Emociones

Tu psicóloga te comenta que, para trabajar ese recuerdo que todavía te encoge el estómago, podría ser útil la terapia EMDR. Asientes, pero al llegar a casa buscas en internet y te encuentras vídeos de gente siguiendo un dedo con la mirada. Y empiezan las preguntas: ¿me van a hipnotizar?, ¿voy a revivir lo peor?, ¿y si pierdo el control?
Es normal tener dudas ante algo que no conoces, y más cuando se trata de tocar experiencias que duelen. En este artículo te contamos cómo es la terapia EMDR desde el lado de quien la recibe: qué pasa en las sesiones, qué vas a notar y qué no debes esperar. No sustituye a lo que te explique tu terapeuta, que adaptará el proceso a tu caso, pero puede ayudarte a llegar con menos incertidumbre.
¿Qué es la terapia EMDR, explicado sin tecnicismos?
EMDR son las siglas en inglés de «desensibilización y reprocesamiento mediante movimientos oculares». Es un enfoque psicoterapéutico desarrollado a finales de los años ochenta por la psicóloga Francine Shapiro, con décadas de investigación detrás y recomendado por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud para el tratamiento del estrés postraumático.
La idea de partida es sencilla. Algunas experiencias, por su intensidad o porque nos pillaron sin recursos, no se procesan como el resto de recuerdos. Se quedan almacenadas «en crudo», con las mismas emociones, sensaciones físicas y creencias que tuvimos entonces. Por eso, años después, un olor, un tono de voz o una situación parecida pueden disparar una reacción que no encaja con el presente.
Una imagen lo resume bien: caerse sobre una herida abierta duele mucho; caerse sobre una cicatriz, apenas. La cicatriz sigue ahí, recuerdas lo que pasó, pero ya no sangra cada vez que la rozas. EMDR busca precisamente eso: que el recuerdo deje de ser una herida y pase a ser una cicatriz.
¿Para qué se usa EMDR? Trauma con T y con t
Cuando se habla de trauma, mucha gente piensa solo en catástrofes. En EMDR se suele distinguir entre dos tipos de experiencias:
Trauma con T mayúscula: hechos que ponen en peligro la integridad física o la vida, como accidentes, agresiones, abusos, catástrofes o la muerte repentina de alguien querido.
Trauma con t minúscula: experiencias que ocurren dentro de las relaciones y que, repetidas o vividas en un momento vulnerable, también dejan huella. Humillaciones, burlas en el colegio, una traición de alguien de confianza o una familia que no estuvo disponible emocionalmente.
Además del estrés postraumático, EMDR se utiliza a menudo como parte del tratamiento en duelos complicados, fobias, algunos problemas de ansiedad, baja autoestima con raíz en experiencias tempranas o lo que llamamos trauma por omisión, cuando lo que pesa es lo que faltó. No es la herramienta adecuada para todo ni para todas las personas en cualquier momento: la valoración la hace tu psicóloga, que puede combinarla con otras técnicas.
¿Cómo es una sesión de EMDR, paso a paso?
EMDR no consiste en sentarse el primer día y empezar a mover los ojos. Sigue un protocolo con varias fases, y las primeras son de preparación.
Antes de tocar ningún recuerdo
Las primeras sesiones se parecen a cualquier inicio de terapia: tu psicóloga conoce tu historia, lo que te preocupa y qué recursos tienes. Juntas identificáis qué recuerdos o situaciones están relacionados con el malestar actual y en qué orden tiene sentido trabajarlos. También se te explica el método y se resuelven tus dudas.
El lugar seguro
Una parte importante de la preparación es construir recursos de calma. El más conocido es el lugar seguro: un sitio, real o imaginado, en el que tu cuerpo se suelta. Puede ser una playa al atardecer, una montaña con el aire frío en la cara, el rincón del sofá donde te tapas con una manta o el sol de verano en la piel. Se trabaja con detalle, con los sonidos, los olores y las sensaciones, para que puedas volver a él con la imaginación cuando lo necesites, dentro y fuera de la consulta.
El reprocesamiento
Cuando estás preparada, se elige un recuerdo concreto. Tu psicóloga te pide que pienses en la imagen que lo representa, en lo que crees sobre ti al recordarlo (por ejemplo, «fue culpa mía» o «no estoy a salvo»), en la emoción y en dónde la notas en el cuerpo. Después empiezan las tandas de estimulación bilateral: sigues con la mirada los dedos o una luz que se mueve de lado a lado, escuchas sonidos que alternan entre un oído y otro o notas toques suaves alternos en las manos o las rodillas.
Tras cada tanda, que dura unos segundos, se hace una pausa y te pregunta algo tan sencillo como «¿qué te viene ahora?». Puede aparecer una imagen, una emoción, una sensación física o un recuerdo distinto. No hay respuestas correctas. Poco a poco, la carga del recuerdo suele ir bajando y aparece una forma más ajustada de verlo, como «hice lo que pude» o «ya pasó».
El cierre
Ninguna sesión termina a medias. Si un recuerdo no ha terminado de procesarse, se dedica el final a recuperar la calma, por ejemplo con el lugar seguro, para que salgas de la consulta en un estado estable.
¿Qué se siente durante y después de una sesión?
Durante la sesión estás despierta, consciente y hablando con tu psicóloga en todo momento. Pueden surgir emociones intensas, llanto o sensaciones en el cuerpo, y eso forma parte del proceso; si te pasa, puede ayudarte leer por qué es normal llorar en terapia. Antes de empezar se acuerda una señal para parar, y puedes usarla siempre que quieras: tú mantienes el control.
Después, algunas personas se sienten cansadas, como tras un esfuerzo físico, y otras notan alivio. En los días siguientes pueden aparecer sueños, recuerdos o pensamientos nuevos relacionados con lo trabajado. Es habitual y conviene apuntarlos para comentarlos en la siguiente sesión.
¿Qué no es EMDR?
Hay muchas ideas equivocadas sobre esta terapia. Conviene aclarar algunas:
No es hipnosis. No entras en trance ni pierdes la consciencia, y no se te puede hacer decir o hacer nada en contra de tu voluntad.
No borra recuerdos. Lo que ocurrió seguirá formando parte de tu historia; lo que cambia es cómo te afecta recordarlo.
No es magia ni un truco de una sesión. A veces los cambios llegan antes de lo esperado, pero cada proceso tiene su ritmo, y en traumas complejos se avanza poco a poco.
No te obliga a contar todos los detalles. A menudo no hace falta relatar lo sucedido de principio a fin para poder trabajarlo.
No sustituye a la terapia, la complementa. Se integra dentro de un proceso con una psicóloga que te conoce.
¿EMDR funciona online o con niños?
Sí. Con algunas adaptaciones, EMDR puede hacerse en sesiones online, utilizando estimulación visual en pantalla o pidiéndote que te des toques alternos tú misma (por ejemplo, el llamado «abrazo de mariposa», cruzando los brazos sobre el pecho). También se utiliza con niños y adolescentes, ajustando el lenguaje y apoyándose en el juego y el dibujo. En cada caso, tu psicóloga valorará qué formato es más adecuado.
¿Cómo saber si EMDR es para mí?
La mejor forma de saberlo es comentarlo con una profesional formada en EMDR. Puede ser una opción interesante si notas que algo del pasado sigue reaccionando en tu presente, aunque lo tengas muy pensado y entendido. Para conocer este y otros enfoques puedes consultar nuestros tratamientos psicológicos, y en la página de trauma psicológico explicamos cómo trabajamos en Leizea.
Si te queda alguna duda o quieres valorar si encaja contigo, puedes escribirnos sin compromiso. Atendemos en Bilbao y online, y estaremos encantadas de explicarte cómo sería en tu caso.
También te puede interesar
Revisado por el equipo clínico de Leizea
Psicólogas sanitarias colegiadas · Centro sanitario n.º 48/095789 · Última revisión: octubre de 2026



