Psicólogo para la depresión

Psicólogo para la depresión: terapia para entender el cansancio y la tristeza y recuperar energía, paso a paso. Psicólogas sanitarias, presencial u online.

Psicólogo para la depresión: terapia psicológica presencial y online
  • Psicólogas sanitarias colegiadas
  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
  • 5,0 en Google

¿Qué es la depresión y cómo reconocerla?

La depresión es un estado de pérdida de impulso vital que va más allá de la tristeza: cuesta empezar el día, lo que antes tenía sentido deja de tenerlo y el cuerpo pesa. No es falta de voluntad ni debilidad. En nuestra terapia para la depresión te acompañamos a entender qué la sostiene.

A menudo aparece después de una etapa de sobreesfuerzo emocional, cuando llevas tiempo tirando hacia delante sin espacio para sentir. El ánimo cae porque algo interno pide pausa, palabra y sentido.

La terapia ofrece un lugar donde observar qué se está apagando y por qué, con calma y sin juicio.

Por qué aparece la depresión

No es falta de ganas ni de voluntad: es algo que pesa y se puede tratar.

La depresión no aparece porque sí. A veces llega tras una pérdida, un cambio o un esfuerzo largo por mantenerlo todo en pie. Otras, después de haber silenciado durante mucho tiempo lo que dolía.

Cuando el cuerpo y la mente no encuentran otra forma de seguir, bajan el ritmo. Ese «apagón» puede ser una manera de proteger algo que quedó herido.

Tampoco se ve siempre como tristeza: a veces se disfraza de exigencia, perfeccionismo o exceso de responsabilidad.

Síntomas de la depresión

  1. 01Cansancio que no mejora al descansar.
  2. 02Dificultad para disfrutar de lo que antes te gustaba.
  3. 03Autocrítica, culpa o pensamientos de inutilidad.
  4. 04Cambios en el sueño, el apetito o la concentración.
  5. 05Sensación de vacío o de funcionar en automático.
  6. 06Tendencia a aislarte por falta de energía.

Cuándo pedir ayuda

  • El desánimo dura semanas y no se alivia con distracciones.
  • El día a día pesa y cada tarea cuesta más de lo normal.
  • Te alejas de personas o planes porque no tienes energía.
  • La autocrítica ocupa tu mente aunque sepas que no es justa.
  • Notas que algo en ti pide atención, aunque no sepas nombrarlo.
  • Aparecen pensamientos de muerte: pide ayuda cuanto antes (teléfono 024).
Pide cita →

Tratamiento psicológico de la depresión

La terapia no se centra solo en reducir síntomas, sino en comprender qué hay detrás: pérdidas, exigencia o desbordamiento emocional, y necesidades que quedaron en segundo plano. A tu ritmo, buscamos que vuelvan a aparecer el movimiento y la capacidad de disfrutar.

Las sesiones duran 50 minutos y pueden ser presenciales en nuestro centro u online por videollamada.

  • Sesiones de 50 minutos
  • Semanales al principio
  • Presencial u online
  • 65 € individual · 80 € pareja o familia

Cómo es el proceso de terapia

  1. 01

    Una primera conversación

    Nos cuentas qué te pasa y desde cuándo. Exploramos cómo te afecta en el sueño, la energía, el trabajo y las relaciones.

  2. 02

    Entender qué lo sostiene

    Observamos qué función cumple ese apagón: una pérdida, una exigencia interna o un cansancio acumulado durante mucho tiempo.

  3. 03

    Recuperar el movimiento

    Retomas poco a poco rutinas, vínculos y actividades que te aportan, mientras trabajamos la autocrítica y la culpa.

  4. 04

    Consolidar los cambios

    Revisamos contigo los avances y preparamos recursos para sostener el ánimo y reconocer a tiempo las señales de alerta.

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¿Qué es la depresión y cómo reconocerla?

La depresión es un estado de pérdida de impulso vital que va más allá de la tristeza: cuesta empezar el día, lo que antes tenía sentido deja de tenerlo y el cuerpo pesa. No es falta de voluntad ni debilidad. En nuestra terapia para la depresión te acompañamos a entender qué la sostiene.

A menudo aparece después de una etapa de sobreesfuerzo emocional, cuando llevas tiempo tirando hacia delante sin espacio para sentir. El ánimo cae porque algo interno pide pausa, palabra y sentido.

La terapia ofrece un lugar donde observar qué se está apagando y por qué, con calma y sin juicio.

Por qué aparece la depresión

No es falta de ganas ni de voluntad: es algo que pesa y se puede tratar.

La depresión no aparece porque sí. A veces llega tras una pérdida, un cambio o un esfuerzo largo por mantenerlo todo en pie. Otras, después de haber silenciado durante mucho tiempo lo que dolía.

Cuando el cuerpo y la mente no encuentran otra forma de seguir, bajan el ritmo. Ese «apagón» puede ser una manera de proteger algo que quedó herido.

Tampoco se ve siempre como tristeza: a veces se disfraza de exigencia, perfeccionismo o exceso de responsabilidad.

Síntomas de la depresión

  1. 01Cansancio que no mejora al descansar.
  2. 02Dificultad para disfrutar de lo que antes te gustaba.
  3. 03Autocrítica, culpa o pensamientos de inutilidad.
  4. 04Cambios en el sueño, el apetito o la concentración.
  5. 05Sensación de vacío o de funcionar en automático.
  6. 06Tendencia a aislarte por falta de energía.

Cuándo pedir ayuda

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  2. 02

    Entender qué lo sostiene

    Observamos qué función cumple ese apagón: una pérdida, una exigencia interna o un cansancio acumulado durante mucho tiempo.

  3. 03

    Recuperar el movimiento

    Retomas poco a poco rutinas, vínculos y actividades que te aportan, mientras trabajamos la autocrítica y la culpa.

  4. 04

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¿Qué es la depresión y cómo reconocerla?

La depresión es un estado de pérdida de impulso vital que va más allá de la tristeza: cuesta empezar el día, lo que antes tenía sentido deja de tenerlo y el cuerpo pesa. No es falta de voluntad ni debilidad. En nuestra terapia para la depresión te acompañamos a entender qué la sostiene.

A menudo aparece después de una etapa de sobreesfuerzo emocional, cuando llevas tiempo tirando hacia delante sin espacio para sentir. El ánimo cae porque algo interno pide pausa, palabra y sentido.

La terapia ofrece un lugar donde observar qué se está apagando y por qué, con calma y sin juicio.

Por qué aparece la depresión

No es falta de ganas ni de voluntad: es algo que pesa y se puede tratar.

La depresión no aparece porque sí. A veces llega tras una pérdida, un cambio o un esfuerzo largo por mantenerlo todo en pie. Otras, después de haber silenciado durante mucho tiempo lo que dolía.

Cuando el cuerpo y la mente no encuentran otra forma de seguir, bajan el ritmo. Ese «apagón» puede ser una manera de proteger algo que quedó herido.

Tampoco se ve siempre como tristeza: a veces se disfraza de exigencia, perfeccionismo o exceso de responsabilidad.

Síntomas de la depresión

  1. 01Cansancio que no mejora al descansar.
  2. 02Dificultad para disfrutar de lo que antes te gustaba.
  3. 03Autocrítica, culpa o pensamientos de inutilidad.
  4. 04Cambios en el sueño, el apetito o la concentración.
  5. 05Sensación de vacío o de funcionar en automático.
  6. 06Tendencia a aislarte por falta de energía.

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  • El día a día pesa y cada tarea cuesta más de lo normal.
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  • La autocrítica ocupa tu mente aunque sepas que no es justa.
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Cuéntanos qué te pasa y te orientamos hacia la psicóloga cuyo enfoque mejor encaje contigo. Si en algún momento no conectas, buscamos otra opción sin que tengas que justificarte.

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Qué tratamos en la terapia para la depresión

Depresión mayorDistimiaDepresión tras una pérdidaFalta de disfrute (anhedonia)Pensamientos negativosAislamiento y apatíaDesesperanza y vacíoIdeación suicidaDepresión y adiccionesY más…

Preguntas frecuentes sobre la depresión

¿Tienes otra duda?Escríbenos por WhatsApp y te respondemos enseguida, sin compromiso.Ver psicólogas ↑

La tristeza aparece y se va según lo que vivimos. La depresión se siente más estable y densa, y no se alivia con distracciones ni con descanso. Si el desánimo dura semanas y afecta al sueño, al apetito o a la motivación, puede que estés atravesando un episodio depresivo. Una valoración con una psicóloga sanitaria te ayudará a aclararlo.

No siempre hay un motivo visible. La depresión puede aparecer cuando llevas tiempo reprimiendo emociones, sosteniendo más de lo que puedes o lejos de lo que necesitas. A veces es la forma que tienen el cuerpo y la mente de pedir una pausa. En terapia buscamos entender ese mensaje en lugar de juzgarlo.

La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Si se trabaja en pareja o en familia, la sesión cuesta 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. Puedes escribir directamente a la psicóloga con la que quieras empezar para resolver dudas y pedir cita.

Sí. La terapia online por videollamada mantiene la misma estructura, duración y precio que la presencial. Puede ser útil cuando la falta de energía hace difícil desplazarse, si vives lejos del centro o si tus horarios son complicados. Lo importante es encontrar un momento y un lugar tranquilos donde puedas hablar con privacidad.

Depende de cada persona, del tipo de depresión y del tiempo que lleve presente. No trabajamos con plazos cerrados: revisamos contigo los objetivos y el avance a lo largo del proceso. Lo importante es avanzar a un ritmo que respete tu momento vital y tus recursos.

Sí, es muy habitual. A veces la ansiedad aparece al intentar mantenerte en marcha y la depresión llega cuando el cuerpo y la mente ya no pueden sostener esa tensión. En terapia trabajamos ambas desde su relación, no como dos problemas separados.

Pueden complementarse. La medicación, cuando la indica un médico o psiquiatra, puede aliviar síntomas como el insomnio, la tristeza intensa o la falta de energía, y a veces es necesaria para poder empezar. Lo que no hace por sí sola es cambiar las formas de pensar, de relacionarte o de tratarte que se repiten y mantienen el malestar: ese es el trabajo de la terapia. Con tu consentimiento, podemos coordinarnos con tu médico. Y nunca dejes ni cambies la medicación sin consultarlo con quien te la recetó.

Puede serlo, pero no siempre. A veces lo que pesa no es tanto un ánimo bajo como un conflicto interno: una parte de ti quiere hacer cosas y otra frena, por miedo a fallar, por cansancio de exigirte o porque en el fondo no tienes claro que quieras lo que te propones. Desde fuera puede parecer pereza, pero por dentro se vive como una lucha agotadora. En la evaluación inicial vemos qué hay detrás de esa falta de impulso, para trabajar sobre la causa y no solo sobre el síntoma.

Puede ser. La distimia, o trastorno depresivo persistente, es un ánimo bajo que dura años, menos intenso que una depresión puntual pero casi continuo. Como acompaña tanto tiempo, mucha gente lo confunde con su carácter: «siempre he sido así, un poco gris». Esa costumbre hace que se consulte tarde. Si llevas mucho tiempo con desánimo, cansancio, poca ilusión o una autocrítica constante, merece la pena una evaluación. No tiene por qué ser para siempre y se puede trabajar en terapia.

Puede serlo, pero no siempre, y por eso conviene una evaluación cuidadosa antes de ponerle nombre. Un aislamiento que se alarga durante meses puede estar relacionado con un ánimo bajo, pero también con ansiedad social, con un uso problemático de las pantallas, con dificultades en los estudios o con otras situaciones que piden una mirada distinta. Mientras tanto, intenta mantener el contacto sin presionarle en exceso y busca ayuda profesional. Si ves señales de que podría hacerse daño, llama al 024 o, en caso de urgencia, al 112.

Empezando por algo muy pequeño, sin esperar a tener ganas. En la depresión las ganas suelen llegar después de hacer, no antes, y esperar a sentirte mejor para moverte alimenta el bloqueo. Por eso en terapia usamos la activación conductual: elegir pasos asequibles, como ducharte, salir diez minutos o escribir a alguien, y fijarte en cómo te sientes después. No se trata de obligarte a una agenda llena, sino de ir recuperando poco a poco actividades que te dan algo de energía o de sentido.

Sí. La depresión no siempre se nota como tristeza. Hay personas que la viven sobre todo como irritabilidad, cansancio constante, vacío, falta de interés o de placer por lo que antes les gustaba, dificultad para concentrarse o cambios en el sueño y el apetito. Por eso a veces pasa desapercibida durante mucho tiempo. Si llevas semanas así y te cuesta funcionar, merece la pena consultarlo con tu médico o con una psicóloga para valorar qué te está pasando.

Puede mantenerla, sí. Darle vueltas a por qué estás así, a lo que hiciste mal o a lo que vendrá se llama rumiación, y aunque parece una forma de entenderte, suele dejarte más hundida y sin salidas nuevas. No se trata de dejar de pensar a la fuerza, sino de notar cuándo has entrado en el bucle y llevar la atención a algo concreto: una tarea, el cuerpo, una conversación. En terapia aprendemos a distinguir pensar para resolver de rumiar, y a salir de ahí.

Por sí solo, poco, y a veces empeora las cosas. Obligarte a ver el lado bueno cuando no puedes suele añadir culpa: además de estar mal, sientes que no te esfuerzas lo suficiente. Ayuda más reconocer lo que sientes sin juzgarlo, revisar los pensamientos muy duros que se repiten y actuar paso a paso aunque el ánimo no acompañe todavía. El objetivo no es pensar bonito, sino pensar de forma más ajustada y amable contigo.

No necesariamente. La tristeza tiene una función: ayuda a parar, a procesar lo que duele y a pedir apoyo. Dejarla estar un rato, llorar o contarlo no es hundirse. Lo que suele atascar es otra cosa: quedarse inmóvil durante días, aislarse o darle vueltas sin fin a lo mismo. En terapia aprendemos a hacer sitio a la tristeza sin que lo ocupe todo, combinando permitirse sentir con pequeñas acciones que te mantengan conectada con tu vida.

Sobre todo, estando. Suele ayudar más la presencia que los consejos: escuchar sin minimizar, evitar frases como «anímate» o «hay gente peor» y ofrecer cosas concretas y pequeñas, como dar un paseo o acompañarle a una cita. Anímale a pedir ayuda profesional sin presionar. Y cuídate tú también, porque acompañar cansa. Si habla de morir, de no querer seguir o de hacerse daño, tómalo en serio y pregúntale directamente: llamad al 024, la línea de atención a la conducta suicida, o al 112 si hay peligro inmediato.

Sí. Hay personas que siguen trabajando, cuidando de su familia y cumpliendo con todo mientras por dentro cada tarea les cuesta el doble, se sienten vacías o lo sostienen a base de pura fuerza de voluntad. Desde fuera nadie lo nota y a veces ni la propia persona se lo permite reconocer. Que funciones no significa que estés bien ni que no merezcas ayuda. Si notas que vives en modo supervivencia desde hace tiempo, es un buen motivo para consultar.

Puede ser una reacción comprensible a un momento difícil, o puede haberse convertido en una depresión; a veces son ambas cosas. Para distinguirlo se valora cuánto dura el malestar, su intensidad y cuánto te impide funcionar en otras áreas, como el sueño, las relaciones o lo que antes disfrutabas. En cualquier caso, no hace falta tener un diagnóstico para pedir ayuda. En terapia no cambiamos tu contexto, pero sí te ayudamos a sostenerlo mejor y a no cargar además con la culpa.

Es muy frecuente, pero no tienes de qué avergonzarte. Nadie se siente débil por tratarse una diabetes o la tensión alta, y la depresión también es un problema de salud que a veces necesita medicación. Que tu médico o psiquiatra te la recomiende no significa que no estés poniendo de tu parte. De hecho, en muchos casos es lo que da la energía mínima para poder aprovechar la terapia. La medicación y la psicoterapia se pueden combinar. Si tienes dudas sobre el tratamiento, lo mejor es comentarlas con quien te lo ha pautado.

Sí. Preguntar con claridad si está pensando en quitarse la vida no le mete la idea en la cabeza; al contrario, suele aliviar y le demuestra que puede hablar contigo. Busca un momento tranquilo, dile que le notas distinto y que te preocupa, y escucha sin juzgar ni intentar convencerle de nada. Anímale a pedir ayuda profesional y ofrécete a acompañarle. Si te dice que lo ha pensado o notas riesgo, no te quedes solo con ello: llamad al 024, la línea de atención a la conducta suicida, o al 112 si hay peligro inmediato.

Porque la propia depresión suele convencerla de que no merece ayuda, de que no servirá de nada o de que será una carga para los demás. A eso se suman el cansancio, la vergüenza y la dificultad para dar cualquier paso. No es desinterés ni ingratitud. Para acompañar ayuda la constancia con poca exigencia: seguir ahí, proponer planes pequeños, ofrecer ayuda concreta, como acompañarla a una cita, y no tomarse los rechazos como algo personal. Si aparecen ideas de muerte, no esperes: llamad al 024 o, si hay peligro inmediato, al 112.

Sí, puede ocurrir. Algunas personas beben o fuman porros para dormir, desconectar o no sentir la tristeza, y el consumo actúa como una tapa que esconde el problema de fondo. Al mismo tiempo, esas sustancias empeoran el ánimo y el sueño a medio plazo, así que se forma un círculo difícil de romper. Cuando se reduce o se deja el consumo, a veces aparece una depresión que ya estaba ahí. Por eso conviene tratar ambas cosas a la vez, coordinando terapia y seguimiento médico, para que el malestar no empuje a volver a consumir.

No hace falta encontrar un gran propósito de golpe: suele empezar por cosas pequeñas. Ayuda fijarse en qué momentos de la semana te hacen sentir algo más viva, qué echas de menos de otras épocas o qué tipo de persona te gustaría ser con quienes quieres. Esas pistas señalan valores, y actuar según ellos, aunque sea un poco, va dando dirección. Si el vacío se acompaña de ánimo bajo, pérdida de interés por casi todo o te cuesta funcionar en el día a día, conviene consultar, porque puede haber una depresión que merece tratamiento.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →

Qué tratamos en la terapia para la depresión

Depresión mayorDistimiaDepresión tras una pérdidaFalta de disfrute (anhedonia)Pensamientos negativosAislamiento y apatíaDesesperanza y vacíoIdeación suicidaDepresión y adiccionesY más…

Preguntas frecuentes sobre la depresión

La tristeza aparece y se va según lo que vivimos. La depresión se siente más estable y densa, y no se alivia con distracciones ni con descanso. Si el desánimo dura semanas y afecta al sueño, al apetito o a la motivación, puede que estés atravesando un episodio depresivo. Una valoración con una psicóloga sanitaria te ayudará a aclararlo.

No siempre hay un motivo visible. La depresión puede aparecer cuando llevas tiempo reprimiendo emociones, sosteniendo más de lo que puedes o lejos de lo que necesitas. A veces es la forma que tienen el cuerpo y la mente de pedir una pausa. En terapia buscamos entender ese mensaje en lugar de juzgarlo.

La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Si se trabaja en pareja o en familia, la sesión cuesta 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. Puedes escribir directamente a la psicóloga con la que quieras empezar para resolver dudas y pedir cita.

Sí. La terapia online por videollamada mantiene la misma estructura, duración y precio que la presencial. Puede ser útil cuando la falta de energía hace difícil desplazarse, si vives lejos del centro o si tus horarios son complicados. Lo importante es encontrar un momento y un lugar tranquilos donde puedas hablar con privacidad.

Depende de cada persona, del tipo de depresión y del tiempo que lleve presente. No trabajamos con plazos cerrados: revisamos contigo los objetivos y el avance a lo largo del proceso. Lo importante es avanzar a un ritmo que respete tu momento vital y tus recursos.

Sí, es muy habitual. A veces la ansiedad aparece al intentar mantenerte en marcha y la depresión llega cuando el cuerpo y la mente ya no pueden sostener esa tensión. En terapia trabajamos ambas desde su relación, no como dos problemas separados.

Pueden complementarse. La medicación, cuando la indica un médico o psiquiatra, puede aliviar síntomas como el insomnio, la tristeza intensa o la falta de energía, y a veces es necesaria para poder empezar. Lo que no hace por sí sola es cambiar las formas de pensar, de relacionarte o de tratarte que se repiten y mantienen el malestar: ese es el trabajo de la terapia. Con tu consentimiento, podemos coordinarnos con tu médico. Y nunca dejes ni cambies la medicación sin consultarlo con quien te la recetó.

Puede serlo, pero no siempre. A veces lo que pesa no es tanto un ánimo bajo como un conflicto interno: una parte de ti quiere hacer cosas y otra frena, por miedo a fallar, por cansancio de exigirte o porque en el fondo no tienes claro que quieras lo que te propones. Desde fuera puede parecer pereza, pero por dentro se vive como una lucha agotadora. En la evaluación inicial vemos qué hay detrás de esa falta de impulso, para trabajar sobre la causa y no solo sobre el síntoma.

Puede ser. La distimia, o trastorno depresivo persistente, es un ánimo bajo que dura años, menos intenso que una depresión puntual pero casi continuo. Como acompaña tanto tiempo, mucha gente lo confunde con su carácter: «siempre he sido así, un poco gris». Esa costumbre hace que se consulte tarde. Si llevas mucho tiempo con desánimo, cansancio, poca ilusión o una autocrítica constante, merece la pena una evaluación. No tiene por qué ser para siempre y se puede trabajar en terapia.

Puede serlo, pero no siempre, y por eso conviene una evaluación cuidadosa antes de ponerle nombre. Un aislamiento que se alarga durante meses puede estar relacionado con un ánimo bajo, pero también con ansiedad social, con un uso problemático de las pantallas, con dificultades en los estudios o con otras situaciones que piden una mirada distinta. Mientras tanto, intenta mantener el contacto sin presionarle en exceso y busca ayuda profesional. Si ves señales de que podría hacerse daño, llama al 024 o, en caso de urgencia, al 112.

Empezando por algo muy pequeño, sin esperar a tener ganas. En la depresión las ganas suelen llegar después de hacer, no antes, y esperar a sentirte mejor para moverte alimenta el bloqueo. Por eso en terapia usamos la activación conductual: elegir pasos asequibles, como ducharte, salir diez minutos o escribir a alguien, y fijarte en cómo te sientes después. No se trata de obligarte a una agenda llena, sino de ir recuperando poco a poco actividades que te dan algo de energía o de sentido.

Sí. La depresión no siempre se nota como tristeza. Hay personas que la viven sobre todo como irritabilidad, cansancio constante, vacío, falta de interés o de placer por lo que antes les gustaba, dificultad para concentrarse o cambios en el sueño y el apetito. Por eso a veces pasa desapercibida durante mucho tiempo. Si llevas semanas así y te cuesta funcionar, merece la pena consultarlo con tu médico o con una psicóloga para valorar qué te está pasando.

Puede mantenerla, sí. Darle vueltas a por qué estás así, a lo que hiciste mal o a lo que vendrá se llama rumiación, y aunque parece una forma de entenderte, suele dejarte más hundida y sin salidas nuevas. No se trata de dejar de pensar a la fuerza, sino de notar cuándo has entrado en el bucle y llevar la atención a algo concreto: una tarea, el cuerpo, una conversación. En terapia aprendemos a distinguir pensar para resolver de rumiar, y a salir de ahí.

Por sí solo, poco, y a veces empeora las cosas. Obligarte a ver el lado bueno cuando no puedes suele añadir culpa: además de estar mal, sientes que no te esfuerzas lo suficiente. Ayuda más reconocer lo que sientes sin juzgarlo, revisar los pensamientos muy duros que se repiten y actuar paso a paso aunque el ánimo no acompañe todavía. El objetivo no es pensar bonito, sino pensar de forma más ajustada y amable contigo.

No necesariamente. La tristeza tiene una función: ayuda a parar, a procesar lo que duele y a pedir apoyo. Dejarla estar un rato, llorar o contarlo no es hundirse. Lo que suele atascar es otra cosa: quedarse inmóvil durante días, aislarse o darle vueltas sin fin a lo mismo. En terapia aprendemos a hacer sitio a la tristeza sin que lo ocupe todo, combinando permitirse sentir con pequeñas acciones que te mantengan conectada con tu vida.

Sobre todo, estando. Suele ayudar más la presencia que los consejos: escuchar sin minimizar, evitar frases como «anímate» o «hay gente peor» y ofrecer cosas concretas y pequeñas, como dar un paseo o acompañarle a una cita. Anímale a pedir ayuda profesional sin presionar. Y cuídate tú también, porque acompañar cansa. Si habla de morir, de no querer seguir o de hacerse daño, tómalo en serio y pregúntale directamente: llamad al 024, la línea de atención a la conducta suicida, o al 112 si hay peligro inmediato.

Sí. Hay personas que siguen trabajando, cuidando de su familia y cumpliendo con todo mientras por dentro cada tarea les cuesta el doble, se sienten vacías o lo sostienen a base de pura fuerza de voluntad. Desde fuera nadie lo nota y a veces ni la propia persona se lo permite reconocer. Que funciones no significa que estés bien ni que no merezcas ayuda. Si notas que vives en modo supervivencia desde hace tiempo, es un buen motivo para consultar.

Puede ser una reacción comprensible a un momento difícil, o puede haberse convertido en una depresión; a veces son ambas cosas. Para distinguirlo se valora cuánto dura el malestar, su intensidad y cuánto te impide funcionar en otras áreas, como el sueño, las relaciones o lo que antes disfrutabas. En cualquier caso, no hace falta tener un diagnóstico para pedir ayuda. En terapia no cambiamos tu contexto, pero sí te ayudamos a sostenerlo mejor y a no cargar además con la culpa.

Es muy frecuente, pero no tienes de qué avergonzarte. Nadie se siente débil por tratarse una diabetes o la tensión alta, y la depresión también es un problema de salud que a veces necesita medicación. Que tu médico o psiquiatra te la recomiende no significa que no estés poniendo de tu parte. De hecho, en muchos casos es lo que da la energía mínima para poder aprovechar la terapia. La medicación y la psicoterapia se pueden combinar. Si tienes dudas sobre el tratamiento, lo mejor es comentarlas con quien te lo ha pautado.

Sí. Preguntar con claridad si está pensando en quitarse la vida no le mete la idea en la cabeza; al contrario, suele aliviar y le demuestra que puede hablar contigo. Busca un momento tranquilo, dile que le notas distinto y que te preocupa, y escucha sin juzgar ni intentar convencerle de nada. Anímale a pedir ayuda profesional y ofrécete a acompañarle. Si te dice que lo ha pensado o notas riesgo, no te quedes solo con ello: llamad al 024, la línea de atención a la conducta suicida, o al 112 si hay peligro inmediato.

Porque la propia depresión suele convencerla de que no merece ayuda, de que no servirá de nada o de que será una carga para los demás. A eso se suman el cansancio, la vergüenza y la dificultad para dar cualquier paso. No es desinterés ni ingratitud. Para acompañar ayuda la constancia con poca exigencia: seguir ahí, proponer planes pequeños, ofrecer ayuda concreta, como acompañarla a una cita, y no tomarse los rechazos como algo personal. Si aparecen ideas de muerte, no esperes: llamad al 024 o, si hay peligro inmediato, al 112.

Sí, puede ocurrir. Algunas personas beben o fuman porros para dormir, desconectar o no sentir la tristeza, y el consumo actúa como una tapa que esconde el problema de fondo. Al mismo tiempo, esas sustancias empeoran el ánimo y el sueño a medio plazo, así que se forma un círculo difícil de romper. Cuando se reduce o se deja el consumo, a veces aparece una depresión que ya estaba ahí. Por eso conviene tratar ambas cosas a la vez, coordinando terapia y seguimiento médico, para que el malestar no empuje a volver a consumir.

No hace falta encontrar un gran propósito de golpe: suele empezar por cosas pequeñas. Ayuda fijarse en qué momentos de la semana te hacen sentir algo más viva, qué echas de menos de otras épocas o qué tipo de persona te gustaría ser con quienes quieres. Esas pistas señalan valores, y actuar según ellos, aunque sea un poco, va dando dirección. Si el vacío se acompaña de ánimo bajo, pérdida de interés por casi todo o te cuesta funcionar en el día a día, conviene consultar, porque puede haber una depresión que merece tratamiento.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →

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La tristeza aparece y se va según lo que vivimos. La depresión se siente más estable y densa, y no se alivia con distracciones ni con descanso. Si el desánimo dura semanas y afecta al sueño, al apetito o a la motivación, puede que estés atravesando un episodio depresivo. Una valoración con una psicóloga sanitaria te ayudará a aclararlo.

No siempre hay un motivo visible. La depresión puede aparecer cuando llevas tiempo reprimiendo emociones, sosteniendo más de lo que puedes o lejos de lo que necesitas. A veces es la forma que tienen el cuerpo y la mente de pedir una pausa. En terapia buscamos entender ese mensaje en lugar de juzgarlo.

La sesión individual cuesta 65 € y dura 50 minutos. Si se trabaja en pareja o en familia, la sesión cuesta 80 €. La terapia online tiene el mismo precio que la presencial en nuestro centro. Puedes escribir directamente a la psicóloga con la que quieras empezar para resolver dudas y pedir cita.

Sí. La terapia online por videollamada mantiene la misma estructura, duración y precio que la presencial. Puede ser útil cuando la falta de energía hace difícil desplazarse, si vives lejos del centro o si tus horarios son complicados. Lo importante es encontrar un momento y un lugar tranquilos donde puedas hablar con privacidad.

Depende de cada persona, del tipo de depresión y del tiempo que lleve presente. No trabajamos con plazos cerrados: revisamos contigo los objetivos y el avance a lo largo del proceso. Lo importante es avanzar a un ritmo que respete tu momento vital y tus recursos.

Sí, es muy habitual. A veces la ansiedad aparece al intentar mantenerte en marcha y la depresión llega cuando el cuerpo y la mente ya no pueden sostener esa tensión. En terapia trabajamos ambas desde su relación, no como dos problemas separados.

Pueden complementarse. La medicación, cuando la indica un médico o psiquiatra, puede aliviar síntomas como el insomnio, la tristeza intensa o la falta de energía, y a veces es necesaria para poder empezar. Lo que no hace por sí sola es cambiar las formas de pensar, de relacionarte o de tratarte que se repiten y mantienen el malestar: ese es el trabajo de la terapia. Con tu consentimiento, podemos coordinarnos con tu médico. Y nunca dejes ni cambies la medicación sin consultarlo con quien te la recetó.

Puede serlo, pero no siempre. A veces lo que pesa no es tanto un ánimo bajo como un conflicto interno: una parte de ti quiere hacer cosas y otra frena, por miedo a fallar, por cansancio de exigirte o porque en el fondo no tienes claro que quieras lo que te propones. Desde fuera puede parecer pereza, pero por dentro se vive como una lucha agotadora. En la evaluación inicial vemos qué hay detrás de esa falta de impulso, para trabajar sobre la causa y no solo sobre el síntoma.

Puede ser. La distimia, o trastorno depresivo persistente, es un ánimo bajo que dura años, menos intenso que una depresión puntual pero casi continuo. Como acompaña tanto tiempo, mucha gente lo confunde con su carácter: «siempre he sido así, un poco gris». Esa costumbre hace que se consulte tarde. Si llevas mucho tiempo con desánimo, cansancio, poca ilusión o una autocrítica constante, merece la pena una evaluación. No tiene por qué ser para siempre y se puede trabajar en terapia.

Puede serlo, pero no siempre, y por eso conviene una evaluación cuidadosa antes de ponerle nombre. Un aislamiento que se alarga durante meses puede estar relacionado con un ánimo bajo, pero también con ansiedad social, con un uso problemático de las pantallas, con dificultades en los estudios o con otras situaciones que piden una mirada distinta. Mientras tanto, intenta mantener el contacto sin presionarle en exceso y busca ayuda profesional. Si ves señales de que podría hacerse daño, llama al 024 o, en caso de urgencia, al 112.

Empezando por algo muy pequeño, sin esperar a tener ganas. En la depresión las ganas suelen llegar después de hacer, no antes, y esperar a sentirte mejor para moverte alimenta el bloqueo. Por eso en terapia usamos la activación conductual: elegir pasos asequibles, como ducharte, salir diez minutos o escribir a alguien, y fijarte en cómo te sientes después. No se trata de obligarte a una agenda llena, sino de ir recuperando poco a poco actividades que te dan algo de energía o de sentido.

Sí. La depresión no siempre se nota como tristeza. Hay personas que la viven sobre todo como irritabilidad, cansancio constante, vacío, falta de interés o de placer por lo que antes les gustaba, dificultad para concentrarse o cambios en el sueño y el apetito. Por eso a veces pasa desapercibida durante mucho tiempo. Si llevas semanas así y te cuesta funcionar, merece la pena consultarlo con tu médico o con una psicóloga para valorar qué te está pasando.

Puede mantenerla, sí. Darle vueltas a por qué estás así, a lo que hiciste mal o a lo que vendrá se llama rumiación, y aunque parece una forma de entenderte, suele dejarte más hundida y sin salidas nuevas. No se trata de dejar de pensar a la fuerza, sino de notar cuándo has entrado en el bucle y llevar la atención a algo concreto: una tarea, el cuerpo, una conversación. En terapia aprendemos a distinguir pensar para resolver de rumiar, y a salir de ahí.

Por sí solo, poco, y a veces empeora las cosas. Obligarte a ver el lado bueno cuando no puedes suele añadir culpa: además de estar mal, sientes que no te esfuerzas lo suficiente. Ayuda más reconocer lo que sientes sin juzgarlo, revisar los pensamientos muy duros que se repiten y actuar paso a paso aunque el ánimo no acompañe todavía. El objetivo no es pensar bonito, sino pensar de forma más ajustada y amable contigo.

No necesariamente. La tristeza tiene una función: ayuda a parar, a procesar lo que duele y a pedir apoyo. Dejarla estar un rato, llorar o contarlo no es hundirse. Lo que suele atascar es otra cosa: quedarse inmóvil durante días, aislarse o darle vueltas sin fin a lo mismo. En terapia aprendemos a hacer sitio a la tristeza sin que lo ocupe todo, combinando permitirse sentir con pequeñas acciones que te mantengan conectada con tu vida.

Sobre todo, estando. Suele ayudar más la presencia que los consejos: escuchar sin minimizar, evitar frases como «anímate» o «hay gente peor» y ofrecer cosas concretas y pequeñas, como dar un paseo o acompañarle a una cita. Anímale a pedir ayuda profesional sin presionar. Y cuídate tú también, porque acompañar cansa. Si habla de morir, de no querer seguir o de hacerse daño, tómalo en serio y pregúntale directamente: llamad al 024, la línea de atención a la conducta suicida, o al 112 si hay peligro inmediato.

Sí. Hay personas que siguen trabajando, cuidando de su familia y cumpliendo con todo mientras por dentro cada tarea les cuesta el doble, se sienten vacías o lo sostienen a base de pura fuerza de voluntad. Desde fuera nadie lo nota y a veces ni la propia persona se lo permite reconocer. Que funciones no significa que estés bien ni que no merezcas ayuda. Si notas que vives en modo supervivencia desde hace tiempo, es un buen motivo para consultar.

Puede ser una reacción comprensible a un momento difícil, o puede haberse convertido en una depresión; a veces son ambas cosas. Para distinguirlo se valora cuánto dura el malestar, su intensidad y cuánto te impide funcionar en otras áreas, como el sueño, las relaciones o lo que antes disfrutabas. En cualquier caso, no hace falta tener un diagnóstico para pedir ayuda. En terapia no cambiamos tu contexto, pero sí te ayudamos a sostenerlo mejor y a no cargar además con la culpa.

Es muy frecuente, pero no tienes de qué avergonzarte. Nadie se siente débil por tratarse una diabetes o la tensión alta, y la depresión también es un problema de salud que a veces necesita medicación. Que tu médico o psiquiatra te la recomiende no significa que no estés poniendo de tu parte. De hecho, en muchos casos es lo que da la energía mínima para poder aprovechar la terapia. La medicación y la psicoterapia se pueden combinar. Si tienes dudas sobre el tratamiento, lo mejor es comentarlas con quien te lo ha pautado.

Sí. Preguntar con claridad si está pensando en quitarse la vida no le mete la idea en la cabeza; al contrario, suele aliviar y le demuestra que puede hablar contigo. Busca un momento tranquilo, dile que le notas distinto y que te preocupa, y escucha sin juzgar ni intentar convencerle de nada. Anímale a pedir ayuda profesional y ofrécete a acompañarle. Si te dice que lo ha pensado o notas riesgo, no te quedes solo con ello: llamad al 024, la línea de atención a la conducta suicida, o al 112 si hay peligro inmediato.

Porque la propia depresión suele convencerla de que no merece ayuda, de que no servirá de nada o de que será una carga para los demás. A eso se suman el cansancio, la vergüenza y la dificultad para dar cualquier paso. No es desinterés ni ingratitud. Para acompañar ayuda la constancia con poca exigencia: seguir ahí, proponer planes pequeños, ofrecer ayuda concreta, como acompañarla a una cita, y no tomarse los rechazos como algo personal. Si aparecen ideas de muerte, no esperes: llamad al 024 o, si hay peligro inmediato, al 112.

Sí, puede ocurrir. Algunas personas beben o fuman porros para dormir, desconectar o no sentir la tristeza, y el consumo actúa como una tapa que esconde el problema de fondo. Al mismo tiempo, esas sustancias empeoran el ánimo y el sueño a medio plazo, así que se forma un círculo difícil de romper. Cuando se reduce o se deja el consumo, a veces aparece una depresión que ya estaba ahí. Por eso conviene tratar ambas cosas a la vez, coordinando terapia y seguimiento médico, para que el malestar no empuje a volver a consumir.

No hace falta encontrar un gran propósito de golpe: suele empezar por cosas pequeñas. Ayuda fijarse en qué momentos de la semana te hacen sentir algo más viva, qué echas de menos de otras épocas o qué tipo de persona te gustaría ser con quienes quieres. Esas pistas señalan valores, y actuar según ellos, aunque sea un poco, va dando dirección. Si el vacío se acompaña de ánimo bajo, pérdida de interés por casi todo o te cuesta funcionar en el día a día, conviene consultar, porque puede haber una depresión que merece tratamiento.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →
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