Terapia de Pareja
Terapia de pareja para mejorar la comunicación, atravesar una crisis o decidir juntos con calma. Sesiones presenciales u online. Escríbenos.

- ✓Psicólogas sanitarias colegiadas
- ✓Sesiones de 50 min · 65 €
- ✓Presencial u online
- ★★★★★5,0 en Google
¿Cuándo ir a terapia de pareja?
La terapia de pareja es un espacio para hablar de lo que os pasa con una psicóloga que no toma partido. Sirve para mejorar la comunicación, atravesar una crisis o aclarar dudas sobre el futuro de la relación. No hace falta estar al límite para pedirla.
Las relaciones nos dan apoyo, ternura y alegría, pero también traen conflictos. La comunicación, en lo profundo y en lo cotidiano, es lo que permite cuidar el vínculo y tomar buenas decisiones juntos.
Acompañamos a parejas en distintas etapas y con todo tipo de trayectorias, heterosexuales y homosexuales, de cualquier edad, nacionalidad o religión.
Cómo se manifiesta una crisis de pareja
No se trata de quién tiene razón, sino de volver a entenderos.
Una crisis duele, pero también puede ser una oportunidad para fortalecer el vínculo. Suele notarse en señales como estas:
- Discusiones frecuentes que no llevan a ningún sitio
- Sensación de soledad o distancia aunque estéis juntos
- Desconfianza, celos o desilusión
- Dificultades en la vida sexual
- Bloqueo ante decisiones conjuntas
A veces el origen está fuera: una enfermedad, un duelo, un cambio vital repentino o los retos de la crianza.
Motivos habituales para ir a terapia de pareja
- 01Conflictos que se repiten o un clima emocional tenso
- 02Problemas de celos, confianza o inseguridad
- 03Retos en la crianza compartida
- 04Dificultades para concebir o enfermedad de uno de los dos
- 05Dudas ante convivir, casarse, tener hijos o mudarse
- 06Sensación de estancamiento, aunque cueste decir por qué
Cuándo pedir ayuda como pareja
- Cuando discutís siempre por lo mismo y no encontráis salida.
- Cuando os sentís lejos aunque compartáis la vida.
- Cuando dudáis entre seguir o separaros y necesitáis claridad.
- Cuando algo externo os ha sacudido: un duelo, una enfermedad, un cambio.
- Cuando queréis cuidar la relación antes de que llegue una crisis.
Terapia de pareja presencial y online: cómo trabajamos
La base del trabajo es el diálogo abierto. La psicóloga ayuda a definir las dificultades, a dar voz a lo que no se ha dicho y a reconocer los recursos que ya tiene la relación. No juzga ni decide por vosotros: os acompaña para que encontréis vuestro propio camino, también si dudáis entre seguir o separaros.
Las sesiones duran 50 minutos y podéis hacerlas en el centro o por videollamada.
- Sesiones de 50 minutos
- Semanales al principio
- Presencial u online
- 65 € individual · 80 € pareja o familia
Cómo empezar la terapia de pareja
- 01
Escribidnos
Cualquiera de los dos puede escribirnos por WhatsApp para resolver dudas y buscar un hueco que os venga bien.
- 02
Primera sesión juntos
Cada uno cuenta cómo vive la relación y qué le gustaría cambiar. Es un espacio seguro donde se escucha a los dos por igual.
- 03
Objetivos compartidos
Definimos qué queréis trabajar y con qué frecuencia os conviene venir, en el centro o por videollamada.
- 04
Revisamos el proceso
Cada cierto tiempo miramos cómo avanzáis y ajustamos el trabajo a lo que la pareja necesita en ese momento.
Terapia de Pareja
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¿Cuándo ir a terapia de pareja?
La terapia de pareja es un espacio para hablar de lo que os pasa con una psicóloga que no toma partido. Sirve para mejorar la comunicación, atravesar una crisis o aclarar dudas sobre el futuro de la relación. No hace falta estar al límite para pedirla.
Las relaciones nos dan apoyo, ternura y alegría, pero también traen conflictos. La comunicación, en lo profundo y en lo cotidiano, es lo que permite cuidar el vínculo y tomar buenas decisiones juntos.
Acompañamos a parejas en distintas etapas y con todo tipo de trayectorias, heterosexuales y homosexuales, de cualquier edad, nacionalidad o religión.
Cómo se manifiesta una crisis de pareja
No se trata de quién tiene razón, sino de volver a entenderos.
Una crisis duele, pero también puede ser una oportunidad para fortalecer el vínculo. Suele notarse en señales como estas:
- Discusiones frecuentes que no llevan a ningún sitio
- Sensación de soledad o distancia aunque estéis juntos
- Desconfianza, celos o desilusión
- Dificultades en la vida sexual
- Bloqueo ante decisiones conjuntas
A veces el origen está fuera: una enfermedad, un duelo, un cambio vital repentino o los retos de la crianza.
Motivos habituales para ir a terapia de pareja
- 01Conflictos que se repiten o un clima emocional tenso
- 02Problemas de celos, confianza o inseguridad
- 03Retos en la crianza compartida
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- 05Dudas ante convivir, casarse, tener hijos o mudarse
- 06Sensación de estancamiento, aunque cueste decir por qué
Cuándo pedir ayuda como pareja
- Cuando discutís siempre por lo mismo y no encontráis salida.
- Cuando os sentís lejos aunque compartáis la vida.
- Cuando dudáis entre seguir o separaros y necesitáis claridad.
- Cuando algo externo os ha sacudido: un duelo, una enfermedad, un cambio.
- Cuando queréis cuidar la relación antes de que llegue una crisis.
Terapia de pareja presencial y online: cómo trabajamos
La base del trabajo es el diálogo abierto. La psicóloga ayuda a definir las dificultades, a dar voz a lo que no se ha dicho y a reconocer los recursos que ya tiene la relación. No juzga ni decide por vosotros: os acompaña para que encontréis vuestro propio camino, también si dudáis entre seguir o separaros.
Las sesiones duran 50 minutos y podéis hacerlas en el centro o por videollamada.
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Objetivos compartidos
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Revisamos el proceso
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¿Cuándo ir a terapia de pareja?
La terapia de pareja es un espacio para hablar de lo que os pasa con una psicóloga que no toma partido. Sirve para mejorar la comunicación, atravesar una crisis o aclarar dudas sobre el futuro de la relación. No hace falta estar al límite para pedirla.
Las relaciones nos dan apoyo, ternura y alegría, pero también traen conflictos. La comunicación, en lo profundo y en lo cotidiano, es lo que permite cuidar el vínculo y tomar buenas decisiones juntos.
Acompañamos a parejas en distintas etapas y con todo tipo de trayectorias, heterosexuales y homosexuales, de cualquier edad, nacionalidad o religión.
Cómo se manifiesta una crisis de pareja
No se trata de quién tiene razón, sino de volver a entenderos.
Una crisis duele, pero también puede ser una oportunidad para fortalecer el vínculo. Suele notarse en señales como estas:
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Motivos habituales para ir a terapia de pareja
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Terapia de pareja presencial y online: cómo trabajamos
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Psicólogas sanitarias colegiadas con formación en terapia de pareja: comunicación, crisis, sexualidad y decisiones compartidas.
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Leire BasañezPsicóloga SanitariaNº col. P-03018Atiende en C/ Colón de Larreategui, 26Pedir cita con Leire
Irati ArtetxePsicóloga SanitariaNº col. BI06250Atiende en C/ Colón de Larreategui, 26Pedir cita con Irati¿No sabes con quién encajas?
Cuéntanos qué te pasa y te orientamos hacia la psicóloga cuyo enfoque mejor encaje contigo. Si en algún momento no conectas, buscamos otra opción sin que tengas que justificarte.
Descubre con quién encajas →
Leire BasañezPsicóloga SanitariaNº col. P-03018Atiende en C/ Colón de Larreategui, 26Pedir cita con Leire
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Descubre con quién encajas →Qué trabajamos en la terapia de pareja
Preguntas frecuentes sobre la terapia de pareja
En Leizea, la sesión de terapia de pareja cuesta 80 € y dura 50 minutos. Si hacéis la terapia online, el precio es el mismo. Si en algún momento uno de los dos necesita una sesión individual, esta cuesta 65 €. Podéis escribir por WhatsApp a la psicóloga para resolver dudas antes de empezar.
Sí. Hacemos terapia de pareja por videollamada, con la misma duración y el mismo precio que en el centro. Es una buena opción si vivís lejos del centro o tenéis horarios difíciles de cuadrar. Lo ideal es que os conectéis juntos desde un lugar tranquilo donde podáis hablar con calma.
Depende de lo que os trae, de vuestros objetivos y del momento de la relación. Algunas parejas vienen por algo muy concreto y otras necesitan más tiempo para revisar patrones de fondo. No hay una cifra cerrada: revisamos el proceso con vosotros cada cierto tiempo y lo ajustamos.
Es bastante habitual que uno de los dos tenga más dudas. Podéis empezar con una primera sesión para conocer el espacio y ver si encaja. Si tu pareja no quiere venir, también puedes empezar por tu cuenta: trabajar en lo que sientes y en cómo te relacionas ya puede mover cosas en la relación.
Sí. La terapia también acompaña en la incertidumbre de no saber si seguir juntos. Exploramos qué os une y qué os distancia, sin empujar hacia ninguna decisión. Si finalmente os separáis, puede ayudaros a hacerlo con más respeto y cuidado, sobre todo si hay hijos de por medio.
No. La psicóloga no juzga ni toma partido: su papel es ayudar a que los dos podáis expresaros y escucharos. Se trata de entender por qué, a pesar de las buenas intenciones, la comunicación se rompe, y cómo cada uno puede expresar mejor lo que necesita.
Puede servir, y es más frecuente de lo que parece. Mucha gente llega porque su pareja, su familia o su médico se lo han sugerido con insistencia. No pasa nada por empezar así: de hecho, una de las primeras tareas es hablar con sinceridad de cómo te sientes al venir y explorar si hay algo que a ti también te gustaría cambiar. Cuando aparece un motivo propio, aunque sea pequeño, la terapia deja de ser un trámite y empieza a ser útil para ti.
Es un pensamiento muy comprensible cuando la relación duele. Pero la dinámica de una pareja la construyen las dos personas: lo que hace una provoca una reacción en la otra, y así se forman círculos que se repiten una y otra vez. Ver tu parte no significa cargar con la culpa, sino recuperar margen de maniobra, porque es la parte que de verdad puedes cambiar. En terapia trabajamos esos círculos sin buscar culpables, para que los dos podáis salir de ellos.
Muchas discusiones no empiezan tanto por lo que el otro hace como por cómo interpretamos su gesto, su tono o su silencio: «lo ha dicho para fastidiarme», «no le importo». Esa lectura rápida enciende la respuesta y la escalada llega sola. En terapia aprendemos a detectar esas interpretaciones, a comprobarlas antes de reaccionar y a hablar de lo que hay debajo. Si en la relación hay violencia o miedo, la seguridad va primero: te orientaremos hacia recursos especializados, como el 016, y en caso de peligro inmediato, el 112.
Sí, y conviene hacerlo. El dinero es uno de los motivos de conflicto más habituales en las parejas y, a la vez, uno de los temas que más cuesta poner sobre la mesa: quién gana más, quién decide los gastos, cómo se ahorra o qué se considera justo. Detrás de esas discusiones suelen aparecer cuestiones de confianza, de poder o de seguridad. En sesión creamos un espacio tranquilo para hablarlo con claridad y llegar a acuerdos que los dos sintáis como propios.
Si en la relación hay violencia, amenazas o una persona que controla y domina a la otra, la terapia de pareja no es el recurso indicado, al menos en ese momento. Trabajar «la parte de cada uno» solo tiene sentido entre iguales; con un desequilibrio de poder, puede acabar sirviendo para aguantar más y para que quien sufre el daño se culpe. Lo primero es la seguridad y un apoyo individual. Si vives violencia de género, el 016 atiende las 24 horas y no deja rastro en la factura; ante un peligro inmediato, llama al 112.
Sí, muchas parejas lo consiguen, aunque no de cualquier manera ni en poco tiempo. Hace falta que la persona que fue infiel asuma lo ocurrido sin prisas por pasar página, aguante las preguntas y demuestre con hechos, día a día, que vuelve a ser alguien de confianza. La persona herida también tendrá su parte de trabajo, aunque cueste aceptarlo. Entender por qué pasó no es justificarlo. Y si decides no perdonar, también es una decisión válida: la terapia puede ayudaros a separaros con menos daño.
No necesariamente: importa más cómo discutís y si sabéis reparar después que el número de discusiones. Una pareja que discute puede estar diciendo en voz alta cosas que antes se tragaba. Lo preocupante es cuando uno intenta aplastar al otro para ganar, cuando alguien se esconde para evitar el conflicto o cuando, tras el enfado, se hace como si nada hubiera pasado. Reparar es reconocer el daño causado, pedir perdón de verdad y recuperar la sensación de seguridad. Eso se puede aprender en terapia.
Puede tenerlo, pero solo si esta vez cambia algo concreto. En las relaciones de idas y venidas suele repetirse un ciclo: los problemas no se hablan, se rompe, durante la separación hay más atención y añoranza, se vuelve con ilusión y, como nada ha cambiado, el conflicto reaparece. Antes de volver conviene preguntarse qué falló, qué hará distinto cada uno y si volver no es una forma de evitar el miedo a estar solo o a dar por perdido el tiempo invertido. En terapia se analiza con calma.
Sí, es lo esperable. La intensidad de los primeros meses va muy unida a la novedad y a las expectativas, y con el tiempo da paso a un cariño más tranquilo y estable. Que se apague el enamoramiento no significa que ya no os queráis: a menudo es justo cuando empieza la pareja de verdad. El vínculo se mantiene con pequeños gestos, tiempo compartido de calidad, admiración y buena comunicación. Y el deseo también se puede cuidar si ambos le hacéis un hueco.
El cariño es imprescindible, pero no suele bastar por sí solo para que una relación funcione. Existe la idea de que, si encuentras a la persona adecuada, el amor lo resolverá todo, y esa creencia hace que muchas parejas descuiden lo cotidiano o aguanten situaciones que les hacen daño. Convivir bien pide habilidades que se aprenden: comunicarse, negociar, ceder, cuidar los detalles y saber resolver conflictos. Lo que uno hace influye en lo que hace el otro, para bien y para mal, y eso se puede trabajar.
No siempre. Las dudas también aparecen en relaciones sanas, sobre todo en épocas de cambio, de cansancio o cuando lo que sentimos se vuelve menos intenso. Las emociones fluctúan por muchos motivos, no solo por la otra persona. Más que preguntarte a todas horas qué sientes, puede ayudarte mirar otras cosas: si compartís proyectos, si quieres que esa persona siga a tu lado tal y como es y si estás dispuesto a cuidar el vínculo. En terapia, individual o de pareja, se pueden ordenar esas dudas sin prisa.
No, es sano. Querer momentos propios, aficiones o amistades fuera de la pareja no significa querer menos a la otra persona: la cercanía también necesita autonomía para no ahogarse. Las parejas que se cuidan suelen combinar ratos de intimidad compartida con espacios individuales, y eso oxigena la relación. La dificultad aparece cuando cada uno necesita una dosis distinta y lo interpreta como rechazo o como control. Hablarlo sin reproches y llegar a acuerdos concretos suele aliviar mucho, y es algo que trabajamos a menudo en consulta.
No necesariamente: escribir más, buscar más planes o necesitar más confirmación no siempre significa querer más. A menudo lo que hay debajo es miedo a perder a la otra persona, y ese miedo empuja a perseguir mientras el otro, a veces, se retira. Cada persona expresa el cariño a su manera y con ritmos distintos. Lo importante es si ese desequilibrio es puntual o constante, y si os hace daño. En terapia de pareja se trabaja qué necesita cada uno, cómo pedirlo sin reproches y qué relación queréis construir juntos.
Es una duda más común de lo que parece, y merece mirarse con calma. A veces una pareja sigue unida para aplazar un final que ya empezó, por miedo a la soledad, a los cambios prácticos o a hacer daño. Otras veces el miedo tapa una crisis que sí tiene arreglo. La terapia ayuda a distinguir una cosa de otra: qué os mantiene juntos, qué queda del deseo de estar ahí y qué haría falta para recuperarlo. No se trata de empujar hacia ninguna decisión, sino de que la que toméis sea vuestra y no del miedo.
Sí, le pasa a muchas parejas, sobre todo en etapas con mucho trabajo, hijos pequeños o cuidados. Cuando todo se organiza en turnos, recados y planes de calidad que hay que cumplir, la relación se gestiona más que se vive, y el cariño puede quedar enterrado bajo la logística. No significa que el amor se haya acabado. En terapia se revisa el reparto de cargas, se buscan espacios sin objetivos, donde simplemente estar juntos, y se trabaja cómo hablar de lo que cada uno echa de menos sin convertirlo en otra obligación.
No siempre. Que no haya discusiones puede significar que habéis aprendido a resolver los desacuerdos, pero también que uno o los dos ha dejado de intentarlo. A veces el silencio llega porque se ha perdido la esperanza de ser escuchado, o porque una persona cede siempre para evitar el conflicto y negocia sola por dentro. Conviene fijarse en cómo estáis: si os sentís cerca, si os contáis las cosas, si hay ganas de compartir. Si notas distancia o resignación, la terapia de pareja puede ayudar a recuperar una conversación que se había apagado.
Sí. Convivir no es una prueba de amor, sino un cambio práctico y emocional que conviene preparar. En terapia se pueden hablar las expectativas de cada uno, el reparto de tareas y gastos, el espacio propio que necesitáis, la relación con las familias y qué ritmo os encaja. También ayuda a escuchar las dudas sin interpretarlas como falta de cariño: querer estar juntos y necesitar cierta distancia pueden convivir. Hablarlo antes evita muchos malentendidos después y permite que la decisión sea compartida, no algo que uno concede para no perder al otro.
Sí, y es un motivo de consulta cada vez más frecuente. Un mismo gesto, como un me gusta, una foto o un mensaje a una expareja, puede vivirse como algo sin importancia o como una herida, según la historia y las inseguridades de cada uno. En terapia no se busca decidir quién tiene razón ni ridiculizar la sensibilidad del otro, sino entender qué despierta en cada persona y llegar a acuerdos que os den tranquilidad a los dos. Si el control se vuelve constante, con revisiones del móvil o prohibiciones, conviene abordarlo con cuidado.
Puede tenerlo, sobre todo si tu pareja reconoce el problema y está recibiendo tratamiento para la adicción. En ese caso, la terapia de pareja ayuda a reconstruir la confianza, a hablar de lo vivido y a acordar cómo apoyaros sin que tú te conviertas en vigilante. Si todavía no lo reconoce o no quiere tratarse, suele ser más útil empezar por tu propio espacio: entender lo que te está pasando, poner límites y cuidarte. Si hay violencia o miedo en casa, lo prioritario es tu seguridad: puedes llamar al 016 o, en una emergencia, al 112.
Puede tener que ver. Cuando en una pareja se evita cualquier comentario que pueda incomodar, se gana tranquilidad pero a veces se pierde vitalidad: la relación se vuelve correcta y algo plana. Compartir de vez en cuando alguna verdad, dicha con cariño, como un deseo, una molestia o una fantasía, devuelve a la relación algo de novedad y de riesgo, que también alimenta el deseo. Además, el deseo va y viene a lo largo de los años sin que el amor se haya ido. En terapia se trabaja cómo decir lo importante sin herir.
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Preguntas frecuentes sobre la terapia de pareja
En Leizea, la sesión de terapia de pareja cuesta 80 € y dura 50 minutos. Si hacéis la terapia online, el precio es el mismo. Si en algún momento uno de los dos necesita una sesión individual, esta cuesta 65 €. Podéis escribir por WhatsApp a la psicóloga para resolver dudas antes de empezar.
Sí. Hacemos terapia de pareja por videollamada, con la misma duración y el mismo precio que en el centro. Es una buena opción si vivís lejos del centro o tenéis horarios difíciles de cuadrar. Lo ideal es que os conectéis juntos desde un lugar tranquilo donde podáis hablar con calma.
Depende de lo que os trae, de vuestros objetivos y del momento de la relación. Algunas parejas vienen por algo muy concreto y otras necesitan más tiempo para revisar patrones de fondo. No hay una cifra cerrada: revisamos el proceso con vosotros cada cierto tiempo y lo ajustamos.
Es bastante habitual que uno de los dos tenga más dudas. Podéis empezar con una primera sesión para conocer el espacio y ver si encaja. Si tu pareja no quiere venir, también puedes empezar por tu cuenta: trabajar en lo que sientes y en cómo te relacionas ya puede mover cosas en la relación.
Sí. La terapia también acompaña en la incertidumbre de no saber si seguir juntos. Exploramos qué os une y qué os distancia, sin empujar hacia ninguna decisión. Si finalmente os separáis, puede ayudaros a hacerlo con más respeto y cuidado, sobre todo si hay hijos de por medio.
No. La psicóloga no juzga ni toma partido: su papel es ayudar a que los dos podáis expresaros y escucharos. Se trata de entender por qué, a pesar de las buenas intenciones, la comunicación se rompe, y cómo cada uno puede expresar mejor lo que necesita.
Puede servir, y es más frecuente de lo que parece. Mucha gente llega porque su pareja, su familia o su médico se lo han sugerido con insistencia. No pasa nada por empezar así: de hecho, una de las primeras tareas es hablar con sinceridad de cómo te sientes al venir y explorar si hay algo que a ti también te gustaría cambiar. Cuando aparece un motivo propio, aunque sea pequeño, la terapia deja de ser un trámite y empieza a ser útil para ti.
Es un pensamiento muy comprensible cuando la relación duele. Pero la dinámica de una pareja la construyen las dos personas: lo que hace una provoca una reacción en la otra, y así se forman círculos que se repiten una y otra vez. Ver tu parte no significa cargar con la culpa, sino recuperar margen de maniobra, porque es la parte que de verdad puedes cambiar. En terapia trabajamos esos círculos sin buscar culpables, para que los dos podáis salir de ellos.
Muchas discusiones no empiezan tanto por lo que el otro hace como por cómo interpretamos su gesto, su tono o su silencio: «lo ha dicho para fastidiarme», «no le importo». Esa lectura rápida enciende la respuesta y la escalada llega sola. En terapia aprendemos a detectar esas interpretaciones, a comprobarlas antes de reaccionar y a hablar de lo que hay debajo. Si en la relación hay violencia o miedo, la seguridad va primero: te orientaremos hacia recursos especializados, como el 016, y en caso de peligro inmediato, el 112.
Sí, y conviene hacerlo. El dinero es uno de los motivos de conflicto más habituales en las parejas y, a la vez, uno de los temas que más cuesta poner sobre la mesa: quién gana más, quién decide los gastos, cómo se ahorra o qué se considera justo. Detrás de esas discusiones suelen aparecer cuestiones de confianza, de poder o de seguridad. En sesión creamos un espacio tranquilo para hablarlo con claridad y llegar a acuerdos que los dos sintáis como propios.
Si en la relación hay violencia, amenazas o una persona que controla y domina a la otra, la terapia de pareja no es el recurso indicado, al menos en ese momento. Trabajar «la parte de cada uno» solo tiene sentido entre iguales; con un desequilibrio de poder, puede acabar sirviendo para aguantar más y para que quien sufre el daño se culpe. Lo primero es la seguridad y un apoyo individual. Si vives violencia de género, el 016 atiende las 24 horas y no deja rastro en la factura; ante un peligro inmediato, llama al 112.
Sí, muchas parejas lo consiguen, aunque no de cualquier manera ni en poco tiempo. Hace falta que la persona que fue infiel asuma lo ocurrido sin prisas por pasar página, aguante las preguntas y demuestre con hechos, día a día, que vuelve a ser alguien de confianza. La persona herida también tendrá su parte de trabajo, aunque cueste aceptarlo. Entender por qué pasó no es justificarlo. Y si decides no perdonar, también es una decisión válida: la terapia puede ayudaros a separaros con menos daño.
No necesariamente: importa más cómo discutís y si sabéis reparar después que el número de discusiones. Una pareja que discute puede estar diciendo en voz alta cosas que antes se tragaba. Lo preocupante es cuando uno intenta aplastar al otro para ganar, cuando alguien se esconde para evitar el conflicto o cuando, tras el enfado, se hace como si nada hubiera pasado. Reparar es reconocer el daño causado, pedir perdón de verdad y recuperar la sensación de seguridad. Eso se puede aprender en terapia.
Puede tenerlo, pero solo si esta vez cambia algo concreto. En las relaciones de idas y venidas suele repetirse un ciclo: los problemas no se hablan, se rompe, durante la separación hay más atención y añoranza, se vuelve con ilusión y, como nada ha cambiado, el conflicto reaparece. Antes de volver conviene preguntarse qué falló, qué hará distinto cada uno y si volver no es una forma de evitar el miedo a estar solo o a dar por perdido el tiempo invertido. En terapia se analiza con calma.
Sí, es lo esperable. La intensidad de los primeros meses va muy unida a la novedad y a las expectativas, y con el tiempo da paso a un cariño más tranquilo y estable. Que se apague el enamoramiento no significa que ya no os queráis: a menudo es justo cuando empieza la pareja de verdad. El vínculo se mantiene con pequeños gestos, tiempo compartido de calidad, admiración y buena comunicación. Y el deseo también se puede cuidar si ambos le hacéis un hueco.
El cariño es imprescindible, pero no suele bastar por sí solo para que una relación funcione. Existe la idea de que, si encuentras a la persona adecuada, el amor lo resolverá todo, y esa creencia hace que muchas parejas descuiden lo cotidiano o aguanten situaciones que les hacen daño. Convivir bien pide habilidades que se aprenden: comunicarse, negociar, ceder, cuidar los detalles y saber resolver conflictos. Lo que uno hace influye en lo que hace el otro, para bien y para mal, y eso se puede trabajar.
No siempre. Las dudas también aparecen en relaciones sanas, sobre todo en épocas de cambio, de cansancio o cuando lo que sentimos se vuelve menos intenso. Las emociones fluctúan por muchos motivos, no solo por la otra persona. Más que preguntarte a todas horas qué sientes, puede ayudarte mirar otras cosas: si compartís proyectos, si quieres que esa persona siga a tu lado tal y como es y si estás dispuesto a cuidar el vínculo. En terapia, individual o de pareja, se pueden ordenar esas dudas sin prisa.
No, es sano. Querer momentos propios, aficiones o amistades fuera de la pareja no significa querer menos a la otra persona: la cercanía también necesita autonomía para no ahogarse. Las parejas que se cuidan suelen combinar ratos de intimidad compartida con espacios individuales, y eso oxigena la relación. La dificultad aparece cuando cada uno necesita una dosis distinta y lo interpreta como rechazo o como control. Hablarlo sin reproches y llegar a acuerdos concretos suele aliviar mucho, y es algo que trabajamos a menudo en consulta.
No necesariamente: escribir más, buscar más planes o necesitar más confirmación no siempre significa querer más. A menudo lo que hay debajo es miedo a perder a la otra persona, y ese miedo empuja a perseguir mientras el otro, a veces, se retira. Cada persona expresa el cariño a su manera y con ritmos distintos. Lo importante es si ese desequilibrio es puntual o constante, y si os hace daño. En terapia de pareja se trabaja qué necesita cada uno, cómo pedirlo sin reproches y qué relación queréis construir juntos.
Es una duda más común de lo que parece, y merece mirarse con calma. A veces una pareja sigue unida para aplazar un final que ya empezó, por miedo a la soledad, a los cambios prácticos o a hacer daño. Otras veces el miedo tapa una crisis que sí tiene arreglo. La terapia ayuda a distinguir una cosa de otra: qué os mantiene juntos, qué queda del deseo de estar ahí y qué haría falta para recuperarlo. No se trata de empujar hacia ninguna decisión, sino de que la que toméis sea vuestra y no del miedo.
Sí, le pasa a muchas parejas, sobre todo en etapas con mucho trabajo, hijos pequeños o cuidados. Cuando todo se organiza en turnos, recados y planes de calidad que hay que cumplir, la relación se gestiona más que se vive, y el cariño puede quedar enterrado bajo la logística. No significa que el amor se haya acabado. En terapia se revisa el reparto de cargas, se buscan espacios sin objetivos, donde simplemente estar juntos, y se trabaja cómo hablar de lo que cada uno echa de menos sin convertirlo en otra obligación.
No siempre. Que no haya discusiones puede significar que habéis aprendido a resolver los desacuerdos, pero también que uno o los dos ha dejado de intentarlo. A veces el silencio llega porque se ha perdido la esperanza de ser escuchado, o porque una persona cede siempre para evitar el conflicto y negocia sola por dentro. Conviene fijarse en cómo estáis: si os sentís cerca, si os contáis las cosas, si hay ganas de compartir. Si notas distancia o resignación, la terapia de pareja puede ayudar a recuperar una conversación que se había apagado.
Sí. Convivir no es una prueba de amor, sino un cambio práctico y emocional que conviene preparar. En terapia se pueden hablar las expectativas de cada uno, el reparto de tareas y gastos, el espacio propio que necesitáis, la relación con las familias y qué ritmo os encaja. También ayuda a escuchar las dudas sin interpretarlas como falta de cariño: querer estar juntos y necesitar cierta distancia pueden convivir. Hablarlo antes evita muchos malentendidos después y permite que la decisión sea compartida, no algo que uno concede para no perder al otro.
Sí, y es un motivo de consulta cada vez más frecuente. Un mismo gesto, como un me gusta, una foto o un mensaje a una expareja, puede vivirse como algo sin importancia o como una herida, según la historia y las inseguridades de cada uno. En terapia no se busca decidir quién tiene razón ni ridiculizar la sensibilidad del otro, sino entender qué despierta en cada persona y llegar a acuerdos que os den tranquilidad a los dos. Si el control se vuelve constante, con revisiones del móvil o prohibiciones, conviene abordarlo con cuidado.
Puede tenerlo, sobre todo si tu pareja reconoce el problema y está recibiendo tratamiento para la adicción. En ese caso, la terapia de pareja ayuda a reconstruir la confianza, a hablar de lo vivido y a acordar cómo apoyaros sin que tú te conviertas en vigilante. Si todavía no lo reconoce o no quiere tratarse, suele ser más útil empezar por tu propio espacio: entender lo que te está pasando, poner límites y cuidarte. Si hay violencia o miedo en casa, lo prioritario es tu seguridad: puedes llamar al 016 o, en una emergencia, al 112.
Puede tener que ver. Cuando en una pareja se evita cualquier comentario que pueda incomodar, se gana tranquilidad pero a veces se pierde vitalidad: la relación se vuelve correcta y algo plana. Compartir de vez en cuando alguna verdad, dicha con cariño, como un deseo, una molestia o una fantasía, devuelve a la relación algo de novedad y de riesgo, que también alimenta el deseo. Además, el deseo va y viene a lo largo de los años sin que el amor se haya ido. En terapia se trabaja cómo decir lo importante sin herir.
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Preguntas frecuentes sobre la terapia de pareja
En Leizea, la sesión de terapia de pareja cuesta 80 € y dura 50 minutos. Si hacéis la terapia online, el precio es el mismo. Si en algún momento uno de los dos necesita una sesión individual, esta cuesta 65 €. Podéis escribir por WhatsApp a la psicóloga para resolver dudas antes de empezar.
Sí. Hacemos terapia de pareja por videollamada, con la misma duración y el mismo precio que en el centro. Es una buena opción si vivís lejos del centro o tenéis horarios difíciles de cuadrar. Lo ideal es que os conectéis juntos desde un lugar tranquilo donde podáis hablar con calma.
Depende de lo que os trae, de vuestros objetivos y del momento de la relación. Algunas parejas vienen por algo muy concreto y otras necesitan más tiempo para revisar patrones de fondo. No hay una cifra cerrada: revisamos el proceso con vosotros cada cierto tiempo y lo ajustamos.
Es bastante habitual que uno de los dos tenga más dudas. Podéis empezar con una primera sesión para conocer el espacio y ver si encaja. Si tu pareja no quiere venir, también puedes empezar por tu cuenta: trabajar en lo que sientes y en cómo te relacionas ya puede mover cosas en la relación.
Sí. La terapia también acompaña en la incertidumbre de no saber si seguir juntos. Exploramos qué os une y qué os distancia, sin empujar hacia ninguna decisión. Si finalmente os separáis, puede ayudaros a hacerlo con más respeto y cuidado, sobre todo si hay hijos de por medio.
No. La psicóloga no juzga ni toma partido: su papel es ayudar a que los dos podáis expresaros y escucharos. Se trata de entender por qué, a pesar de las buenas intenciones, la comunicación se rompe, y cómo cada uno puede expresar mejor lo que necesita.
Puede servir, y es más frecuente de lo que parece. Mucha gente llega porque su pareja, su familia o su médico se lo han sugerido con insistencia. No pasa nada por empezar así: de hecho, una de las primeras tareas es hablar con sinceridad de cómo te sientes al venir y explorar si hay algo que a ti también te gustaría cambiar. Cuando aparece un motivo propio, aunque sea pequeño, la terapia deja de ser un trámite y empieza a ser útil para ti.
Es un pensamiento muy comprensible cuando la relación duele. Pero la dinámica de una pareja la construyen las dos personas: lo que hace una provoca una reacción en la otra, y así se forman círculos que se repiten una y otra vez. Ver tu parte no significa cargar con la culpa, sino recuperar margen de maniobra, porque es la parte que de verdad puedes cambiar. En terapia trabajamos esos círculos sin buscar culpables, para que los dos podáis salir de ellos.
Muchas discusiones no empiezan tanto por lo que el otro hace como por cómo interpretamos su gesto, su tono o su silencio: «lo ha dicho para fastidiarme», «no le importo». Esa lectura rápida enciende la respuesta y la escalada llega sola. En terapia aprendemos a detectar esas interpretaciones, a comprobarlas antes de reaccionar y a hablar de lo que hay debajo. Si en la relación hay violencia o miedo, la seguridad va primero: te orientaremos hacia recursos especializados, como el 016, y en caso de peligro inmediato, el 112.
Sí, y conviene hacerlo. El dinero es uno de los motivos de conflicto más habituales en las parejas y, a la vez, uno de los temas que más cuesta poner sobre la mesa: quién gana más, quién decide los gastos, cómo se ahorra o qué se considera justo. Detrás de esas discusiones suelen aparecer cuestiones de confianza, de poder o de seguridad. En sesión creamos un espacio tranquilo para hablarlo con claridad y llegar a acuerdos que los dos sintáis como propios.
Si en la relación hay violencia, amenazas o una persona que controla y domina a la otra, la terapia de pareja no es el recurso indicado, al menos en ese momento. Trabajar «la parte de cada uno» solo tiene sentido entre iguales; con un desequilibrio de poder, puede acabar sirviendo para aguantar más y para que quien sufre el daño se culpe. Lo primero es la seguridad y un apoyo individual. Si vives violencia de género, el 016 atiende las 24 horas y no deja rastro en la factura; ante un peligro inmediato, llama al 112.
Sí, muchas parejas lo consiguen, aunque no de cualquier manera ni en poco tiempo. Hace falta que la persona que fue infiel asuma lo ocurrido sin prisas por pasar página, aguante las preguntas y demuestre con hechos, día a día, que vuelve a ser alguien de confianza. La persona herida también tendrá su parte de trabajo, aunque cueste aceptarlo. Entender por qué pasó no es justificarlo. Y si decides no perdonar, también es una decisión válida: la terapia puede ayudaros a separaros con menos daño.
No necesariamente: importa más cómo discutís y si sabéis reparar después que el número de discusiones. Una pareja que discute puede estar diciendo en voz alta cosas que antes se tragaba. Lo preocupante es cuando uno intenta aplastar al otro para ganar, cuando alguien se esconde para evitar el conflicto o cuando, tras el enfado, se hace como si nada hubiera pasado. Reparar es reconocer el daño causado, pedir perdón de verdad y recuperar la sensación de seguridad. Eso se puede aprender en terapia.
Puede tenerlo, pero solo si esta vez cambia algo concreto. En las relaciones de idas y venidas suele repetirse un ciclo: los problemas no se hablan, se rompe, durante la separación hay más atención y añoranza, se vuelve con ilusión y, como nada ha cambiado, el conflicto reaparece. Antes de volver conviene preguntarse qué falló, qué hará distinto cada uno y si volver no es una forma de evitar el miedo a estar solo o a dar por perdido el tiempo invertido. En terapia se analiza con calma.
Sí, es lo esperable. La intensidad de los primeros meses va muy unida a la novedad y a las expectativas, y con el tiempo da paso a un cariño más tranquilo y estable. Que se apague el enamoramiento no significa que ya no os queráis: a menudo es justo cuando empieza la pareja de verdad. El vínculo se mantiene con pequeños gestos, tiempo compartido de calidad, admiración y buena comunicación. Y el deseo también se puede cuidar si ambos le hacéis un hueco.
El cariño es imprescindible, pero no suele bastar por sí solo para que una relación funcione. Existe la idea de que, si encuentras a la persona adecuada, el amor lo resolverá todo, y esa creencia hace que muchas parejas descuiden lo cotidiano o aguanten situaciones que les hacen daño. Convivir bien pide habilidades que se aprenden: comunicarse, negociar, ceder, cuidar los detalles y saber resolver conflictos. Lo que uno hace influye en lo que hace el otro, para bien y para mal, y eso se puede trabajar.
No siempre. Las dudas también aparecen en relaciones sanas, sobre todo en épocas de cambio, de cansancio o cuando lo que sentimos se vuelve menos intenso. Las emociones fluctúan por muchos motivos, no solo por la otra persona. Más que preguntarte a todas horas qué sientes, puede ayudarte mirar otras cosas: si compartís proyectos, si quieres que esa persona siga a tu lado tal y como es y si estás dispuesto a cuidar el vínculo. En terapia, individual o de pareja, se pueden ordenar esas dudas sin prisa.
No, es sano. Querer momentos propios, aficiones o amistades fuera de la pareja no significa querer menos a la otra persona: la cercanía también necesita autonomía para no ahogarse. Las parejas que se cuidan suelen combinar ratos de intimidad compartida con espacios individuales, y eso oxigena la relación. La dificultad aparece cuando cada uno necesita una dosis distinta y lo interpreta como rechazo o como control. Hablarlo sin reproches y llegar a acuerdos concretos suele aliviar mucho, y es algo que trabajamos a menudo en consulta.
No necesariamente: escribir más, buscar más planes o necesitar más confirmación no siempre significa querer más. A menudo lo que hay debajo es miedo a perder a la otra persona, y ese miedo empuja a perseguir mientras el otro, a veces, se retira. Cada persona expresa el cariño a su manera y con ritmos distintos. Lo importante es si ese desequilibrio es puntual o constante, y si os hace daño. En terapia de pareja se trabaja qué necesita cada uno, cómo pedirlo sin reproches y qué relación queréis construir juntos.
Es una duda más común de lo que parece, y merece mirarse con calma. A veces una pareja sigue unida para aplazar un final que ya empezó, por miedo a la soledad, a los cambios prácticos o a hacer daño. Otras veces el miedo tapa una crisis que sí tiene arreglo. La terapia ayuda a distinguir una cosa de otra: qué os mantiene juntos, qué queda del deseo de estar ahí y qué haría falta para recuperarlo. No se trata de empujar hacia ninguna decisión, sino de que la que toméis sea vuestra y no del miedo.
Sí, le pasa a muchas parejas, sobre todo en etapas con mucho trabajo, hijos pequeños o cuidados. Cuando todo se organiza en turnos, recados y planes de calidad que hay que cumplir, la relación se gestiona más que se vive, y el cariño puede quedar enterrado bajo la logística. No significa que el amor se haya acabado. En terapia se revisa el reparto de cargas, se buscan espacios sin objetivos, donde simplemente estar juntos, y se trabaja cómo hablar de lo que cada uno echa de menos sin convertirlo en otra obligación.
No siempre. Que no haya discusiones puede significar que habéis aprendido a resolver los desacuerdos, pero también que uno o los dos ha dejado de intentarlo. A veces el silencio llega porque se ha perdido la esperanza de ser escuchado, o porque una persona cede siempre para evitar el conflicto y negocia sola por dentro. Conviene fijarse en cómo estáis: si os sentís cerca, si os contáis las cosas, si hay ganas de compartir. Si notas distancia o resignación, la terapia de pareja puede ayudar a recuperar una conversación que se había apagado.
Sí. Convivir no es una prueba de amor, sino un cambio práctico y emocional que conviene preparar. En terapia se pueden hablar las expectativas de cada uno, el reparto de tareas y gastos, el espacio propio que necesitáis, la relación con las familias y qué ritmo os encaja. También ayuda a escuchar las dudas sin interpretarlas como falta de cariño: querer estar juntos y necesitar cierta distancia pueden convivir. Hablarlo antes evita muchos malentendidos después y permite que la decisión sea compartida, no algo que uno concede para no perder al otro.
Sí, y es un motivo de consulta cada vez más frecuente. Un mismo gesto, como un me gusta, una foto o un mensaje a una expareja, puede vivirse como algo sin importancia o como una herida, según la historia y las inseguridades de cada uno. En terapia no se busca decidir quién tiene razón ni ridiculizar la sensibilidad del otro, sino entender qué despierta en cada persona y llegar a acuerdos que os den tranquilidad a los dos. Si el control se vuelve constante, con revisiones del móvil o prohibiciones, conviene abordarlo con cuidado.
Puede tenerlo, sobre todo si tu pareja reconoce el problema y está recibiendo tratamiento para la adicción. En ese caso, la terapia de pareja ayuda a reconstruir la confianza, a hablar de lo vivido y a acordar cómo apoyaros sin que tú te conviertas en vigilante. Si todavía no lo reconoce o no quiere tratarse, suele ser más útil empezar por tu propio espacio: entender lo que te está pasando, poner límites y cuidarte. Si hay violencia o miedo en casa, lo prioritario es tu seguridad: puedes llamar al 016 o, en una emergencia, al 112.
Puede tener que ver. Cuando en una pareja se evita cualquier comentario que pueda incomodar, se gana tranquilidad pero a veces se pierde vitalidad: la relación se vuelve correcta y algo plana. Compartir de vez en cuando alguna verdad, dicha con cariño, como un deseo, una molestia o una fantasía, devuelve a la relación algo de novedad y de riesgo, que también alimenta el deseo. Además, el deseo va y viene a lo largo de los años sin que el amor se haya ido. En terapia se trabaja cómo decir lo importante sin herir.
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