Psicólogo para la ansiedad
Psicólogo para la ansiedad: tratamiento psicológico para entender qué la activa y aprender a regularla. Psicólogas sanitarias, presencial u online.

- ✓Psicólogas sanitarias colegiadas
- ✓Sesiones de 50 min · 65 €
- ✓Presencial u online
- ★★★★★5,0 en Google
¿Qué es la ansiedad y cuándo preocuparse?
La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo y la mente ante lo incierto o lo que percibimos como una amenaza. Se convierte en un problema cuando se mantiene activa sin pausa y empieza a afectar al descanso, al trabajo o a tus relaciones. En nuestra terapia para la ansiedad te ayudamos a entenderla y a regularla.
Cada persona la vive de forma distinta: preocupación constante, tensión física, falta de aire o miedo a perder el control. A veces aparece en momentos concretos, como hablar en público o afrontar un cambio importante; otras, sin un motivo aparente.
Comprender qué función cumple es el primer paso para que deje de dirigir tu día a día.
Señales en el cuerpo y en la mente
La ansiedad no es el problema: es la forma en que el cuerpo pide ayuda.
La ansiedad no aparece sin motivo, aunque no siempre sea evidente. Suele ser una señal de que algo necesita atención: una etapa larga sin parar, una exigencia constante o emociones que no han encontrado espacio.
- En el cuerpo: tensión muscular, palpitaciones, opresión en el pecho o mareo.
- En la mente: pensamientos que se adelantan, dificultad para desconectar, sensación de alerta.
- En la conducta: evitar situaciones, revisar, controlar o posponer.
Por qué aparece la ansiedad
- 01Estrés o exigencia mantenidos durante mucho tiempo.
- 02Experiencias pasadas de inseguridad o trauma.
- 03Falta de descanso, apoyo o rutinas estables.
- 04Cambios vitales que despiertan incertidumbre.
- 05Emociones como el miedo o la tristeza sin espacio para expresarse.
Cuándo pedir ayuda
- Ocupa demasiado espacio en tu día a día.
- Interfiere en el sueño o en tu capacidad de desconectar.
- Afecta a tus relaciones: irritabilidad, distancia o miedo a decepcionar.
- Sientes que pierdes el control o que no puedes parar la cabeza.
- Tienes síntomas físicos frecuentes: palpitaciones, mareo o falta de aire.
- Aparece en situaciones que antes no te generaban malestar.
El ciclo de la ansiedad
La ansiedad se mantiene por un círculo que se repite: cuanto más evitas, más se refuerza. Pulsa cada paso para entenderlo y mira cómo cambia cuando se trabaja en terapia.
Tratamiento psicológico de la ansiedad
El objetivo no es eliminar la ansiedad, sino entender qué intenta comunicar y aprender a regularla de una forma más saludable. Identificamos qué la activa, qué la mantiene y cómo responde tu cuerpo, para que recuperes equilibrio y confianza.
Trabajamos desde un enfoque integrador, en sesiones de 50 minutos, presenciales en nuestro centro u online por videollamada.
- Sesiones de 50 minutos
- Semanales al principio
- Presencial u online
- 65 € individual · 80 € pareja o familia
Cómo trabajamos la ansiedad en terapia
- 01
Comprender el origen
Exploramos cómo se manifiesta en ti, qué la dispara y qué papel cumple en tu historia: estrés prolongado, autoexigencia o experiencias que dejaron huella.
- 02
Regular el cuerpo y la mente
La ansiedad se siente en el cuerpo. Practicamos respiración, relajación, anclaje corporal y regulación emocional para bajar la activación y recuperar la sensación de control.
- 03
Cambiar la relación con ella
Luchar contra la ansiedad suele intensificarla. Aprendes a observarla con curiosidad y a responder de otra manera, hasta que se convierte en información útil.
- 04
Consolidar recursos propios
Incorporamos hábitos de descanso, organización y comunicación emocional para mantener los avances, prevenir recaídas y ganar autonomía.
Psicólogo para la ansiedad
Psicólogo para la ansiedad: tratamiento psicológico para entender qué la activa y aprender a regularla. Psicólogas sanitarias, presencial u online.

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¿Qué es la ansiedad y cuándo preocuparse?
La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo y la mente ante lo incierto o lo que percibimos como una amenaza. Se convierte en un problema cuando se mantiene activa sin pausa y empieza a afectar al descanso, al trabajo o a tus relaciones. En nuestra terapia para la ansiedad te ayudamos a entenderla y a regularla.
Cada persona la vive de forma distinta: preocupación constante, tensión física, falta de aire o miedo a perder el control. A veces aparece en momentos concretos, como hablar en público o afrontar un cambio importante; otras, sin un motivo aparente.
Comprender qué función cumple es el primer paso para que deje de dirigir tu día a día.
Señales en el cuerpo y en la mente
La ansiedad no es el problema: es la forma en que el cuerpo pide ayuda.
La ansiedad no aparece sin motivo, aunque no siempre sea evidente. Suele ser una señal de que algo necesita atención: una etapa larga sin parar, una exigencia constante o emociones que no han encontrado espacio.
- En el cuerpo: tensión muscular, palpitaciones, opresión en el pecho o mareo.
- En la mente: pensamientos que se adelantan, dificultad para desconectar, sensación de alerta.
- En la conducta: evitar situaciones, revisar, controlar o posponer.
Por qué aparece la ansiedad
- 01Estrés o exigencia mantenidos durante mucho tiempo.
- 02Experiencias pasadas de inseguridad o trauma.
- 03Falta de descanso, apoyo o rutinas estables.
- 04Cambios vitales que despiertan incertidumbre.
- 05Emociones como el miedo o la tristeza sin espacio para expresarse.
Cuándo pedir ayuda
- Ocupa demasiado espacio en tu día a día.
- Interfiere en el sueño o en tu capacidad de desconectar.
- Afecta a tus relaciones: irritabilidad, distancia o miedo a decepcionar.
- Sientes que pierdes el control o que no puedes parar la cabeza.
- Tienes síntomas físicos frecuentes: palpitaciones, mareo o falta de aire.
- Aparece en situaciones que antes no te generaban malestar.
El ciclo de la ansiedad
La ansiedad se mantiene por un círculo que se repite: cuanto más evitas, más se refuerza. Pulsa cada paso para entenderlo y mira cómo cambia cuando se trabaja en terapia.
Tratamiento psicológico de la ansiedad
El objetivo no es eliminar la ansiedad, sino entender qué intenta comunicar y aprender a regularla de una forma más saludable. Identificamos qué la activa, qué la mantiene y cómo responde tu cuerpo, para que recuperes equilibrio y confianza.
Trabajamos desde un enfoque integrador, en sesiones de 50 minutos, presenciales en nuestro centro u online por videollamada.
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Cómo trabajamos la ansiedad en terapia
- 01
Comprender el origen
Exploramos cómo se manifiesta en ti, qué la dispara y qué papel cumple en tu historia: estrés prolongado, autoexigencia o experiencias que dejaron huella.
- 02
Regular el cuerpo y la mente
La ansiedad se siente en el cuerpo. Practicamos respiración, relajación, anclaje corporal y regulación emocional para bajar la activación y recuperar la sensación de control.
- 03
Cambiar la relación con ella
Luchar contra la ansiedad suele intensificarla. Aprendes a observarla con curiosidad y a responder de otra manera, hasta que se convierte en información útil.
- 04
Consolidar recursos propios
Incorporamos hábitos de descanso, organización y comunicación emocional para mantener los avances, prevenir recaídas y ganar autonomía.
Psicólogo para la ansiedad
Psicólogo para la ansiedad: tratamiento psicológico para entender qué la activa y aprender a regularla. Psicólogas sanitarias, presencial u online.

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¿Qué es la ansiedad y cuándo preocuparse?
La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo y la mente ante lo incierto o lo que percibimos como una amenaza. Se convierte en un problema cuando se mantiene activa sin pausa y empieza a afectar al descanso, al trabajo o a tus relaciones. En nuestra terapia para la ansiedad te ayudamos a entenderla y a regularla.
Cada persona la vive de forma distinta: preocupación constante, tensión física, falta de aire o miedo a perder el control. A veces aparece en momentos concretos, como hablar en público o afrontar un cambio importante; otras, sin un motivo aparente.
Comprender qué función cumple es el primer paso para que deje de dirigir tu día a día.
Señales en el cuerpo y en la mente
La ansiedad no es el problema: es la forma en que el cuerpo pide ayuda.
La ansiedad no aparece sin motivo, aunque no siempre sea evidente. Suele ser una señal de que algo necesita atención: una etapa larga sin parar, una exigencia constante o emociones que no han encontrado espacio.
- En el cuerpo: tensión muscular, palpitaciones, opresión en el pecho o mareo.
- En la mente: pensamientos que se adelantan, dificultad para desconectar, sensación de alerta.
- En la conducta: evitar situaciones, revisar, controlar o posponer.
Por qué aparece la ansiedad
- 01Estrés o exigencia mantenidos durante mucho tiempo.
- 02Experiencias pasadas de inseguridad o trauma.
- 03Falta de descanso, apoyo o rutinas estables.
- 04Cambios vitales que despiertan incertidumbre.
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Cuándo pedir ayuda
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- Interfiere en el sueño o en tu capacidad de desconectar.
- Afecta a tus relaciones: irritabilidad, distancia o miedo a decepcionar.
- Sientes que pierdes el control o que no puedes parar la cabeza.
- Tienes síntomas físicos frecuentes: palpitaciones, mareo o falta de aire.
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El ciclo de la ansiedad
La ansiedad se mantiene por un círculo que se repite: cuanto más evitas, más se refuerza. Pulsa cada paso para entenderlo y mira cómo cambia cuando se trabaja en terapia.
Tratamiento psicológico de la ansiedad
El objetivo no es eliminar la ansiedad, sino entender qué intenta comunicar y aprender a regularla de una forma más saludable. Identificamos qué la activa, qué la mantiene y cómo responde tu cuerpo, para que recuperes equilibrio y confianza.
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Psicólogas sanitarias colegiadas con experiencia en el tratamiento de la ansiedad, las crisis de pánico y el estrés mantenido.
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Leire BasañezPsicóloga SanitariaNº col. P-03018Atiende en C/ Colón de Larreategui, 26Pedir cita con Leire
Irati ArtetxePsicóloga SanitariaNº col. BI06250Atiende en C/ Colón de Larreategui, 26Pedir cita con Irati¿No sabes con quién encajas?
Cuéntanos qué te pasa y te orientamos hacia la psicóloga cuyo enfoque mejor encaje contigo. Si en algún momento no conectas, buscamos otra opción sin que tengas que justificarte.
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Descubre con quién encajas →Tipos de ansiedad que tratamos
Preguntas frecuentes sobre la ansiedad
El estrés suele tener una causa identificable: una carga de trabajo, una fecha límite o una situación exigente. La ansiedad puede mantenerse cuando ese motivo ya ha pasado o no se puede definir con claridad. Cuesta desconectar, el cuerpo sigue en tensión y la mente anticipa peligros o errores. En terapia te ayudamos a reconocer esas señales y a recuperar la capacidad de pausa.
Más que eliminarla, el objetivo es que deje de dominar tu vida diaria, porque la ansiedad cumple una función adaptativa. En terapia aprendes a identificar cuándo se activa, qué la sostiene (pensamientos, hábitos, contextos) y cómo regularla. Poco a poco vuelve a su papel natural: una señal que orienta en lugar de bloquear.
En Leizea la sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Las sesiones de pareja y de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial. Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00, en nuestro centro, y \1uedes escribirnos por WhatsApp para pedir cita.
Sí. La terapia online por videollamada sigue el mismo proceso que la presencial: misma duración, mismo precio y el mismo acompañamiento. Es una buena opción si vives lejos del centro, tienes horarios complicados o te resulta más cómodo empezar desde casa. Lo importante es contar con un espacio tranquilo y privado durante la sesión.
Depende de la intensidad de los síntomas, del tiempo que llevan presentes y de tu ritmo. No hay una duración fija: los objetivos y el avance se revisan contigo a lo largo del proceso. Los primeros cambios suelen llegar cuando empiezas a reconocer el patrón de tu ansiedad y a responder de otro modo.
Sí, es frecuente. Tras una activación mantenida, el sistema puede agotarse: lo que se vivía como inquietud pasa a sentirse como cansancio, apatía o desconexión. En esos casos la terapia no separa los síntomas, sino que trabaja la regulación emocional en conjunto: qué sostiene la activación y qué la apaga.
Evitar da un alivio inmediato, y por eso resulta tan tentador. El problema es que, a medio plazo, la ansiedad aprende que esa situación era peligrosa de verdad, y cada vez hay más cosas que esquivar: primero el metro, luego los sitios con mucha gente, después salir sin compañía. Lo que al principio protege acaba estrechando la vida. En terapia no te obligamos a enfrentarte a todo de golpe: vamos recuperando espacios poco a poco, a un ritmo que puedas sostener, y trabajamos lo que hace que esas situaciones te pesen tanto.
Lo que pasa fuera influye mucho: una época de exámenes, la presión en el trabajo o una ruptura pueden disparar la ansiedad. Pero no a todas las personas les afecta igual, y la forma en que cada una lo vive tiene que ver con su historia, con lo que se exige y con lo que teme perder. Si la ansiedad se mantiene, reaparece en situaciones parecidas una y otra vez o te limita, merece la pena consultarlo. En terapia trabajamos tanto la situación concreta como lo que hace que te afecte de esa manera.
No. Hablar en público es lo más conocido, pero la ansiedad social puede ir mucho más allá: evitar quedar con gente, no ir sin compañía a ciertos sitios, depender de alguien que te acompañe o pasarlo mal cada vez que sientes que te observan. Cuando el miedo a la mirada de los demás va recortando tu vida, conviene tratarlo. Exponerse poco a poco a esas situaciones es una parte importante del tratamiento y, a veces, hace falta además entender qué imagen de ti se pone en juego delante de los otros.
Porque el cuerpo aprende a vigilarse. Después de pasarlo mal una vez, notar el corazón acelerado, un mareo o la respiración rápida se interpreta como aviso de algo grave, y ese susto añade más activación. Es el llamado miedo al miedo: ya no temes una situación, sino sentirte así. Esas sensaciones son molestas pero no peligrosas. En terapia aprendes a reconocerlas, a dejar de pelearte con ellas y a comprobar poco a poco que puedes notarlas sin que pase lo que temes. Si nunca te han revisado, conviene que tu médico descarte antes otras causas.
Lo más útil es no luchar contra él: un ataque de pánico sube, llega a un pico y baja solo, normalmente en pocos minutos. Recuérdate que es ansiedad muy intensa y no un peligro real. Ayuda soltar el aire despacio, apoyar los pies en el suelo y fijarte en lo que ves y oyes a tu alrededor, sin exigirte calmarte ya. Huir del sitio da alivio, pero enseña que solo te salvas escapando. Si es la primera vez o tienes dudas sobre tu salud, acude a urgencias o llama al 112.
Sirven, y no hay que elegir entre una cosa y otra. Respirar despacio o relajar los músculos ayuda a bajar el nivel de activación y a pensar con más claridad. El problema aparece cuando se usan como una obligación para no sentir nada, porque entonces cada rastro de nervios se vive como un fracaso y la ansiedad se vigila todavía más. En terapia se combinan: técnicas para regularte, aceptación de que cierto malestar puede estar ahí y exposición gradual a lo que evitas.
Porque la ansiedad no siempre responde a un peligro presente. Puede venir de un estrés acumulado durante meses, de un sistema de alerta que aprendió a estar encendido desde hace tiempo o del miedo a las propias sensaciones. Y a veces aparece justo cuando por fin todo se calma: tras una época de aguantar, el cuerpo baja la guardia y salen las facturas pendientes. No significa que estés exagerando. En terapia buscamos qué la alimenta en tu caso y qué la mantiene.
Casi nunca. Preocuparse da la sensación de estar haciendo algo, pero darle vueltas a los mismos «¿y si…?» no te prepara: te cansa y te quita atención para el presente. Una forma de salir del bucle es separar dos tipos de preocupación. Si el problema tiene solución, piensa el primer paso y hazlo. Si no depende de ti o todavía no ha pasado, apúntalo y déjalo para un rato fijo del día en lugar de atenderlo cada vez que asoma. En terapia entrenamos esta diferencia con tus ejemplos.
Sí, es más frecuente de lo que parece. Se llama desrealización: notas el entorno extraño, lejano o como detrás de un cristal. A veces se acompaña de despersonalización, la sensación de verte desde fuera. Ocurre cuando la ansiedad es muy alta y funciona como una especie de desconexión protectora. Asusta mucho, pero no es peligrosa ni significa que estés perdiendo la cabeza, y suele pasar cuando baja la activación. Si se repite a menudo o dura mucho, coméntalo con tu médico y en terapia.
No. Si esperas a no tener miedo, ese momento puede no llegar nunca, porque la confianza suele aparecer después de hacer las cosas, no antes. Lo que funciona es acercarse con miedo, pero de forma gradual y planificada: empezar por situaciones que puedas sostener y subir el nivel cuando la anterior ya no te pese tanto. En terapia preparamos esa escalera contigo, decidimos el ritmo juntas y revisamos qué has aprendido en cada paso.
No. Que la ansiedad reaparezca en una época de estrés, de cansancio o de cambios es habitual y no borra lo que has aprendido: sabes más que la primera vez y tienes herramientas que antes no tenías. Lo importante es no interpretarlo como un fracaso, porque ese pensamiento suele añadir más ansiedad. Conviene tener un plan para el día malo: qué señales te avisan, qué te ayuda y qué evitar. Si el bache se alarga, unas sesiones de repaso suelen bastar para retomar el camino.
Lo más probable es que sea ansiedad, y lo que sientes es real aunque tu corazón esté sano. Ante una señal de alarma, el cuerpo acelera el pulso, la respiración y la tensión muscular para prepararse, y esas sensaciones pueden ser tan intensas que se confunden con un problema cardíaco. Decirte que «no es nada» no ayuda y añade culpa. Una vez que tu médico ha descartado otras causas, la terapia te ayuda a entender ese mecanismo, a reducir el miedo a las sensaciones y a recuperar confianza en tu cuerpo.
Puede serlo. Vivir en guardia, revisando posibles peligros y preparándote para lo peor, es una forma de ansiedad que se llama hipervigilancia. Funciona como un portero que intenta parar todos los balones a la vez: está siempre tenso, se agota y, aun así, no puede evitarlo todo. Esa alerta constante suele traer cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarte y problemas de sueño. En terapia se trabaja de dónde viene esa necesidad de anticiparse, cómo bajar el nivel de alerta y cómo convivir con cierta incertidumbre sin sentir que bajar la guardia es peligroso.
Con cautela. Cuando hay ansiedad, la intuición tiende a dar falsas alarmas: confunde lo que es posible con lo que es probable. Que algo te dé mala espina, que vas a hacer el ridículo, que tienes una enfermedad o que tu pareja te engaña, no lo convierte en verdad, aunque la sensación sea muy convincente. Sentir no es demostrar. Ayuda preguntarse qué datos tienes a favor y en contra, y qué le dirías a una amiga en tu lugar. En terapia aprendes a distinguir la intuición útil del miedo que se disfraza de presentimiento.
Sí, el miedo a volar responde bien al tratamiento psicológico. Se suele empezar por entender cómo funciona el avión y qué significan los ruidos o las turbulencias, porque la información realista reduce mucho la incertidumbre. Después se trabaja con las sensaciones y los pensamientos que aparecen, y con una exposición progresiva: imaginar el vuelo, ver vídeos, ir al aeropuerto y, cuando estés preparada, volar con herramientas para manejar la ansiedad. Cada paso se acuerda contigo y a tu ritmo. Si tienes un viaje próximo, conviene empezar con algo de margen.
Puede ser lo que se conoce como ansiedad inducida por la relajación, y es más común de lo que parece. Algunas personas que viven en alerta sienten que bajar la guardia es peligroso, así que, al relajarse, notan sensaciones nuevas, como el pulso, el cosquilleo o la mente en blanco, y se asustan. No significa que la relajación no sea para ti. Suele ayudar empezar con ejercicios muy breves, con los ojos abiertos o en movimiento, y aceptar esa incomodidad inicial, que con la práctica suele ir bajando. En terapia se ajusta a cada persona.
Conviene revisarlo con tu médico. Tomarlos de forma preventiva, antes de que aparezca la ansiedad, puede enseñarle al cerebro que solo es capaz de calmarse con la pastilla, y con el tiempo hacer que confíes menos en tus propios recursos. No quiere decir que lo hagas mal, ni que debas dejarlos por tu cuenta: nunca los retires de golpe, porque cualquier cambio en la medicación tiene que pautarlo tu médico o psiquiatra. En paralelo, la terapia te ayuda a aprender herramientas para manejar la ansiedad y a recuperar seguridad en ti misma.
Dónde te atendemos
PresencialPsicólogo para la ansiedad en Bilbao→Dónde estamos, horarios y cómo llegar a la consulta.
OnlinePsicólogo online para la ansiedad→Cómo es este tratamiento a distancia, paso a paso.
Cuestionario gratuitoTest de ansiedad (GAD-7)→Unas preguntas para orientarte en dos minutos. No es un diagnóstico.Sigue explorando
Tipos de ansiedad que tratamos
Preguntas frecuentes sobre la ansiedad
El estrés suele tener una causa identificable: una carga de trabajo, una fecha límite o una situación exigente. La ansiedad puede mantenerse cuando ese motivo ya ha pasado o no se puede definir con claridad. Cuesta desconectar, el cuerpo sigue en tensión y la mente anticipa peligros o errores. En terapia te ayudamos a reconocer esas señales y a recuperar la capacidad de pausa.
Más que eliminarla, el objetivo es que deje de dominar tu vida diaria, porque la ansiedad cumple una función adaptativa. En terapia aprendes a identificar cuándo se activa, qué la sostiene (pensamientos, hábitos, contextos) y cómo regularla. Poco a poco vuelve a su papel natural: una señal que orienta en lugar de bloquear.
En Leizea la sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Las sesiones de pareja y de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial. Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00, en nuestro centro, y \1uedes escribirnos por WhatsApp para pedir cita.
Sí. La terapia online por videollamada sigue el mismo proceso que la presencial: misma duración, mismo precio y el mismo acompañamiento. Es una buena opción si vives lejos del centro, tienes horarios complicados o te resulta más cómodo empezar desde casa. Lo importante es contar con un espacio tranquilo y privado durante la sesión.
Depende de la intensidad de los síntomas, del tiempo que llevan presentes y de tu ritmo. No hay una duración fija: los objetivos y el avance se revisan contigo a lo largo del proceso. Los primeros cambios suelen llegar cuando empiezas a reconocer el patrón de tu ansiedad y a responder de otro modo.
Sí, es frecuente. Tras una activación mantenida, el sistema puede agotarse: lo que se vivía como inquietud pasa a sentirse como cansancio, apatía o desconexión. En esos casos la terapia no separa los síntomas, sino que trabaja la regulación emocional en conjunto: qué sostiene la activación y qué la apaga.
Evitar da un alivio inmediato, y por eso resulta tan tentador. El problema es que, a medio plazo, la ansiedad aprende que esa situación era peligrosa de verdad, y cada vez hay más cosas que esquivar: primero el metro, luego los sitios con mucha gente, después salir sin compañía. Lo que al principio protege acaba estrechando la vida. En terapia no te obligamos a enfrentarte a todo de golpe: vamos recuperando espacios poco a poco, a un ritmo que puedas sostener, y trabajamos lo que hace que esas situaciones te pesen tanto.
Lo que pasa fuera influye mucho: una época de exámenes, la presión en el trabajo o una ruptura pueden disparar la ansiedad. Pero no a todas las personas les afecta igual, y la forma en que cada una lo vive tiene que ver con su historia, con lo que se exige y con lo que teme perder. Si la ansiedad se mantiene, reaparece en situaciones parecidas una y otra vez o te limita, merece la pena consultarlo. En terapia trabajamos tanto la situación concreta como lo que hace que te afecte de esa manera.
No. Hablar en público es lo más conocido, pero la ansiedad social puede ir mucho más allá: evitar quedar con gente, no ir sin compañía a ciertos sitios, depender de alguien que te acompañe o pasarlo mal cada vez que sientes que te observan. Cuando el miedo a la mirada de los demás va recortando tu vida, conviene tratarlo. Exponerse poco a poco a esas situaciones es una parte importante del tratamiento y, a veces, hace falta además entender qué imagen de ti se pone en juego delante de los otros.
Porque el cuerpo aprende a vigilarse. Después de pasarlo mal una vez, notar el corazón acelerado, un mareo o la respiración rápida se interpreta como aviso de algo grave, y ese susto añade más activación. Es el llamado miedo al miedo: ya no temes una situación, sino sentirte así. Esas sensaciones son molestas pero no peligrosas. En terapia aprendes a reconocerlas, a dejar de pelearte con ellas y a comprobar poco a poco que puedes notarlas sin que pase lo que temes. Si nunca te han revisado, conviene que tu médico descarte antes otras causas.
Lo más útil es no luchar contra él: un ataque de pánico sube, llega a un pico y baja solo, normalmente en pocos minutos. Recuérdate que es ansiedad muy intensa y no un peligro real. Ayuda soltar el aire despacio, apoyar los pies en el suelo y fijarte en lo que ves y oyes a tu alrededor, sin exigirte calmarte ya. Huir del sitio da alivio, pero enseña que solo te salvas escapando. Si es la primera vez o tienes dudas sobre tu salud, acude a urgencias o llama al 112.
Sirven, y no hay que elegir entre una cosa y otra. Respirar despacio o relajar los músculos ayuda a bajar el nivel de activación y a pensar con más claridad. El problema aparece cuando se usan como una obligación para no sentir nada, porque entonces cada rastro de nervios se vive como un fracaso y la ansiedad se vigila todavía más. En terapia se combinan: técnicas para regularte, aceptación de que cierto malestar puede estar ahí y exposición gradual a lo que evitas.
Porque la ansiedad no siempre responde a un peligro presente. Puede venir de un estrés acumulado durante meses, de un sistema de alerta que aprendió a estar encendido desde hace tiempo o del miedo a las propias sensaciones. Y a veces aparece justo cuando por fin todo se calma: tras una época de aguantar, el cuerpo baja la guardia y salen las facturas pendientes. No significa que estés exagerando. En terapia buscamos qué la alimenta en tu caso y qué la mantiene.
Casi nunca. Preocuparse da la sensación de estar haciendo algo, pero darle vueltas a los mismos «¿y si…?» no te prepara: te cansa y te quita atención para el presente. Una forma de salir del bucle es separar dos tipos de preocupación. Si el problema tiene solución, piensa el primer paso y hazlo. Si no depende de ti o todavía no ha pasado, apúntalo y déjalo para un rato fijo del día en lugar de atenderlo cada vez que asoma. En terapia entrenamos esta diferencia con tus ejemplos.
Sí, es más frecuente de lo que parece. Se llama desrealización: notas el entorno extraño, lejano o como detrás de un cristal. A veces se acompaña de despersonalización, la sensación de verte desde fuera. Ocurre cuando la ansiedad es muy alta y funciona como una especie de desconexión protectora. Asusta mucho, pero no es peligrosa ni significa que estés perdiendo la cabeza, y suele pasar cuando baja la activación. Si se repite a menudo o dura mucho, coméntalo con tu médico y en terapia.
No. Si esperas a no tener miedo, ese momento puede no llegar nunca, porque la confianza suele aparecer después de hacer las cosas, no antes. Lo que funciona es acercarse con miedo, pero de forma gradual y planificada: empezar por situaciones que puedas sostener y subir el nivel cuando la anterior ya no te pese tanto. En terapia preparamos esa escalera contigo, decidimos el ritmo juntas y revisamos qué has aprendido en cada paso.
No. Que la ansiedad reaparezca en una época de estrés, de cansancio o de cambios es habitual y no borra lo que has aprendido: sabes más que la primera vez y tienes herramientas que antes no tenías. Lo importante es no interpretarlo como un fracaso, porque ese pensamiento suele añadir más ansiedad. Conviene tener un plan para el día malo: qué señales te avisan, qué te ayuda y qué evitar. Si el bache se alarga, unas sesiones de repaso suelen bastar para retomar el camino.
Lo más probable es que sea ansiedad, y lo que sientes es real aunque tu corazón esté sano. Ante una señal de alarma, el cuerpo acelera el pulso, la respiración y la tensión muscular para prepararse, y esas sensaciones pueden ser tan intensas que se confunden con un problema cardíaco. Decirte que «no es nada» no ayuda y añade culpa. Una vez que tu médico ha descartado otras causas, la terapia te ayuda a entender ese mecanismo, a reducir el miedo a las sensaciones y a recuperar confianza en tu cuerpo.
Puede serlo. Vivir en guardia, revisando posibles peligros y preparándote para lo peor, es una forma de ansiedad que se llama hipervigilancia. Funciona como un portero que intenta parar todos los balones a la vez: está siempre tenso, se agota y, aun así, no puede evitarlo todo. Esa alerta constante suele traer cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarte y problemas de sueño. En terapia se trabaja de dónde viene esa necesidad de anticiparse, cómo bajar el nivel de alerta y cómo convivir con cierta incertidumbre sin sentir que bajar la guardia es peligroso.
Con cautela. Cuando hay ansiedad, la intuición tiende a dar falsas alarmas: confunde lo que es posible con lo que es probable. Que algo te dé mala espina, que vas a hacer el ridículo, que tienes una enfermedad o que tu pareja te engaña, no lo convierte en verdad, aunque la sensación sea muy convincente. Sentir no es demostrar. Ayuda preguntarse qué datos tienes a favor y en contra, y qué le dirías a una amiga en tu lugar. En terapia aprendes a distinguir la intuición útil del miedo que se disfraza de presentimiento.
Sí, el miedo a volar responde bien al tratamiento psicológico. Se suele empezar por entender cómo funciona el avión y qué significan los ruidos o las turbulencias, porque la información realista reduce mucho la incertidumbre. Después se trabaja con las sensaciones y los pensamientos que aparecen, y con una exposición progresiva: imaginar el vuelo, ver vídeos, ir al aeropuerto y, cuando estés preparada, volar con herramientas para manejar la ansiedad. Cada paso se acuerda contigo y a tu ritmo. Si tienes un viaje próximo, conviene empezar con algo de margen.
Puede ser lo que se conoce como ansiedad inducida por la relajación, y es más común de lo que parece. Algunas personas que viven en alerta sienten que bajar la guardia es peligroso, así que, al relajarse, notan sensaciones nuevas, como el pulso, el cosquilleo o la mente en blanco, y se asustan. No significa que la relajación no sea para ti. Suele ayudar empezar con ejercicios muy breves, con los ojos abiertos o en movimiento, y aceptar esa incomodidad inicial, que con la práctica suele ir bajando. En terapia se ajusta a cada persona.
Conviene revisarlo con tu médico. Tomarlos de forma preventiva, antes de que aparezca la ansiedad, puede enseñarle al cerebro que solo es capaz de calmarse con la pastilla, y con el tiempo hacer que confíes menos en tus propios recursos. No quiere decir que lo hagas mal, ni que debas dejarlos por tu cuenta: nunca los retires de golpe, porque cualquier cambio en la medicación tiene que pautarlo tu médico o psiquiatra. En paralelo, la terapia te ayuda a aprender herramientas para manejar la ansiedad y a recuperar seguridad en ti misma.
Dónde te atendemos
PresencialPsicólogo para la ansiedad en Bilbao→Dónde estamos, horarios y cómo llegar a la consulta.
OnlinePsicólogo online para la ansiedad→Cómo es este tratamiento a distancia, paso a paso.
Cuestionario gratuitoTest de ansiedad (GAD-7)→Unas preguntas para orientarte en dos minutos. No es un diagnóstico.Sigue explorando
Tipos de ansiedad que tratamos
Preguntas frecuentes sobre la ansiedad
El estrés suele tener una causa identificable: una carga de trabajo, una fecha límite o una situación exigente. La ansiedad puede mantenerse cuando ese motivo ya ha pasado o no se puede definir con claridad. Cuesta desconectar, el cuerpo sigue en tensión y la mente anticipa peligros o errores. En terapia te ayudamos a reconocer esas señales y a recuperar la capacidad de pausa.
Más que eliminarla, el objetivo es que deje de dominar tu vida diaria, porque la ansiedad cumple una función adaptativa. En terapia aprendes a identificar cuándo se activa, qué la sostiene (pensamientos, hábitos, contextos) y cómo regularla. Poco a poco vuelve a su papel natural: una señal que orienta en lugar de bloquear.
En Leizea la sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Las sesiones de pareja y de familia cuestan 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial. Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00, en nuestro centro, y \1uedes escribirnos por WhatsApp para pedir cita.
Sí. La terapia online por videollamada sigue el mismo proceso que la presencial: misma duración, mismo precio y el mismo acompañamiento. Es una buena opción si vives lejos del centro, tienes horarios complicados o te resulta más cómodo empezar desde casa. Lo importante es contar con un espacio tranquilo y privado durante la sesión.
Depende de la intensidad de los síntomas, del tiempo que llevan presentes y de tu ritmo. No hay una duración fija: los objetivos y el avance se revisan contigo a lo largo del proceso. Los primeros cambios suelen llegar cuando empiezas a reconocer el patrón de tu ansiedad y a responder de otro modo.
Sí, es frecuente. Tras una activación mantenida, el sistema puede agotarse: lo que se vivía como inquietud pasa a sentirse como cansancio, apatía o desconexión. En esos casos la terapia no separa los síntomas, sino que trabaja la regulación emocional en conjunto: qué sostiene la activación y qué la apaga.
Evitar da un alivio inmediato, y por eso resulta tan tentador. El problema es que, a medio plazo, la ansiedad aprende que esa situación era peligrosa de verdad, y cada vez hay más cosas que esquivar: primero el metro, luego los sitios con mucha gente, después salir sin compañía. Lo que al principio protege acaba estrechando la vida. En terapia no te obligamos a enfrentarte a todo de golpe: vamos recuperando espacios poco a poco, a un ritmo que puedas sostener, y trabajamos lo que hace que esas situaciones te pesen tanto.
Lo que pasa fuera influye mucho: una época de exámenes, la presión en el trabajo o una ruptura pueden disparar la ansiedad. Pero no a todas las personas les afecta igual, y la forma en que cada una lo vive tiene que ver con su historia, con lo que se exige y con lo que teme perder. Si la ansiedad se mantiene, reaparece en situaciones parecidas una y otra vez o te limita, merece la pena consultarlo. En terapia trabajamos tanto la situación concreta como lo que hace que te afecte de esa manera.
No. Hablar en público es lo más conocido, pero la ansiedad social puede ir mucho más allá: evitar quedar con gente, no ir sin compañía a ciertos sitios, depender de alguien que te acompañe o pasarlo mal cada vez que sientes que te observan. Cuando el miedo a la mirada de los demás va recortando tu vida, conviene tratarlo. Exponerse poco a poco a esas situaciones es una parte importante del tratamiento y, a veces, hace falta además entender qué imagen de ti se pone en juego delante de los otros.
Porque el cuerpo aprende a vigilarse. Después de pasarlo mal una vez, notar el corazón acelerado, un mareo o la respiración rápida se interpreta como aviso de algo grave, y ese susto añade más activación. Es el llamado miedo al miedo: ya no temes una situación, sino sentirte así. Esas sensaciones son molestas pero no peligrosas. En terapia aprendes a reconocerlas, a dejar de pelearte con ellas y a comprobar poco a poco que puedes notarlas sin que pase lo que temes. Si nunca te han revisado, conviene que tu médico descarte antes otras causas.
Lo más útil es no luchar contra él: un ataque de pánico sube, llega a un pico y baja solo, normalmente en pocos minutos. Recuérdate que es ansiedad muy intensa y no un peligro real. Ayuda soltar el aire despacio, apoyar los pies en el suelo y fijarte en lo que ves y oyes a tu alrededor, sin exigirte calmarte ya. Huir del sitio da alivio, pero enseña que solo te salvas escapando. Si es la primera vez o tienes dudas sobre tu salud, acude a urgencias o llama al 112.
Sirven, y no hay que elegir entre una cosa y otra. Respirar despacio o relajar los músculos ayuda a bajar el nivel de activación y a pensar con más claridad. El problema aparece cuando se usan como una obligación para no sentir nada, porque entonces cada rastro de nervios se vive como un fracaso y la ansiedad se vigila todavía más. En terapia se combinan: técnicas para regularte, aceptación de que cierto malestar puede estar ahí y exposición gradual a lo que evitas.
Porque la ansiedad no siempre responde a un peligro presente. Puede venir de un estrés acumulado durante meses, de un sistema de alerta que aprendió a estar encendido desde hace tiempo o del miedo a las propias sensaciones. Y a veces aparece justo cuando por fin todo se calma: tras una época de aguantar, el cuerpo baja la guardia y salen las facturas pendientes. No significa que estés exagerando. En terapia buscamos qué la alimenta en tu caso y qué la mantiene.
Casi nunca. Preocuparse da la sensación de estar haciendo algo, pero darle vueltas a los mismos «¿y si…?» no te prepara: te cansa y te quita atención para el presente. Una forma de salir del bucle es separar dos tipos de preocupación. Si el problema tiene solución, piensa el primer paso y hazlo. Si no depende de ti o todavía no ha pasado, apúntalo y déjalo para un rato fijo del día en lugar de atenderlo cada vez que asoma. En terapia entrenamos esta diferencia con tus ejemplos.
Sí, es más frecuente de lo que parece. Se llama desrealización: notas el entorno extraño, lejano o como detrás de un cristal. A veces se acompaña de despersonalización, la sensación de verte desde fuera. Ocurre cuando la ansiedad es muy alta y funciona como una especie de desconexión protectora. Asusta mucho, pero no es peligrosa ni significa que estés perdiendo la cabeza, y suele pasar cuando baja la activación. Si se repite a menudo o dura mucho, coméntalo con tu médico y en terapia.
No. Si esperas a no tener miedo, ese momento puede no llegar nunca, porque la confianza suele aparecer después de hacer las cosas, no antes. Lo que funciona es acercarse con miedo, pero de forma gradual y planificada: empezar por situaciones que puedas sostener y subir el nivel cuando la anterior ya no te pese tanto. En terapia preparamos esa escalera contigo, decidimos el ritmo juntas y revisamos qué has aprendido en cada paso.
No. Que la ansiedad reaparezca en una época de estrés, de cansancio o de cambios es habitual y no borra lo que has aprendido: sabes más que la primera vez y tienes herramientas que antes no tenías. Lo importante es no interpretarlo como un fracaso, porque ese pensamiento suele añadir más ansiedad. Conviene tener un plan para el día malo: qué señales te avisan, qué te ayuda y qué evitar. Si el bache se alarga, unas sesiones de repaso suelen bastar para retomar el camino.
Lo más probable es que sea ansiedad, y lo que sientes es real aunque tu corazón esté sano. Ante una señal de alarma, el cuerpo acelera el pulso, la respiración y la tensión muscular para prepararse, y esas sensaciones pueden ser tan intensas que se confunden con un problema cardíaco. Decirte que «no es nada» no ayuda y añade culpa. Una vez que tu médico ha descartado otras causas, la terapia te ayuda a entender ese mecanismo, a reducir el miedo a las sensaciones y a recuperar confianza en tu cuerpo.
Puede serlo. Vivir en guardia, revisando posibles peligros y preparándote para lo peor, es una forma de ansiedad que se llama hipervigilancia. Funciona como un portero que intenta parar todos los balones a la vez: está siempre tenso, se agota y, aun así, no puede evitarlo todo. Esa alerta constante suele traer cansancio, irritabilidad, dificultad para concentrarte y problemas de sueño. En terapia se trabaja de dónde viene esa necesidad de anticiparse, cómo bajar el nivel de alerta y cómo convivir con cierta incertidumbre sin sentir que bajar la guardia es peligroso.
Con cautela. Cuando hay ansiedad, la intuición tiende a dar falsas alarmas: confunde lo que es posible con lo que es probable. Que algo te dé mala espina, que vas a hacer el ridículo, que tienes una enfermedad o que tu pareja te engaña, no lo convierte en verdad, aunque la sensación sea muy convincente. Sentir no es demostrar. Ayuda preguntarse qué datos tienes a favor y en contra, y qué le dirías a una amiga en tu lugar. En terapia aprendes a distinguir la intuición útil del miedo que se disfraza de presentimiento.
Sí, el miedo a volar responde bien al tratamiento psicológico. Se suele empezar por entender cómo funciona el avión y qué significan los ruidos o las turbulencias, porque la información realista reduce mucho la incertidumbre. Después se trabaja con las sensaciones y los pensamientos que aparecen, y con una exposición progresiva: imaginar el vuelo, ver vídeos, ir al aeropuerto y, cuando estés preparada, volar con herramientas para manejar la ansiedad. Cada paso se acuerda contigo y a tu ritmo. Si tienes un viaje próximo, conviene empezar con algo de margen.
Puede ser lo que se conoce como ansiedad inducida por la relajación, y es más común de lo que parece. Algunas personas que viven en alerta sienten que bajar la guardia es peligroso, así que, al relajarse, notan sensaciones nuevas, como el pulso, el cosquilleo o la mente en blanco, y se asustan. No significa que la relajación no sea para ti. Suele ayudar empezar con ejercicios muy breves, con los ojos abiertos o en movimiento, y aceptar esa incomodidad inicial, que con la práctica suele ir bajando. En terapia se ajusta a cada persona.
Conviene revisarlo con tu médico. Tomarlos de forma preventiva, antes de que aparezca la ansiedad, puede enseñarle al cerebro que solo es capaz de calmarse con la pastilla, y con el tiempo hacer que confíes menos en tus propios recursos. No quiere decir que lo hagas mal, ni que debas dejarlos por tu cuenta: nunca los retires de golpe, porque cualquier cambio en la medicación tiene que pautarlo tu médico o psiquiatra. En paralelo, la terapia te ayuda a aprender herramientas para manejar la ansiedad y a recuperar seguridad en ti misma.
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La calma
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Escríbenos\1 empieza a entender tu ansiedad, de forma presencial u online.

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