  2. 02

    Dar espacio a las emociones

    Tristeza, culpa, enfado o alivio pueden convivir. Las escuchamos sin juzgarlas y entendemos qué función cumplen.

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Quién te va a acompañar

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¿No sabes con quién encajas?

Cuéntanos qué te pasa y te orientamos hacia la psicóloga cuyo enfoque mejor encaje contigo. Si en algún momento no conectas, buscamos otra opción sin que tengas que justificarte.

Descubre con quién encajas →

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Tipos de duelo que acompañamos

Pérdida de un ser queridoDuelo anticipadoRuptura de pareja o amistadDuelo migratorioPérdida de rol o identidadDuelo complicadoDuelo ambiguoY más…

Preguntas frecuentes sobre el duelo

¿Tienes otra duda?Escríbenos por WhatsApp y te respondemos enseguida, sin compromiso.Ver psicólogas ↑

No hay un tiempo igual para todas las personas. En la mayoría, el dolor más intenso se va suavizando a lo largo de los primeros meses, aunque vuelva en fechas señaladas. Si pasados entre seis meses y un año el anhelo y el malestar siguen igual de intensos y la vida sigue suspendida, se habla de duelo prolongado, que afecta aproximadamente a una de cada diez personas. Hay quien siente menos tristeza porque parte del duelo se elaboró antes de la pérdida. La duración de la terapia también depende de ti y se revisa contigo a lo largo del proceso.

Sí. De hecho, la respuesta más frecuente ante una pérdida es la resiliencia: sentir dolor y, aun así, seguir funcionando razonablemente bien. El duelo no siempre se expresa con llanto; a veces aparece como cansancio, confusión o una calma que desconcierta, y en ocasiones el trabajo emocional empezó antes de la pérdida. Los estudios tampoco respaldan la idea de que el dolor no expresado acabe explotando más tarde. Si las emociones llegan, lo importante es permitir que lo hagan a su ritmo, sin forzarlas ni juzgarlas.

Más que hablar de patología, conviene mirar si el proceso parece haberse detenido: el dolor no cambia, la vida se siente suspendida o el malestar impide conectar con lo cotidiano. Los manuales diagnósticos hablan de duelo prolongado cuando esto se mantiene más de seis meses (CIE-11) o de doce (DSM-5-TR). En ese caso puede ser momento de pedir ayuda. La terapia no acelera el duelo, pero ayuda a que vuelva a moverse y se vuelva más habitable.

La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Si el duelo se trabaja en pareja o en familia, la sesión cuesta 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. \1uedes escribirnos por WhatsApp para resolver dudas o pedir cita.

Sí. La terapia online por videollamada ofrece el mismo acompañamiento, duración y precio que la presencial. Puede ayudarte si estás lejos del centro, si vives un duelo migratorio o si en este momento te cuesta salir de casa. Busca un espacio tranquilo y privado donde puedas emocionarte con libertad.

Sí. El duelo puede aparecer tras una ruptura, una mudanza, una pérdida de salud o el final de una etapa importante. La diferencia con una tristeza pasajera está en la profundidad del cambio: lo que se pierde formaba parte de quién eras, y una parte de ti necesita reorganizarse.

Puede alargarlo. Sentir rabia tras una ruptura es normal y forma parte del duelo. El problema aparece cuando el resentimiento se convierte en el centro de todo: repasas una y otra vez lo que pasó, sigues pendiente de lo que hace tu ex o sientes que no puedes avanzar hasta que reconozca el daño. Ese enganche mantiene viva la relación de otra manera y retrasa la despedida. En terapia damos espacio a esa rabia, la entendemos y te ayudamos a recuperar tu vida sin depender de lo que haga la otra persona.

Sí. Después de un tiempo compartiendo cosas importantes con tu psicóloga, despedirse puede traer tristeza, miedo a no saber seguir por tu cuenta o incluso ganas de retrasar el final. Es una reacción natural y no significa que no estés preparada para terminar. Por eso preparamos el cierre con antelación: hablamos de lo que has conseguido, de lo que te llevas y de cómo afrontar lo que venga, y si hace falta espaciamos las sesiones. Y si en el futuro lo necesitas, siempre puedes volver.

No. Las fases que se suelen citar, como la negación, el enfado, la negociación, la tristeza y la aceptación, son una orientación, no un camino obligatorio. Se parecen más a una lista de canciones en modo aleatorio: unas aparecen, otras no, algunas vuelven cuando creías haberlas superado y pueden mezclarse en un mismo día. No estás haciendo el duelo mal por no seguir un orden. Lo importante es poder sentir lo que aparece y no quedarte atrapada en ello.

Sí, ocurre a menudo. En las primeras semanas hay mucho que hacer, el cuerpo funciona en modo de supervivencia y la gente está cerca. Con el tiempo los trámites terminan, el entorno vuelve a su vida y la ausencia se nota en lo cotidiano: es entonces cuando muchas emociones llegan. Que te sientas peor meses después no significa que estés retrocediendo. Si la pena te impide funcionar durante mucho tiempo, hablarlo en terapia puede ayudarte.

Menos de lo que crees. Las frases hechas, como «está en un sitio mejor» o «el tiempo lo cura todo», suelen doler más que ayudar. Funciona mejor algo sencillo y sincero: «lo siento mucho», «estoy aquí» o «¿te apetece hablar de él?». Pregunta qué necesita, ofrece ayuda concreta, como llevar comida o acompañar en un trámite, y no tengas prisa por verle bien. Seguir ahí cuando los demás ya se han retirado es de lo que más se agradece.

Sí. Un aborto espontáneo o una pérdida gestacional, aunque ocurran en las primeras semanas, pueden doler mucho, porque con el embarazo ya habían empezado un vínculo, unos planes y una imagen de futuro. A menudo es un duelo poco reconocido: el entorno no sabe qué decir, lo minimiza o espera que pases página pronto. Tu pena es legítima, también la de tu pareja. En Leizea acompañamos el duelo gestacional y perinatal, y las dificultades de la infertilidad, a tu ritmo.

Sí. Lo que duele es el vínculo, y con un animal se comparten años de rutinas, compañía y cariño sin condiciones. Su ausencia se nota en la casa, en los paseos y en los horarios. El problema es que el entorno no siempre lo reconoce como un duelo de verdad y puedes sentir que no tienes permiso para estar tan mal. Tienes derecho a llorarle y a despedirte como necesites. Si la pena se alarga o se suma a otras pérdidas, también podemos acompañarte.

No, y es mucho más frecuente de lo que se dice. Después de meses o años cuidando, viendo sufrir a alguien querido y viviendo con el cansancio y la incertidumbre, es natural sentir alivio porque ese sufrimiento ha terminado, el suyo y el tuyo. Ese alivio convive con la pena y no significa que no le quisieras. A menudo trae culpa, y callarlo la hace más pesada. En terapia puedes hablar de todo lo que sientes sin juicio.

Planificándolas un poco, en lugar de esperar a ver qué pasa. Piensa cuánto quieres participar, con quién te apetece estar y qué te puede ayudar si te desbordas, como tener un sitio al que retirarte o un plan para irte antes. Puedes mantener tradiciones, cambiarlas o crear una nueva para recordar a esa persona. Y está bien no disfrutar, o disfrutar un rato y luego llorar. Los días previos suelen ser más duros que la propia fecha.

Sí. Se llama duelo anticipado: empiezas a despedirte de alguien que sigue vivo pero que va cambiando, que ya no te reconoce igual o con quien no puedes hablar como antes. Es un duelo que se alarga en el tiempo, que se mezcla con el cansancio de cuidar y que el entorno a menudo no ve. Sentir pena, enfado o ganas de que todo termine no te convierte en mala hija. En terapia acompañamos este proceso y también tu papel como cuidadora.

Sí, es muy humano. La muerte de una persona famosa, una tragedia en las noticias o el fallecimiento de alguien de tu edad pueden removerte mucho, porque te recuerdan que la vida es finita y que a ti también te puede pasar. A veces, además, despiertan pérdidas propias que no estaban del todo cerradas. Suele pasar en días o semanas. Conviene consultar si la angustia por la muerte se vuelve constante, si empiezas a evitar noticias o lugares, si no duermes o si estás muy pendiente de tu salud.

El duelo no consiste en soltar a la fuerza, y es normal que necesites despedirte a tu manera. Cuando una pérdida llega de golpe, o no pudiste estar en el final o en el funeral, queda la sensación de algo pendiente. Puede ayudar crear un gesto o ritual propio: escribir una carta, visitar un lugar significativo, encender una vela en una fecha concreta o decir en voz alta lo que no dijiste. No tiene que ser solemne, sino tuyo. Si sientes que te quedas atascada, la terapia de duelo puede acompañarte.

No. Elaborar un duelo no es olvidar a la persona ni dejar de quererla, sino poder recordarla con menos dolor y darle un lugar en tu vida actual. Con el tiempo, el recuerdo deja de ser una herida abierta y se convierte en algo que te acompaña: puedes hablar de ella, sonreír con una anécdota o echarla de menos sin que eso te paralice. Muchas personas temen mejorar porque sienten que sería traicionarla. No lo es. Cada duelo tiene su ritmo, y no hay una fecha en la que debas estar bien.

Sí, es muy normal. Las ausencias se notan más en los días felices, porque son momentos en los que imaginabas a esa persona a tu lado. Puede que sientas tristeza en mitad de la celebración, o incluso culpa por disfrutar. Alegría y tristeza pueden convivir, y no tienes que elegir entre una y otra. Ayuda prever esos días, darte permiso para un momento de pena e incluso incluir un pequeño gesto de recuerdo, como una foto, una canción o unas palabras. Con el tiempo, esas fechas suelen ser más llevaderas.

No hay una regla que sirva para todos, y no tienes que decidirlo ahora. Para algunas personas, releer los mensajes o escuchar su voz es un consuelo; para otras, es demasiado doloroso al principio. Cada encuentro con la ausencia forma parte del duelo y ayuda a ir asumiendo la pérdida, a tu ritmo. Lo que conviene vigilar es usarlos para fingir que sigue aquí, por ejemplo escribiéndole cada día esperando respuesta durante mucho tiempo. Puedes guardar una copia y decidir más adelante qué hacer con ellos.

Puedes honrarla de forma que no te impida vivir. Las promesas hechas al final de una vida suelen nacer del amor, pero a veces se hicieron en un momento de mucha angustia o ya no encajan con tu situación: cuidar siempre de alguien, no vender una casa o no rehacer tu vida. Ayuda preguntarte qué quería esa persona en el fondo, normalmente que estuvieras bien, y buscar formas de cumplir ese sentido sin atarte a la letra. Si te genera mucha culpa o te bloquea, es un tema que se puede trabajar en terapia.

Puede serlo. Todo final de etapa supone despedirse de algo, aunque sea un logro: terminar una carrera, jubilarte, tener un bebé o cerrar un proyecto implica dejar atrás una rutina, unas metas y una parte de tu identidad. Después del esfuerzo y la ilusión, es frecuente sentir cierto vacío o tristeza, y eso no significa que no lo valores. Darte tiempo para notar la pérdida y pensar qué viene ahora suele ayudar. Si ese vacío se alarga, se acompaña de ánimo bajo o te cuesta funcionar, conviene consultar.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →

Tipos de duelo que acompañamos

Pérdida de un ser queridoDuelo anticipadoRuptura de pareja o amistadDuelo migratorioPérdida de rol o identidadDuelo complicadoDuelo ambiguoY más…

Preguntas frecuentes sobre el duelo

No hay un tiempo igual para todas las personas. En la mayoría, el dolor más intenso se va suavizando a lo largo de los primeros meses, aunque vuelva en fechas señaladas. Si pasados entre seis meses y un año el anhelo y el malestar siguen igual de intensos y la vida sigue suspendida, se habla de duelo prolongado, que afecta aproximadamente a una de cada diez personas. Hay quien siente menos tristeza porque parte del duelo se elaboró antes de la pérdida. La duración de la terapia también depende de ti y se revisa contigo a lo largo del proceso.

Sí. De hecho, la respuesta más frecuente ante una pérdida es la resiliencia: sentir dolor y, aun así, seguir funcionando razonablemente bien. El duelo no siempre se expresa con llanto; a veces aparece como cansancio, confusión o una calma que desconcierta, y en ocasiones el trabajo emocional empezó antes de la pérdida. Los estudios tampoco respaldan la idea de que el dolor no expresado acabe explotando más tarde. Si las emociones llegan, lo importante es permitir que lo hagan a su ritmo, sin forzarlas ni juzgarlas.

Más que hablar de patología, conviene mirar si el proceso parece haberse detenido: el dolor no cambia, la vida se siente suspendida o el malestar impide conectar con lo cotidiano. Los manuales diagnósticos hablan de duelo prolongado cuando esto se mantiene más de seis meses (CIE-11) o de doce (DSM-5-TR). En ese caso puede ser momento de pedir ayuda. La terapia no acelera el duelo, pero ayuda a que vuelva a moverse y se vuelva más habitable.

La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Si el duelo se trabaja en pareja o en familia, la sesión cuesta 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. \1uedes escribirnos por WhatsApp para resolver dudas o pedir cita.

Sí. La terapia online por videollamada ofrece el mismo acompañamiento, duración y precio que la presencial. Puede ayudarte si estás lejos del centro, si vives un duelo migratorio o si en este momento te cuesta salir de casa. Busca un espacio tranquilo y privado donde puedas emocionarte con libertad.

Sí. El duelo puede aparecer tras una ruptura, una mudanza, una pérdida de salud o el final de una etapa importante. La diferencia con una tristeza pasajera está en la profundidad del cambio: lo que se pierde formaba parte de quién eras, y una parte de ti necesita reorganizarse.

Puede alargarlo. Sentir rabia tras una ruptura es normal y forma parte del duelo. El problema aparece cuando el resentimiento se convierte en el centro de todo: repasas una y otra vez lo que pasó, sigues pendiente de lo que hace tu ex o sientes que no puedes avanzar hasta que reconozca el daño. Ese enganche mantiene viva la relación de otra manera y retrasa la despedida. En terapia damos espacio a esa rabia, la entendemos y te ayudamos a recuperar tu vida sin depender de lo que haga la otra persona.

Sí. Después de un tiempo compartiendo cosas importantes con tu psicóloga, despedirse puede traer tristeza, miedo a no saber seguir por tu cuenta o incluso ganas de retrasar el final. Es una reacción natural y no significa que no estés preparada para terminar. Por eso preparamos el cierre con antelación: hablamos de lo que has conseguido, de lo que te llevas y de cómo afrontar lo que venga, y si hace falta espaciamos las sesiones. Y si en el futuro lo necesitas, siempre puedes volver.

No. Las fases que se suelen citar, como la negación, el enfado, la negociación, la tristeza y la aceptación, son una orientación, no un camino obligatorio. Se parecen más a una lista de canciones en modo aleatorio: unas aparecen, otras no, algunas vuelven cuando creías haberlas superado y pueden mezclarse en un mismo día. No estás haciendo el duelo mal por no seguir un orden. Lo importante es poder sentir lo que aparece y no quedarte atrapada en ello.

Sí, ocurre a menudo. En las primeras semanas hay mucho que hacer, el cuerpo funciona en modo de supervivencia y la gente está cerca. Con el tiempo los trámites terminan, el entorno vuelve a su vida y la ausencia se nota en lo cotidiano: es entonces cuando muchas emociones llegan. Que te sientas peor meses después no significa que estés retrocediendo. Si la pena te impide funcionar durante mucho tiempo, hablarlo en terapia puede ayudarte.

Menos de lo que crees. Las frases hechas, como «está en un sitio mejor» o «el tiempo lo cura todo», suelen doler más que ayudar. Funciona mejor algo sencillo y sincero: «lo siento mucho», «estoy aquí» o «¿te apetece hablar de él?». Pregunta qué necesita, ofrece ayuda concreta, como llevar comida o acompañar en un trámite, y no tengas prisa por verle bien. Seguir ahí cuando los demás ya se han retirado es de lo que más se agradece.

Sí. Un aborto espontáneo o una pérdida gestacional, aunque ocurran en las primeras semanas, pueden doler mucho, porque con el embarazo ya habían empezado un vínculo, unos planes y una imagen de futuro. A menudo es un duelo poco reconocido: el entorno no sabe qué decir, lo minimiza o espera que pases página pronto. Tu pena es legítima, también la de tu pareja. En Leizea acompañamos el duelo gestacional y perinatal, y las dificultades de la infertilidad, a tu ritmo.

Sí. Lo que duele es el vínculo, y con un animal se comparten años de rutinas, compañía y cariño sin condiciones. Su ausencia se nota en la casa, en los paseos y en los horarios. El problema es que el entorno no siempre lo reconoce como un duelo de verdad y puedes sentir que no tienes permiso para estar tan mal. Tienes derecho a llorarle y a despedirte como necesites. Si la pena se alarga o se suma a otras pérdidas, también podemos acompañarte.

No, y es mucho más frecuente de lo que se dice. Después de meses o años cuidando, viendo sufrir a alguien querido y viviendo con el cansancio y la incertidumbre, es natural sentir alivio porque ese sufrimiento ha terminado, el suyo y el tuyo. Ese alivio convive con la pena y no significa que no le quisieras. A menudo trae culpa, y callarlo la hace más pesada. En terapia puedes hablar de todo lo que sientes sin juicio.

Planificándolas un poco, en lugar de esperar a ver qué pasa. Piensa cuánto quieres participar, con quién te apetece estar y qué te puede ayudar si te desbordas, como tener un sitio al que retirarte o un plan para irte antes. Puedes mantener tradiciones, cambiarlas o crear una nueva para recordar a esa persona. Y está bien no disfrutar, o disfrutar un rato y luego llorar. Los días previos suelen ser más duros que la propia fecha.

Sí. Se llama duelo anticipado: empiezas a despedirte de alguien que sigue vivo pero que va cambiando, que ya no te reconoce igual o con quien no puedes hablar como antes. Es un duelo que se alarga en el tiempo, que se mezcla con el cansancio de cuidar y que el entorno a menudo no ve. Sentir pena, enfado o ganas de que todo termine no te convierte en mala hija. En terapia acompañamos este proceso y también tu papel como cuidadora.

Sí, es muy humano. La muerte de una persona famosa, una tragedia en las noticias o el fallecimiento de alguien de tu edad pueden removerte mucho, porque te recuerdan que la vida es finita y que a ti también te puede pasar. A veces, además, despiertan pérdidas propias que no estaban del todo cerradas. Suele pasar en días o semanas. Conviene consultar si la angustia por la muerte se vuelve constante, si empiezas a evitar noticias o lugares, si no duermes o si estás muy pendiente de tu salud.

El duelo no consiste en soltar a la fuerza, y es normal que necesites despedirte a tu manera. Cuando una pérdida llega de golpe, o no pudiste estar en el final o en el funeral, queda la sensación de algo pendiente. Puede ayudar crear un gesto o ritual propio: escribir una carta, visitar un lugar significativo, encender una vela en una fecha concreta o decir en voz alta lo que no dijiste. No tiene que ser solemne, sino tuyo. Si sientes que te quedas atascada, la terapia de duelo puede acompañarte.

No. Elaborar un duelo no es olvidar a la persona ni dejar de quererla, sino poder recordarla con menos dolor y darle un lugar en tu vida actual. Con el tiempo, el recuerdo deja de ser una herida abierta y se convierte en algo que te acompaña: puedes hablar de ella, sonreír con una anécdota o echarla de menos sin que eso te paralice. Muchas personas temen mejorar porque sienten que sería traicionarla. No lo es. Cada duelo tiene su ritmo, y no hay una fecha en la que debas estar bien.

Sí, es muy normal. Las ausencias se notan más en los días felices, porque son momentos en los que imaginabas a esa persona a tu lado. Puede que sientas tristeza en mitad de la celebración, o incluso culpa por disfrutar. Alegría y tristeza pueden convivir, y no tienes que elegir entre una y otra. Ayuda prever esos días, darte permiso para un momento de pena e incluso incluir un pequeño gesto de recuerdo, como una foto, una canción o unas palabras. Con el tiempo, esas fechas suelen ser más llevaderas.

No hay una regla que sirva para todos, y no tienes que decidirlo ahora. Para algunas personas, releer los mensajes o escuchar su voz es un consuelo; para otras, es demasiado doloroso al principio. Cada encuentro con la ausencia forma parte del duelo y ayuda a ir asumiendo la pérdida, a tu ritmo. Lo que conviene vigilar es usarlos para fingir que sigue aquí, por ejemplo escribiéndole cada día esperando respuesta durante mucho tiempo. Puedes guardar una copia y decidir más adelante qué hacer con ellos.

Puedes honrarla de forma que no te impida vivir. Las promesas hechas al final de una vida suelen nacer del amor, pero a veces se hicieron en un momento de mucha angustia o ya no encajan con tu situación: cuidar siempre de alguien, no vender una casa o no rehacer tu vida. Ayuda preguntarte qué quería esa persona en el fondo, normalmente que estuvieras bien, y buscar formas de cumplir ese sentido sin atarte a la letra. Si te genera mucha culpa o te bloquea, es un tema que se puede trabajar en terapia.

Puede serlo. Todo final de etapa supone despedirse de algo, aunque sea un logro: terminar una carrera, jubilarte, tener un bebé o cerrar un proyecto implica dejar atrás una rutina, unas metas y una parte de tu identidad. Después del esfuerzo y la ilusión, es frecuente sentir cierto vacío o tristeza, y eso no significa que no lo valores. Darte tiempo para notar la pérdida y pensar qué viene ahora suele ayudar. Si ese vacío se alarga, se acompaña de ánimo bajo o te cuesta funcionar, conviene consultar.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →

Tipos de duelo que acompañamos

Pérdida de un ser queridoDuelo anticipadoRuptura de pareja o amistadDuelo migratorioPérdida de rol o identidadDuelo complicadoDuelo ambiguoY más…

Preguntas frecuentes sobre el duelo

No hay un tiempo igual para todas las personas. En la mayoría, el dolor más intenso se va suavizando a lo largo de los primeros meses, aunque vuelva en fechas señaladas. Si pasados entre seis meses y un año el anhelo y el malestar siguen igual de intensos y la vida sigue suspendida, se habla de duelo prolongado, que afecta aproximadamente a una de cada diez personas. Hay quien siente menos tristeza porque parte del duelo se elaboró antes de la pérdida. La duración de la terapia también depende de ti y se revisa contigo a lo largo del proceso.

Sí. De hecho, la respuesta más frecuente ante una pérdida es la resiliencia: sentir dolor y, aun así, seguir funcionando razonablemente bien. El duelo no siempre se expresa con llanto; a veces aparece como cansancio, confusión o una calma que desconcierta, y en ocasiones el trabajo emocional empezó antes de la pérdida. Los estudios tampoco respaldan la idea de que el dolor no expresado acabe explotando más tarde. Si las emociones llegan, lo importante es permitir que lo hagan a su ritmo, sin forzarlas ni juzgarlas.

Más que hablar de patología, conviene mirar si el proceso parece haberse detenido: el dolor no cambia, la vida se siente suspendida o el malestar impide conectar con lo cotidiano. Los manuales diagnósticos hablan de duelo prolongado cuando esto se mantiene más de seis meses (CIE-11) o de doce (DSM-5-TR). En ese caso puede ser momento de pedir ayuda. La terapia no acelera el duelo, pero ayuda a que vuelva a moverse y se vuelva más habitable.

La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Si el duelo se trabaja en pareja o en familia, la sesión cuesta 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. \1uedes escribirnos por WhatsApp para resolver dudas o pedir cita.

Sí. La terapia online por videollamada ofrece el mismo acompañamiento, duración y precio que la presencial. Puede ayudarte si estás lejos del centro, si vives un duelo migratorio o si en este momento te cuesta salir de casa. Busca un espacio tranquilo y privado donde puedas emocionarte con libertad.

Sí. El duelo puede aparecer tras una ruptura, una mudanza, una pérdida de salud o el final de una etapa importante. La diferencia con una tristeza pasajera está en la profundidad del cambio: lo que se pierde formaba parte de quién eras, y una parte de ti necesita reorganizarse.

Puede alargarlo. Sentir rabia tras una ruptura es normal y forma parte del duelo. El problema aparece cuando el resentimiento se convierte en el centro de todo: repasas una y otra vez lo que pasó, sigues pendiente de lo que hace tu ex o sientes que no puedes avanzar hasta que reconozca el daño. Ese enganche mantiene viva la relación de otra manera y retrasa la despedida. En terapia damos espacio a esa rabia, la entendemos y te ayudamos a recuperar tu vida sin depender de lo que haga la otra persona.

Sí. Después de un tiempo compartiendo cosas importantes con tu psicóloga, despedirse puede traer tristeza, miedo a no saber seguir por tu cuenta o incluso ganas de retrasar el final. Es una reacción natural y no significa que no estés preparada para terminar. Por eso preparamos el cierre con antelación: hablamos de lo que has conseguido, de lo que te llevas y de cómo afrontar lo que venga, y si hace falta espaciamos las sesiones. Y si en el futuro lo necesitas, siempre puedes volver.

No. Las fases que se suelen citar, como la negación, el enfado, la negociación, la tristeza y la aceptación, son una orientación, no un camino obligatorio. Se parecen más a una lista de canciones en modo aleatorio: unas aparecen, otras no, algunas vuelven cuando creías haberlas superado y pueden mezclarse en un mismo día. No estás haciendo el duelo mal por no seguir un orden. Lo importante es poder sentir lo que aparece y no quedarte atrapada en ello.

Sí, ocurre a menudo. En las primeras semanas hay mucho que hacer, el cuerpo funciona en modo de supervivencia y la gente está cerca. Con el tiempo los trámites terminan, el entorno vuelve a su vida y la ausencia se nota en lo cotidiano: es entonces cuando muchas emociones llegan. Que te sientas peor meses después no significa que estés retrocediendo. Si la pena te impide funcionar durante mucho tiempo, hablarlo en terapia puede ayudarte.

Menos de lo que crees. Las frases hechas, como «está en un sitio mejor» o «el tiempo lo cura todo», suelen doler más que ayudar. Funciona mejor algo sencillo y sincero: «lo siento mucho», «estoy aquí» o «¿te apetece hablar de él?». Pregunta qué necesita, ofrece ayuda concreta, como llevar comida o acompañar en un trámite, y no tengas prisa por verle bien. Seguir ahí cuando los demás ya se han retirado es de lo que más se agradece.

Sí. Un aborto espontáneo o una pérdida gestacional, aunque ocurran en las primeras semanas, pueden doler mucho, porque con el embarazo ya habían empezado un vínculo, unos planes y una imagen de futuro. A menudo es un duelo poco reconocido: el entorno no sabe qué decir, lo minimiza o espera que pases página pronto. Tu pena es legítima, también la de tu pareja. En Leizea acompañamos el duelo gestacional y perinatal, y las dificultades de la infertilidad, a tu ritmo.

Sí. Lo que duele es el vínculo, y con un animal se comparten años de rutinas, compañía y cariño sin condiciones. Su ausencia se nota en la casa, en los paseos y en los horarios. El problema es que el entorno no siempre lo reconoce como un duelo de verdad y puedes sentir que no tienes permiso para estar tan mal. Tienes derecho a llorarle y a despedirte como necesites. Si la pena se alarga o se suma a otras pérdidas, también podemos acompañarte.

No, y es mucho más frecuente de lo que se dice. Después de meses o años cuidando, viendo sufrir a alguien querido y viviendo con el cansancio y la incertidumbre, es natural sentir alivio porque ese sufrimiento ha terminado, el suyo y el tuyo. Ese alivio convive con la pena y no significa que no le quisieras. A menudo trae culpa, y callarlo la hace más pesada. En terapia puedes hablar de todo lo que sientes sin juicio.

Planificándolas un poco, en lugar de esperar a ver qué pasa. Piensa cuánto quieres participar, con quién te apetece estar y qué te puede ayudar si te desbordas, como tener un sitio al que retirarte o un plan para irte antes. Puedes mantener tradiciones, cambiarlas o crear una nueva para recordar a esa persona. Y está bien no disfrutar, o disfrutar un rato y luego llorar. Los días previos suelen ser más duros que la propia fecha.

Sí. Se llama duelo anticipado: empiezas a despedirte de alguien que sigue vivo pero que va cambiando, que ya no te reconoce igual o con quien no puedes hablar como antes. Es un duelo que se alarga en el tiempo, que se mezcla con el cansancio de cuidar y que el entorno a menudo no ve. Sentir pena, enfado o ganas de que todo termine no te convierte en mala hija. En terapia acompañamos este proceso y también tu papel como cuidadora.

Sí, es muy humano. La muerte de una persona famosa, una tragedia en las noticias o el fallecimiento de alguien de tu edad pueden removerte mucho, porque te recuerdan que la vida es finita y que a ti también te puede pasar. A veces, además, despiertan pérdidas propias que no estaban del todo cerradas. Suele pasar en días o semanas. Conviene consultar si la angustia por la muerte se vuelve constante, si empiezas a evitar noticias o lugares, si no duermes o si estás muy pendiente de tu salud.

El duelo no consiste en soltar a la fuerza, y es normal que necesites despedirte a tu manera. Cuando una pérdida llega de golpe, o no pudiste estar en el final o en el funeral, queda la sensación de algo pendiente. Puede ayudar crear un gesto o ritual propio: escribir una carta, visitar un lugar significativo, encender una vela en una fecha concreta o decir en voz alta lo que no dijiste. No tiene que ser solemne, sino tuyo. Si sientes que te quedas atascada, la terapia de duelo puede acompañarte.

No. Elaborar un duelo no es olvidar a la persona ni dejar de quererla, sino poder recordarla con menos dolor y darle un lugar en tu vida actual. Con el tiempo, el recuerdo deja de ser una herida abierta y se convierte en algo que te acompaña: puedes hablar de ella, sonreír con una anécdota o echarla de menos sin que eso te paralice. Muchas personas temen mejorar porque sienten que sería traicionarla. No lo es. Cada duelo tiene su ritmo, y no hay una fecha en la que debas estar bien.

Sí, es muy normal. Las ausencias se notan más en los días felices, porque son momentos en los que imaginabas a esa persona a tu lado. Puede que sientas tristeza en mitad de la celebración, o incluso culpa por disfrutar. Alegría y tristeza pueden convivir, y no tienes que elegir entre una y otra. Ayuda prever esos días, darte permiso para un momento de pena e incluso incluir un pequeño gesto de recuerdo, como una foto, una canción o unas palabras. Con el tiempo, esas fechas suelen ser más llevaderas.

No hay una regla que sirva para todos, y no tienes que decidirlo ahora. Para algunas personas, releer los mensajes o escuchar su voz es un consuelo; para otras, es demasiado doloroso al principio. Cada encuentro con la ausencia forma parte del duelo y ayuda a ir asumiendo la pérdida, a tu ritmo. Lo que conviene vigilar es usarlos para fingir que sigue aquí, por ejemplo escribiéndole cada día esperando respuesta durante mucho tiempo. Puedes guardar una copia y decidir más adelante qué hacer con ellos.

Puedes honrarla de forma que no te impida vivir. Las promesas hechas al final de una vida suelen nacer del amor, pero a veces se hicieron en un momento de mucha angustia o ya no encajan con tu situación: cuidar siempre de alguien, no vender una casa o no rehacer tu vida. Ayuda preguntarte qué quería esa persona en el fondo, normalmente que estuvieras bien, y buscar formas de cumplir ese sentido sin atarte a la letra. Si te genera mucha culpa o te bloquea, es un tema que se puede trabajar en terapia.

Puede serlo. Todo final de etapa supone despedirse de algo, aunque sea un logro: terminar una carrera, jubilarte, tener un bebé o cerrar un proyecto implica dejar atrás una rutina, unas metas y una parte de tu identidad. Después del esfuerzo y la ilusión, es frecuente sentir cierto vacío o tristeza, y eso no significa que no lo valores. Darte tiempo para notar la pérdida y pensar qué viene ahora suele ayudar. Si ese vacío se alarga, se acompaña de ánimo bajo o te cuesta funcionar, conviene consultar.

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