Psicólogo para adicciones

Psicólogo para adicciones con y sin sustancia: entiende qué función cumple el consumo y recupera tu libertad. Terapia sin juicios, presencial u online.

Psicólogo para adicciones: terapia psicológica presencial y online
  • Psicólogas sanitarias colegiadas
  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
  • 5,0 en Google

¿Qué es una adicción y cómo saber si la tienes?

Una adicción aparece cuando una sustancia o una conducta deja de ser algo que eliges y se convierte en algo que necesitas para calmarte, desconectar o sostenerte. Al principio alivia; con el tiempo ocupa cada vez más espacio y te aleja de lo que quieres.

Puede tratarse de alcohol, tabaco, cannabis, fármacos u otras drogas, pero también de juego, compras, comida, sexo, pantallas o relaciones. Todas comparten lo mismo: la sensación de no poder parar aunque quieras.

La adicción no es un problema de voluntad. Es una forma de regular emociones que en su momento resultaban difíciles de sostener. En terapia miramos qué está sosteniendo esa necesidad.

Cuando el alivio se convierte en hábito

Muchas veces empiezan como una solución a algo que duele.

Las adicciones casi nunca empiezan como un problema. Suelen aparecer como una solución: algo que calma lo que duele, distrae de lo que pesa o da sensación de control tras una pérdida, una ruptura o una etapa difícil.

El cuerpo y la mente se acostumbran rápido. Una copa para desconectar, una pantalla para distraerte o una comida para calmar la ansiedad se repiten casi sin darte cuenta, hasta que lo que ayudaba se convierte en otro problema.

Por eso, más que un fallo, una adicción es una señal de que algo dentro necesita atención y cuidado.

Tipos de adicciones que vemos en consulta

  1. 01Alcohol, tabaco, cannabis, cocaína u otras drogas.
  2. 02Uso problemático de psicofármacos.
  3. 03Juego, apuestas online y videojuegos.
  4. 04Redes sociales, móvil y pantallas.
  5. 05Compras compulsivas, comida o sexo.
  6. 06Dependencia emocional en las relaciones.

Señales de que es momento de pedir ayuda

  • Sientes que has perdido el control aunque te prometas parar.
  • Piensas en ello a menudo, lo planeas o lo ocultas.
  • Necesitas cada vez más para sentir el mismo alivio.
  • Después llega la culpa, pero el ciclo se repite.
  • Afecta a tu descanso, a tu salud o a tus relaciones.
  • Te cansa luchar a solas con algo que te quita energía.
Pide cita →

Tratamiento psicológico de las adicciones

Reducir o dejar el consumo es el punto de partida, pero lo que sostiene el cambio es entender qué papel cumple la adicción: qué alivia, qué evita o qué intenta reparar. Desde ahí construimos alternativas reales para regular el cuerpo y las emociones.

No trabajamos desde la culpa ni el juicio, ni imponemos una abstinencia inmediata. Las sesiones duran 50 minutos y pueden ser presenciales u online por videollamada.

  • Sesiones de 50 minutos
  • Semanales al principio
  • Presencial u online
  • 65 € individual · 80 € pareja o familia

Cómo es el proceso

  1. 01

    Primer contacto

    Nos escribes por WhatsApp, nos cuentas qué te preocupa y acordamos la primera sesión.

  2. 02

    Reconocer la función

    Ponemos nombre, sin culpa, a lo que la adicción alivia o evita en tu vida.

  3. 03

    Nuevas formas de regularte

    Aprendes otras maneras de calmarte, descansar, poner límites y encontrar placer sin exceso.

  4. 04

    Recuperar la libertad

    Reconstruyes el vínculo contigo y con los demás, y vuelves a elegir en lugar de necesitar.

Psicólogo para adicciones

Psicólogo para adicciones con y sin sustancia: entiende qué función cumple el consumo y recupera tu libertad. Terapia sin juicios, presencial u online.

Psicólogo para adicciones: terapia psicológica presencial y online
  • Psicólogas sanitarias colegiadas
  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
  • 5,0 en Google

¿Qué es una adicción y cómo saber si la tienes?

Una adicción aparece cuando una sustancia o una conducta deja de ser algo que eliges y se convierte en algo que necesitas para calmarte, desconectar o sostenerte. Al principio alivia; con el tiempo ocupa cada vez más espacio y te aleja de lo que quieres.

Puede tratarse de alcohol, tabaco, cannabis, fármacos u otras drogas, pero también de juego, compras, comida, sexo, pantallas o relaciones. Todas comparten lo mismo: la sensación de no poder parar aunque quieras.

La adicción no es un problema de voluntad. Es una forma de regular emociones que en su momento resultaban difíciles de sostener. En terapia miramos qué está sosteniendo esa necesidad.

Cuando el alivio se convierte en hábito

Muchas veces empiezan como una solución a algo que duele.

Las adicciones casi nunca empiezan como un problema. Suelen aparecer como una solución: algo que calma lo que duele, distrae de lo que pesa o da sensación de control tras una pérdida, una ruptura o una etapa difícil.

El cuerpo y la mente se acostumbran rápido. Una copa para desconectar, una pantalla para distraerte o una comida para calmar la ansiedad se repiten casi sin darte cuenta, hasta que lo que ayudaba se convierte en otro problema.

Por eso, más que un fallo, una adicción es una señal de que algo dentro necesita atención y cuidado.

Tipos de adicciones que vemos en consulta

  1. 01Alcohol, tabaco, cannabis, cocaína u otras drogas.
  2. 02Uso problemático de psicofármacos.
  3. 03Juego, apuestas online y videojuegos.
  4. 04Redes sociales, móvil y pantallas.
  5. 05Compras compulsivas, comida o sexo.
  6. 06Dependencia emocional en las relaciones.

Señales de que es momento de pedir ayuda

  • Sientes que has perdido el control aunque te prometas parar.
  • Piensas en ello a menudo, lo planeas o lo ocultas.
  • Necesitas cada vez más para sentir el mismo alivio.
  • Después llega la culpa, pero el ciclo se repite.
  • Afecta a tu descanso, a tu salud o a tus relaciones.
  • Te cansa luchar a solas con algo que te quita energía.
Pide cita →

Tratamiento psicológico de las adicciones

Reducir o dejar el consumo es el punto de partida, pero lo que sostiene el cambio es entender qué papel cumple la adicción: qué alivia, qué evita o qué intenta reparar. Desde ahí construimos alternativas reales para regular el cuerpo y las emociones.

No trabajamos desde la culpa ni el juicio, ni imponemos una abstinencia inmediata. Las sesiones duran 50 minutos y pueden ser presenciales u online por videollamada.

  • Sesiones de 50 minutos
  • Semanales al principio
  • Presencial u online
  • 65 € individual · 80 € pareja o familia

Cómo es el proceso

  1. 01

    Primer contacto

    Nos escribes por WhatsApp, nos cuentas qué te preocupa y acordamos la primera sesión.

  2. 02

    Reconocer la función

    Ponemos nombre, sin culpa, a lo que la adicción alivia o evita en tu vida.

  3. 03

    Nuevas formas de regularte

    Aprendes otras maneras de calmarte, descansar, poner límites y encontrar placer sin exceso.

  4. 04

    Recuperar la libertad

    Reconstruyes el vínculo contigo y con los demás, y vuelves a elegir en lugar de necesitar.

Psicólogo para adicciones

Psicólogo para adicciones con y sin sustancia: entiende qué función cumple el consumo y recupera tu libertad. Terapia sin juicios, presencial u online.

Psicólogo para adicciones: terapia psicológica presencial y online
  • Psicólogas sanitarias colegiadas
  • Sesiones de 50 min · 65 €
  • Presencial u online
  • 5,0 en Google

¿Qué es una adicción y cómo saber si la tienes?

Una adicción aparece cuando una sustancia o una conducta deja de ser algo que eliges y se convierte en algo que necesitas para calmarte, desconectar o sostenerte. Al principio alivia; con el tiempo ocupa cada vez más espacio y te aleja de lo que quieres.

Puede tratarse de alcohol, tabaco, cannabis, fármacos u otras drogas, pero también de juego, compras, comida, sexo, pantallas o relaciones. Todas comparten lo mismo: la sensación de no poder parar aunque quieras.

La adicción no es un problema de voluntad. Es una forma de regular emociones que en su momento resultaban difíciles de sostener. En terapia miramos qué está sosteniendo esa necesidad.

Cuando el alivio se convierte en hábito

Muchas veces empiezan como una solución a algo que duele.

Las adicciones casi nunca empiezan como un problema. Suelen aparecer como una solución: algo que calma lo que duele, distrae de lo que pesa o da sensación de control tras una pérdida, una ruptura o una etapa difícil.

El cuerpo y la mente se acostumbran rápido. Una copa para desconectar, una pantalla para distraerte o una comida para calmar la ansiedad se repiten casi sin darte cuenta, hasta que lo que ayudaba se convierte en otro problema.

Por eso, más que un fallo, una adicción es una señal de que algo dentro necesita atención y cuidado.

Tipos de adicciones que vemos en consulta

  1. 01Alcohol, tabaco, cannabis, cocaína u otras drogas.
  2. 02Uso problemático de psicofármacos.
  3. 03Juego, apuestas online y videojuegos.
  4. 04Redes sociales, móvil y pantallas.
  5. 05Compras compulsivas, comida o sexo.
  6. 06Dependencia emocional en las relaciones.

Señales de que es momento de pedir ayuda

  • Sientes que has perdido el control aunque te prometas parar.
  • Piensas en ello a menudo, lo planeas o lo ocultas.
  • Necesitas cada vez más para sentir el mismo alivio.
  • Después llega la culpa, pero el ciclo se repite.
  • Afecta a tu descanso, a tu salud o a tus relaciones.
  • Te cansa luchar a solas con algo que te quita energía.
Pide cita →

Tratamiento psicológico de las adicciones

Reducir o dejar el consumo es el punto de partida, pero lo que sostiene el cambio es entender qué papel cumple la adicción: qué alivia, qué evita o qué intenta reparar. Desde ahí construimos alternativas reales para regular el cuerpo y las emociones.

No trabajamos desde la culpa ni el juicio, ni imponemos una abstinencia inmediata. Las sesiones duran 50 minutos y pueden ser presenciales u online por videollamada.

  • Sesiones de 50 minutos
  • Semanales al principio
  • Presencial u online
  • 65 € individual · 80 € pareja o familia

Cómo es el proceso

  1. 01

    Primer contacto

    Nos escribes por WhatsApp, nos cuentas qué te preocupa y acordamos la primera sesión.

  2. 02

    Reconocer la función

    Ponemos nombre, sin culpa, a lo que la adicción alivia o evita en tu vida.

  3. 03

    Nuevas formas de regularte

    Aprendes otras maneras de calmarte, descansar, poner límites y encontrar placer sin exceso.

  4. 04

    Recuperar la libertad

    Reconstruyes el vínculo contigo y con los demás, y vuelves a elegir en lugar de necesitar.

Quién te va a acompañar

Quién te va a acompañar

Quién te va a acompañar

Pide cita ↓

Psicólogas sanitarias colegiadas con formación y experiencia en adicciones con y sin sustancia.

Elige con quién empezar y escríbenos por WhatsApp, o déjanos ayudarte a elegir.

¿No sabes con quién encajas?

Cuéntanos qué te pasa y te orientamos hacia la psicóloga cuyo enfoque mejor encaje contigo. Si en algún momento no conectas, buscamos otra opción sin que tengas que justificarte.

Descubre con quién encajas →

¿No sabes con quién encajas?

Cuéntanos qué te pasa y te orientamos hacia la psicóloga cuyo enfoque mejor encaje contigo. Si en algún momento no conectas, buscamos otra opción sin que tengas que justificarte.

Descubre con quién encajas →

¿No sabes con quién encajas?

Cuéntanos qué te pasa y te orientamos hacia la psicóloga cuyo enfoque mejor encaje contigo. Si en algún momento no conectas, buscamos otra opción sin que tengas que justificarte.

Descubre con quién encajas →

Qué tratamos en la terapia de adicciones

Alcohol y tabacoCannabis y cocaínaPsicofármacos y otras drogasJuego y apuestasVideojuegos y redes socialesSexo y compras compulsivasDependencia emocionalAdicción al trabajoComida y control del cuerpoConductas impulsivas o repetitivasY más…

Preguntas frecuentes sobre la terapia de adicciones

¿Tienes otra duda?Escríbenos por WhatsApp y te respondemos enseguida, sin compromiso.Ver psicólogas ↑

No siempre es evidente. Una buena pista es notar que ya no eliges, sino que necesitas hacerlo para calmarte, desconectar o sentirte bien. También cuando el consumo o la conducta ocupan demasiado espacio mental, afectan a tu descanso o interfieren en tus relaciones. No importa solo cuánto lo haces, sino el papel que cumple en tu vida.

Sí. La terapia online por videollamada permite trabajar igual que en consulta: entender la función de la adicción, identificar qué la mantiene y aprender otras formas de regularte. Para muchas personas es más fácil dar el primer paso desde casa. Solo necesitas un espacio privado y una conexión estable, y puedes venir al centro cuando lo prefieras.

Depende de cada persona, del tipo de adicción y del momento en que llegas. No trabajamos con un número de sesiones cerrado: el cambio es progresivo y puede tener altibajos, que también forman parte del proceso. Revisamos contigo los avances de forma periódica para ajustar el ritmo y los objetivos.

Porque la adicción responde a una necesidad emocional y biológica de regular el malestar. En el cerebro se asocia a los circuitos de recompensa y alivio: durante un tiempo, realmente calma. Por eso no basta con fuerza de voluntad; hace falta entender qué intentas aliviar y aprender otras maneras de hacerlo.

Sí, aunque para lograr un cambio hace falta, en algún momento, querer hacerlo. La terapia no exige abstinencia inmediata ni trabaja desde la culpa. El primer objetivo es comprender la relación que tienes con esa conducta o sustancia y ampliar tus opciones. A veces el cambio empieza cuando puedes hablar de ello sin miedo ni juicio.

Depende del momento. Cuando el consumo está activo y es intenso, por ejemplo con la cocaína o el alcohol, una sesión semanal por sí sola suele quedarse corta. Lo más realista es un plan más completo: valoración y apoyo médico, una red de personas cercanas que acompañe y, a veces, un recurso especializado en adicciones con el que coordinarse. La terapia psicológica es una pieza importante de ese plan, sobre todo para entender qué función cumple el consumo y prevenir recaídas, pero rara vez es la única.

Si tu hijo ya está en terapia, puedes contárselo a su psicóloga: es información importante. Conviene que sepas que, salvo en situaciones de riesgo, ella no le ocultará que habéis hablado, porque trabajar a espaldas del adolescente rompe la confianza que necesita para abrirse. Lo habitual es buscar la forma de poner el tema sobre la mesa en una sesión, con tacto. Si todavía no hace terapia, podéis pedir una primera consulta como familia para valorar la situación y decidir los siguientes pasos.

Además de pedir ayuda, conviene poner límites prácticos al dinero cuanto antes, sin esperar a entender del todo por qué ocurre. Algunas medidas útiles: que una persona de confianza gestione temporalmente tus cuentas, llevar solo el efectivo necesario, desvincular las tarjetas de apps y webs de apuestas e inscribirte en el registro de autoprohibición de juego. Estas barreras no sustituyen a la terapia, pero reducen el daño mientras trabajamos en sesión qué te lleva a gastar o a jugar y cómo recuperar el control.

Porque el vacío es uno de los grandes motores de la recaída. Cuando los días se quedan sin estructura, sin trabajo, sin ocupaciones ni planes, es fácil entrar en un círculo: inactividad, consumo, malestar al dejarlo, conflictos y vuelta a consumir. Por eso el tratamiento no se limita a abandonar la sustancia o la conducta: también incluye reconstruir horarios, actividades, relaciones y proyectos que den sentido a la semana. En terapia vamos planificando esos cambios poco a poco y de forma realista.

Sí. Convivir con una adicción desgasta muchísimo: la preocupación constante, las mentiras, los conflictos, la culpa o la sensación de estar siempre en guardia. La familia también necesita un espacio propio para cuidarse y entender qué está pasando. En terapia te ayudamos a distinguir qué ayuda y qué, sin querer, mantiene el problema, a poner límites, a comunicarte de otra forma y a no perderte en el intento. Puedes venir aunque la otra persona no esté en tratamiento.

A un adulto no se le puede obligar a hacer terapia, y presionarle suele generar más resistencia. Lo que sí puedes hacer es consultar tú. Cuando una persona de la familia cambia su forma de actuar, cómo habla del tema, qué consecuencias deja de tapar o qué límites pone, el sistema entero se mueve, y eso a veces abre la puerta a que el otro pida ayuda. A esto se le llama terapia indirecta. Si hay violencia o peligro, llama al 112.

No. En muchos procesos de cambio hay recaídas, y eso no borra lo que has conseguido ni significa empezar de cero. Una recaída da información valiosa: qué situación, emoción o persona la precedió, qué señales no viste venir y qué podría ayudarte la próxima vez. Lo que más riesgo tiene es vivirla con tanta vergüenza que te lleve a esconderla o a abandonar. Contárselo a tu psicóloga lo antes posible permite ajustar el plan.

Puede pasar, sí. Al principio suele haber cierta euforia por haber dado el paso, y cuando esa energía baja aparecen el cansancio, la irritabilidad, la tristeza o el vacío que el consumo tapaba. También pesa echar de menos rutinas, sitios o personas ligadas a él. Saberlo de antemano ayuda a no interpretarlo como señal de que no merece la pena. Conviene prever ese momento con tu psicóloga y, si hay síntomas físicos, consultar con tu médico.

Porque a corto plazo alivia, y por eso se repite. Cuando estás nerviosa y fumas o bebes, notas un respiro rápido y el cerebro aprende que esa es la solución. Pero a la larga ocurre lo contrario: el propio consumo genera más inquietud cuando falta, y la ansiedad original sigue ahí sin resolver, así que cada vez lo necesitas más. En terapia trabajamos otras formas de regular la ansiedad y lo que hay detrás para que no dependas de esa vía.

Pueden volverse un problema, aunque más que el aparato en sí, lo que engancha son algunas cosas que haces con él: apuestas online, juegos diseñados para no parar, redes sociales o compras. Para valorarlo no importa tanto el número de horas como la interferencia: si dejas de dormir, estudiar, trabajar o ver a gente, si te pones muy irritable cuando no puedes usarlo o si lo usas siempre para huir del malestar. Si te ocurre, merece la pena consultarlo.

En gran parte por lo que se aprende de pequeño: que un hombre debe ser fuerte, resolver solo y no mostrar miedo ni tristeza. Con esas reglas, el malestar se esconde o se expresa como enfado, que es casi la única emoción permitida, y a veces se calma con alcohol u otras sustancias. Pedir ayuda se vive como debilidad, cuando en realidad es un paso de salud y de valentía. En terapia hay espacio para hablar de todo eso sin juicios.

Ayuda tener preparada una respuesta corta y firme, sin dar demasiadas explicaciones, como «hoy no, gracias» o «estoy con otra cosa», y repetirla si insisten. Llevar ya una bebida en la mano o pedirla tú antes reduce las ofertas. También conviene preparar el contexto: elegir con quién vas, tener un plan para irte si te incomodas y proponer planes que no giren en torno al alcohol. En terapia podemos ensayarlo y pensar qué contar a tus amistades.

Sí. Un problema con el alcohol no se mide solo por la frecuencia, sino por la relación que tienes con él. Hay personas que solo beben los fines de semana, pero cuando empiezan les cuesta parar, beben mucho de golpe, lo usan para afrontar el malestar o tienen consecuencias: discusiones, olvidos, resacas que afectan al trabajo o arrepentimiento. Algunas preguntas útiles son si bebes más de lo que pensabas, si te cuesta un fin de semana sin alcohol o si alguien te lo ha comentado. Si te reconoces, consulta sin esperar.

Depende de cada persona, y no hay una única forma correcta. A algunas personas les funciona fijar un día y dejarlo del todo; otras se sienten más capaces reduciendo de forma gradual hasta llegar a cero. Influyen cuánto fumas, desde hace cuánto, los intentos anteriores y las situaciones en las que más te apetece. Lo más importante es tener un plan, prever los momentos difíciles y contar con apoyo. La decisión se toma con tu profesional y, si se valora algún tratamiento médico de apoyo, con tu médico de familia.

Porque nadie es inmune, y no hace falta haber vivido un gran trauma para desarrollar una adicción. Basta con que algo esté muy a mano y alivie rápido el estrés, el aburrimiento o el cansancio del día a día para que, poco a poco, se convierta en la forma habitual de regularte. Una copa para desconectar, unas apuestas para distraerte o una pastilla para dormir pueden empezar así. Culparte no ayuda; entender qué función cumple en tu vida, sí. En terapia se trabaja eso, sin juicios y con un plan.

No necesariamente. El riesgo existe cuando solo se quita la conducta pero no se trabaja para qué servía: calmar la ansiedad, llenar un vacío, evadirse o sentirse capaz. Si esa necesidad sigue ahí sin respuesta, es fácil que busque otra salida, como la comida, las compras, el móvil u otra sustancia. Por eso en terapia no solo se trabaja dejar o reducir el consumo, sino también entender la función que cumplía y aprender otras formas de regularte. Estar atenta a esas sustituciones y hablarlas en sesión ayuda a prevenirlas.

Suele ayudar, al menos a algunas personas de confianza. Decirlo en voz alta refuerza tu compromiso y te ahorra tener que inventar excusas cada vez que te ofrecen una copa. Además, permite que quienes te quieren te apoyen, por ejemplo proponiendo planes sin alcohol o no insistiendo. No tienes que contárselo a todo el mundo ni dar explicaciones detalladas: tú decides a quién y cuánto. Puede ser útil preparar una frase sencilla para las situaciones sociales. Si temes la reacción de alguien en concreto, lo puedes trabajar antes en terapia.

No. Tener antecedentes familiares aumenta algo la vulnerabilidad, pero no decide tu futuro. Los genes pueden predisponer, aunque pesan mucho otros factores que sí se pueden cambiar: lo que aprendiste en casa sobre cómo manejar el malestar, el acceso a las sustancias, el entorno y los recursos que tienes hoy. Saberlo es, de hecho, una ventaja: te permite estar más atenta a tus hábitos y pedir ayuda pronto si algo empieza a preocuparte. Si te pesa la historia familiar, también es un buen tema para hablar en terapia.

Porque dejar una adicción es una habilidad distinta, no una prueba de tu fuerza de voluntad. Quizá has superado oposiciones, sacado adelante una familia o un negocio, pero la adicción actúa sobre los sistemas del cerebro que buscan alivio y recompensa inmediatos, y ahí la determinación por sí sola no siempre basta. No es debilidad ni falta de carácter. Igual que aprendiste otras cosas difíciles, esto también se aprende, con un plan, apoyo y tiempo. El objetivo, sea dejarlo o reducir, se decide con tu profesional.

Sí, las personas con TDAH tienen más riesgo de desarrollar problemas con sustancias o conductas como el juego. Influyen la impulsividad, la búsqueda de estímulos y novedad, y a veces el uso de sustancias para calmarse o concentrarse. Eso no significa que vaya a pasar, pero sí que conviene estar atentos. Un buen diagnóstico y un tratamiento adecuado del TDAH, que valoran los profesionales médicos y psicológicos, reducen ese riesgo. Si ya hay un problema de consumo, lo ideal es abordar las dos cosas a la vez, de forma coordinada.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →

Qué tratamos en la terapia de adicciones

Alcohol y tabacoCannabis y cocaínaPsicofármacos y otras drogasJuego y apuestasVideojuegos y redes socialesSexo y compras compulsivasDependencia emocionalAdicción al trabajoComida y control del cuerpoConductas impulsivas o repetitivasY más…

Preguntas frecuentes sobre la terapia de adicciones

No siempre es evidente. Una buena pista es notar que ya no eliges, sino que necesitas hacerlo para calmarte, desconectar o sentirte bien. También cuando el consumo o la conducta ocupan demasiado espacio mental, afectan a tu descanso o interfieren en tus relaciones. No importa solo cuánto lo haces, sino el papel que cumple en tu vida.

Sí. La terapia online por videollamada permite trabajar igual que en consulta: entender la función de la adicción, identificar qué la mantiene y aprender otras formas de regularte. Para muchas personas es más fácil dar el primer paso desde casa. Solo necesitas un espacio privado y una conexión estable, y puedes venir al centro cuando lo prefieras.

Depende de cada persona, del tipo de adicción y del momento en que llegas. No trabajamos con un número de sesiones cerrado: el cambio es progresivo y puede tener altibajos, que también forman parte del proceso. Revisamos contigo los avances de forma periódica para ajustar el ritmo y los objetivos.

Porque la adicción responde a una necesidad emocional y biológica de regular el malestar. En el cerebro se asocia a los circuitos de recompensa y alivio: durante un tiempo, realmente calma. Por eso no basta con fuerza de voluntad; hace falta entender qué intentas aliviar y aprender otras maneras de hacerlo.

Sí, aunque para lograr un cambio hace falta, en algún momento, querer hacerlo. La terapia no exige abstinencia inmediata ni trabaja desde la culpa. El primer objetivo es comprender la relación que tienes con esa conducta o sustancia y ampliar tus opciones. A veces el cambio empieza cuando puedes hablar de ello sin miedo ni juicio.

Depende del momento. Cuando el consumo está activo y es intenso, por ejemplo con la cocaína o el alcohol, una sesión semanal por sí sola suele quedarse corta. Lo más realista es un plan más completo: valoración y apoyo médico, una red de personas cercanas que acompañe y, a veces, un recurso especializado en adicciones con el que coordinarse. La terapia psicológica es una pieza importante de ese plan, sobre todo para entender qué función cumple el consumo y prevenir recaídas, pero rara vez es la única.

Si tu hijo ya está en terapia, puedes contárselo a su psicóloga: es información importante. Conviene que sepas que, salvo en situaciones de riesgo, ella no le ocultará que habéis hablado, porque trabajar a espaldas del adolescente rompe la confianza que necesita para abrirse. Lo habitual es buscar la forma de poner el tema sobre la mesa en una sesión, con tacto. Si todavía no hace terapia, podéis pedir una primera consulta como familia para valorar la situación y decidir los siguientes pasos.

Además de pedir ayuda, conviene poner límites prácticos al dinero cuanto antes, sin esperar a entender del todo por qué ocurre. Algunas medidas útiles: que una persona de confianza gestione temporalmente tus cuentas, llevar solo el efectivo necesario, desvincular las tarjetas de apps y webs de apuestas e inscribirte en el registro de autoprohibición de juego. Estas barreras no sustituyen a la terapia, pero reducen el daño mientras trabajamos en sesión qué te lleva a gastar o a jugar y cómo recuperar el control.

Porque el vacío es uno de los grandes motores de la recaída. Cuando los días se quedan sin estructura, sin trabajo, sin ocupaciones ni planes, es fácil entrar en un círculo: inactividad, consumo, malestar al dejarlo, conflictos y vuelta a consumir. Por eso el tratamiento no se limita a abandonar la sustancia o la conducta: también incluye reconstruir horarios, actividades, relaciones y proyectos que den sentido a la semana. En terapia vamos planificando esos cambios poco a poco y de forma realista.

Sí. Convivir con una adicción desgasta muchísimo: la preocupación constante, las mentiras, los conflictos, la culpa o la sensación de estar siempre en guardia. La familia también necesita un espacio propio para cuidarse y entender qué está pasando. En terapia te ayudamos a distinguir qué ayuda y qué, sin querer, mantiene el problema, a poner límites, a comunicarte de otra forma y a no perderte en el intento. Puedes venir aunque la otra persona no esté en tratamiento.

A un adulto no se le puede obligar a hacer terapia, y presionarle suele generar más resistencia. Lo que sí puedes hacer es consultar tú. Cuando una persona de la familia cambia su forma de actuar, cómo habla del tema, qué consecuencias deja de tapar o qué límites pone, el sistema entero se mueve, y eso a veces abre la puerta a que el otro pida ayuda. A esto se le llama terapia indirecta. Si hay violencia o peligro, llama al 112.

No. En muchos procesos de cambio hay recaídas, y eso no borra lo que has conseguido ni significa empezar de cero. Una recaída da información valiosa: qué situación, emoción o persona la precedió, qué señales no viste venir y qué podría ayudarte la próxima vez. Lo que más riesgo tiene es vivirla con tanta vergüenza que te lleve a esconderla o a abandonar. Contárselo a tu psicóloga lo antes posible permite ajustar el plan.

Puede pasar, sí. Al principio suele haber cierta euforia por haber dado el paso, y cuando esa energía baja aparecen el cansancio, la irritabilidad, la tristeza o el vacío que el consumo tapaba. También pesa echar de menos rutinas, sitios o personas ligadas a él. Saberlo de antemano ayuda a no interpretarlo como señal de que no merece la pena. Conviene prever ese momento con tu psicóloga y, si hay síntomas físicos, consultar con tu médico.

Porque a corto plazo alivia, y por eso se repite. Cuando estás nerviosa y fumas o bebes, notas un respiro rápido y el cerebro aprende que esa es la solución. Pero a la larga ocurre lo contrario: el propio consumo genera más inquietud cuando falta, y la ansiedad original sigue ahí sin resolver, así que cada vez lo necesitas más. En terapia trabajamos otras formas de regular la ansiedad y lo que hay detrás para que no dependas de esa vía.

Pueden volverse un problema, aunque más que el aparato en sí, lo que engancha son algunas cosas que haces con él: apuestas online, juegos diseñados para no parar, redes sociales o compras. Para valorarlo no importa tanto el número de horas como la interferencia: si dejas de dormir, estudiar, trabajar o ver a gente, si te pones muy irritable cuando no puedes usarlo o si lo usas siempre para huir del malestar. Si te ocurre, merece la pena consultarlo.

En gran parte por lo que se aprende de pequeño: que un hombre debe ser fuerte, resolver solo y no mostrar miedo ni tristeza. Con esas reglas, el malestar se esconde o se expresa como enfado, que es casi la única emoción permitida, y a veces se calma con alcohol u otras sustancias. Pedir ayuda se vive como debilidad, cuando en realidad es un paso de salud y de valentía. En terapia hay espacio para hablar de todo eso sin juicios.

Ayuda tener preparada una respuesta corta y firme, sin dar demasiadas explicaciones, como «hoy no, gracias» o «estoy con otra cosa», y repetirla si insisten. Llevar ya una bebida en la mano o pedirla tú antes reduce las ofertas. También conviene preparar el contexto: elegir con quién vas, tener un plan para irte si te incomodas y proponer planes que no giren en torno al alcohol. En terapia podemos ensayarlo y pensar qué contar a tus amistades.

Sí. Un problema con el alcohol no se mide solo por la frecuencia, sino por la relación que tienes con él. Hay personas que solo beben los fines de semana, pero cuando empiezan les cuesta parar, beben mucho de golpe, lo usan para afrontar el malestar o tienen consecuencias: discusiones, olvidos, resacas que afectan al trabajo o arrepentimiento. Algunas preguntas útiles son si bebes más de lo que pensabas, si te cuesta un fin de semana sin alcohol o si alguien te lo ha comentado. Si te reconoces, consulta sin esperar.

Depende de cada persona, y no hay una única forma correcta. A algunas personas les funciona fijar un día y dejarlo del todo; otras se sienten más capaces reduciendo de forma gradual hasta llegar a cero. Influyen cuánto fumas, desde hace cuánto, los intentos anteriores y las situaciones en las que más te apetece. Lo más importante es tener un plan, prever los momentos difíciles y contar con apoyo. La decisión se toma con tu profesional y, si se valora algún tratamiento médico de apoyo, con tu médico de familia.

Porque nadie es inmune, y no hace falta haber vivido un gran trauma para desarrollar una adicción. Basta con que algo esté muy a mano y alivie rápido el estrés, el aburrimiento o el cansancio del día a día para que, poco a poco, se convierta en la forma habitual de regularte. Una copa para desconectar, unas apuestas para distraerte o una pastilla para dormir pueden empezar así. Culparte no ayuda; entender qué función cumple en tu vida, sí. En terapia se trabaja eso, sin juicios y con un plan.

No necesariamente. El riesgo existe cuando solo se quita la conducta pero no se trabaja para qué servía: calmar la ansiedad, llenar un vacío, evadirse o sentirse capaz. Si esa necesidad sigue ahí sin respuesta, es fácil que busque otra salida, como la comida, las compras, el móvil u otra sustancia. Por eso en terapia no solo se trabaja dejar o reducir el consumo, sino también entender la función que cumplía y aprender otras formas de regularte. Estar atenta a esas sustituciones y hablarlas en sesión ayuda a prevenirlas.

Suele ayudar, al menos a algunas personas de confianza. Decirlo en voz alta refuerza tu compromiso y te ahorra tener que inventar excusas cada vez que te ofrecen una copa. Además, permite que quienes te quieren te apoyen, por ejemplo proponiendo planes sin alcohol o no insistiendo. No tienes que contárselo a todo el mundo ni dar explicaciones detalladas: tú decides a quién y cuánto. Puede ser útil preparar una frase sencilla para las situaciones sociales. Si temes la reacción de alguien en concreto, lo puedes trabajar antes en terapia.

No. Tener antecedentes familiares aumenta algo la vulnerabilidad, pero no decide tu futuro. Los genes pueden predisponer, aunque pesan mucho otros factores que sí se pueden cambiar: lo que aprendiste en casa sobre cómo manejar el malestar, el acceso a las sustancias, el entorno y los recursos que tienes hoy. Saberlo es, de hecho, una ventaja: te permite estar más atenta a tus hábitos y pedir ayuda pronto si algo empieza a preocuparte. Si te pesa la historia familiar, también es un buen tema para hablar en terapia.

Porque dejar una adicción es una habilidad distinta, no una prueba de tu fuerza de voluntad. Quizá has superado oposiciones, sacado adelante una familia o un negocio, pero la adicción actúa sobre los sistemas del cerebro que buscan alivio y recompensa inmediatos, y ahí la determinación por sí sola no siempre basta. No es debilidad ni falta de carácter. Igual que aprendiste otras cosas difíciles, esto también se aprende, con un plan, apoyo y tiempo. El objetivo, sea dejarlo o reducir, se decide con tu profesional.

Sí, las personas con TDAH tienen más riesgo de desarrollar problemas con sustancias o conductas como el juego. Influyen la impulsividad, la búsqueda de estímulos y novedad, y a veces el uso de sustancias para calmarse o concentrarse. Eso no significa que vaya a pasar, pero sí que conviene estar atentos. Un buen diagnóstico y un tratamiento adecuado del TDAH, que valoran los profesionales médicos y psicológicos, reducen ese riesgo. Si ya hay un problema de consumo, lo ideal es abordar las dos cosas a la vez, de forma coordinada.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →

Qué tratamos en la terapia de adicciones

Alcohol y tabacoCannabis y cocaínaPsicofármacos y otras drogasJuego y apuestasVideojuegos y redes socialesSexo y compras compulsivasDependencia emocionalAdicción al trabajoComida y control del cuerpoConductas impulsivas o repetitivasY más…

Preguntas frecuentes sobre la terapia de adicciones

No siempre es evidente. Una buena pista es notar que ya no eliges, sino que necesitas hacerlo para calmarte, desconectar o sentirte bien. También cuando el consumo o la conducta ocupan demasiado espacio mental, afectan a tu descanso o interfieren en tus relaciones. No importa solo cuánto lo haces, sino el papel que cumple en tu vida.

Sí. La terapia online por videollamada permite trabajar igual que en consulta: entender la función de la adicción, identificar qué la mantiene y aprender otras formas de regularte. Para muchas personas es más fácil dar el primer paso desde casa. Solo necesitas un espacio privado y una conexión estable, y puedes venir al centro cuando lo prefieras.

Depende de cada persona, del tipo de adicción y del momento en que llegas. No trabajamos con un número de sesiones cerrado: el cambio es progresivo y puede tener altibajos, que también forman parte del proceso. Revisamos contigo los avances de forma periódica para ajustar el ritmo y los objetivos.

Porque la adicción responde a una necesidad emocional y biológica de regular el malestar. En el cerebro se asocia a los circuitos de recompensa y alivio: durante un tiempo, realmente calma. Por eso no basta con fuerza de voluntad; hace falta entender qué intentas aliviar y aprender otras maneras de hacerlo.

Sí, aunque para lograr un cambio hace falta, en algún momento, querer hacerlo. La terapia no exige abstinencia inmediata ni trabaja desde la culpa. El primer objetivo es comprender la relación que tienes con esa conducta o sustancia y ampliar tus opciones. A veces el cambio empieza cuando puedes hablar de ello sin miedo ni juicio.

Depende del momento. Cuando el consumo está activo y es intenso, por ejemplo con la cocaína o el alcohol, una sesión semanal por sí sola suele quedarse corta. Lo más realista es un plan más completo: valoración y apoyo médico, una red de personas cercanas que acompañe y, a veces, un recurso especializado en adicciones con el que coordinarse. La terapia psicológica es una pieza importante de ese plan, sobre todo para entender qué función cumple el consumo y prevenir recaídas, pero rara vez es la única.

Si tu hijo ya está en terapia, puedes contárselo a su psicóloga: es información importante. Conviene que sepas que, salvo en situaciones de riesgo, ella no le ocultará que habéis hablado, porque trabajar a espaldas del adolescente rompe la confianza que necesita para abrirse. Lo habitual es buscar la forma de poner el tema sobre la mesa en una sesión, con tacto. Si todavía no hace terapia, podéis pedir una primera consulta como familia para valorar la situación y decidir los siguientes pasos.

Además de pedir ayuda, conviene poner límites prácticos al dinero cuanto antes, sin esperar a entender del todo por qué ocurre. Algunas medidas útiles: que una persona de confianza gestione temporalmente tus cuentas, llevar solo el efectivo necesario, desvincular las tarjetas de apps y webs de apuestas e inscribirte en el registro de autoprohibición de juego. Estas barreras no sustituyen a la terapia, pero reducen el daño mientras trabajamos en sesión qué te lleva a gastar o a jugar y cómo recuperar el control.

Porque el vacío es uno de los grandes motores de la recaída. Cuando los días se quedan sin estructura, sin trabajo, sin ocupaciones ni planes, es fácil entrar en un círculo: inactividad, consumo, malestar al dejarlo, conflictos y vuelta a consumir. Por eso el tratamiento no se limita a abandonar la sustancia o la conducta: también incluye reconstruir horarios, actividades, relaciones y proyectos que den sentido a la semana. En terapia vamos planificando esos cambios poco a poco y de forma realista.

Sí. Convivir con una adicción desgasta muchísimo: la preocupación constante, las mentiras, los conflictos, la culpa o la sensación de estar siempre en guardia. La familia también necesita un espacio propio para cuidarse y entender qué está pasando. En terapia te ayudamos a distinguir qué ayuda y qué, sin querer, mantiene el problema, a poner límites, a comunicarte de otra forma y a no perderte en el intento. Puedes venir aunque la otra persona no esté en tratamiento.

A un adulto no se le puede obligar a hacer terapia, y presionarle suele generar más resistencia. Lo que sí puedes hacer es consultar tú. Cuando una persona de la familia cambia su forma de actuar, cómo habla del tema, qué consecuencias deja de tapar o qué límites pone, el sistema entero se mueve, y eso a veces abre la puerta a que el otro pida ayuda. A esto se le llama terapia indirecta. Si hay violencia o peligro, llama al 112.

No. En muchos procesos de cambio hay recaídas, y eso no borra lo que has conseguido ni significa empezar de cero. Una recaída da información valiosa: qué situación, emoción o persona la precedió, qué señales no viste venir y qué podría ayudarte la próxima vez. Lo que más riesgo tiene es vivirla con tanta vergüenza que te lleve a esconderla o a abandonar. Contárselo a tu psicóloga lo antes posible permite ajustar el plan.

Puede pasar, sí. Al principio suele haber cierta euforia por haber dado el paso, y cuando esa energía baja aparecen el cansancio, la irritabilidad, la tristeza o el vacío que el consumo tapaba. También pesa echar de menos rutinas, sitios o personas ligadas a él. Saberlo de antemano ayuda a no interpretarlo como señal de que no merece la pena. Conviene prever ese momento con tu psicóloga y, si hay síntomas físicos, consultar con tu médico.

Porque a corto plazo alivia, y por eso se repite. Cuando estás nerviosa y fumas o bebes, notas un respiro rápido y el cerebro aprende que esa es la solución. Pero a la larga ocurre lo contrario: el propio consumo genera más inquietud cuando falta, y la ansiedad original sigue ahí sin resolver, así que cada vez lo necesitas más. En terapia trabajamos otras formas de regular la ansiedad y lo que hay detrás para que no dependas de esa vía.

Pueden volverse un problema, aunque más que el aparato en sí, lo que engancha son algunas cosas que haces con él: apuestas online, juegos diseñados para no parar, redes sociales o compras. Para valorarlo no importa tanto el número de horas como la interferencia: si dejas de dormir, estudiar, trabajar o ver a gente, si te pones muy irritable cuando no puedes usarlo o si lo usas siempre para huir del malestar. Si te ocurre, merece la pena consultarlo.

En gran parte por lo que se aprende de pequeño: que un hombre debe ser fuerte, resolver solo y no mostrar miedo ni tristeza. Con esas reglas, el malestar se esconde o se expresa como enfado, que es casi la única emoción permitida, y a veces se calma con alcohol u otras sustancias. Pedir ayuda se vive como debilidad, cuando en realidad es un paso de salud y de valentía. En terapia hay espacio para hablar de todo eso sin juicios.

Ayuda tener preparada una respuesta corta y firme, sin dar demasiadas explicaciones, como «hoy no, gracias» o «estoy con otra cosa», y repetirla si insisten. Llevar ya una bebida en la mano o pedirla tú antes reduce las ofertas. También conviene preparar el contexto: elegir con quién vas, tener un plan para irte si te incomodas y proponer planes que no giren en torno al alcohol. En terapia podemos ensayarlo y pensar qué contar a tus amistades.

Sí. Un problema con el alcohol no se mide solo por la frecuencia, sino por la relación que tienes con él. Hay personas que solo beben los fines de semana, pero cuando empiezan les cuesta parar, beben mucho de golpe, lo usan para afrontar el malestar o tienen consecuencias: discusiones, olvidos, resacas que afectan al trabajo o arrepentimiento. Algunas preguntas útiles son si bebes más de lo que pensabas, si te cuesta un fin de semana sin alcohol o si alguien te lo ha comentado. Si te reconoces, consulta sin esperar.

Depende de cada persona, y no hay una única forma correcta. A algunas personas les funciona fijar un día y dejarlo del todo; otras se sienten más capaces reduciendo de forma gradual hasta llegar a cero. Influyen cuánto fumas, desde hace cuánto, los intentos anteriores y las situaciones en las que más te apetece. Lo más importante es tener un plan, prever los momentos difíciles y contar con apoyo. La decisión se toma con tu profesional y, si se valora algún tratamiento médico de apoyo, con tu médico de familia.

Porque nadie es inmune, y no hace falta haber vivido un gran trauma para desarrollar una adicción. Basta con que algo esté muy a mano y alivie rápido el estrés, el aburrimiento o el cansancio del día a día para que, poco a poco, se convierta en la forma habitual de regularte. Una copa para desconectar, unas apuestas para distraerte o una pastilla para dormir pueden empezar así. Culparte no ayuda; entender qué función cumple en tu vida, sí. En terapia se trabaja eso, sin juicios y con un plan.

No necesariamente. El riesgo existe cuando solo se quita la conducta pero no se trabaja para qué servía: calmar la ansiedad, llenar un vacío, evadirse o sentirse capaz. Si esa necesidad sigue ahí sin respuesta, es fácil que busque otra salida, como la comida, las compras, el móvil u otra sustancia. Por eso en terapia no solo se trabaja dejar o reducir el consumo, sino también entender la función que cumplía y aprender otras formas de regularte. Estar atenta a esas sustituciones y hablarlas en sesión ayuda a prevenirlas.

Suele ayudar, al menos a algunas personas de confianza. Decirlo en voz alta refuerza tu compromiso y te ahorra tener que inventar excusas cada vez que te ofrecen una copa. Además, permite que quienes te quieren te apoyen, por ejemplo proponiendo planes sin alcohol o no insistiendo. No tienes que contárselo a todo el mundo ni dar explicaciones detalladas: tú decides a quién y cuánto. Puede ser útil preparar una frase sencilla para las situaciones sociales. Si temes la reacción de alguien en concreto, lo puedes trabajar antes en terapia.

No. Tener antecedentes familiares aumenta algo la vulnerabilidad, pero no decide tu futuro. Los genes pueden predisponer, aunque pesan mucho otros factores que sí se pueden cambiar: lo que aprendiste en casa sobre cómo manejar el malestar, el acceso a las sustancias, el entorno y los recursos que tienes hoy. Saberlo es, de hecho, una ventaja: te permite estar más atenta a tus hábitos y pedir ayuda pronto si algo empieza a preocuparte. Si te pesa la historia familiar, también es un buen tema para hablar en terapia.

Porque dejar una adicción es una habilidad distinta, no una prueba de tu fuerza de voluntad. Quizá has superado oposiciones, sacado adelante una familia o un negocio, pero la adicción actúa sobre los sistemas del cerebro que buscan alivio y recompensa inmediatos, y ahí la determinación por sí sola no siempre basta. No es debilidad ni falta de carácter. Igual que aprendiste otras cosas difíciles, esto también se aprende, con un plan, apoyo y tiempo. El objetivo, sea dejarlo o reducir, se decide con tu profesional.

Sí, las personas con TDAH tienen más riesgo de desarrollar problemas con sustancias o conductas como el juego. Influyen la impulsividad, la búsqueda de estímulos y novedad, y a veces el uso de sustancias para calmarse o concentrarse. Eso no significa que vaya a pasar, pero sí que conviene estar atentos. Un buen diagnóstico y un tratamiento adecuado del TDAH, que valoran los profesionales médicos y psicológicos, reducen ese riesgo. Si ya hay un problema de consumo, lo ideal es abordar las dos cosas a la vez, de forma coordinada.

Revisado por el equipo clínico de LeizeaPsicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789Última revisión: octubre de 2026Conoce al equipo →
Adicciones

Volver a elegir
está a tu alcance.

Escríbenos y cuéntanos lo que te pasa, sin juicio, en consulta o por videollamada.

Lunes a viernes, 9:00–14:00 y 16:00–20:00 · Moyua, Bilbao · y online
Adicciones

Volver a elegir
está a tu alcance.

Escríbenos y cuéntanos lo que te pasa, sin juicio, en consulta o por videollamada.

Lunes a viernes, 9:00–14:00 y 16:00–20:00 · Moyua, Bilbao · y online
Adicciones

Volver a elegir
está a tu alcance.

Escríbenos y cuéntanos lo que te pasa, sin juicio, en consulta o por videollamada.

Lunes a viernes, 9:00–14:00 y 16:00–20:00 · Moyua, Bilbao · y online